El Piso 68 (DC Jake Tanner 17) Capítulo 71
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Capítulo 71

L a atmósfera asfixiante dentro del CObrA era tangible.

Frances podía sentir la tensión filtrándose en el aire.

Acababan de ver fracasar a Kieran Hopkins.

Un civil inocente, un transeúnte, había perdido la vida.

Y la culpa era del Gobierno. Culpa de la primera ministra.

Frances no podría perdonar jamás a la líder del país por aquello.

Frances tenía el corazón roto, estaba destrozada.

Se quedó petrificada y permaneció en silencio un momento, sorda a todos los sonidos que la rodeaban.

El tiempo pareció ralentizarse mientras asimilaba lo que había visto y, a medida que se aislaba de las conversaciones murmuradas, sus emociones se transformaron en ira, en asco.

Enfurecida, salió de la sala a grandes zancadas.

—Comisionada adjunta —llamó Martin Ball a su espalda—. Espere.

Frances giró sobre sus talones, con el ceño fruncido. —¿Qué?

Martin se detuvo lentamente. —¿A dónde va?

—De vuelta a Scotland Yard, donde la gente escucha mi opinión experta. Les dije a todos que enviar a Hopkins sería una mala idea, pero nadie escuchó. Ella no escuchó. Usted no escuchó —escupió Frances mientras enfatizaba cada palabra. Estaba que echaba chispas.

La muerte de aquel civil inocente significaba más para ella de lo que nadie hubiera podido imaginar. Había visto su rostro con total claridad a través de la cámara de alta definición a bordo del helicóptero y de las grabaciones del circuito cerrado de televisión del interior del Oblix.

Se llamaba Alex Tough. Al menos, así se había criado.

Como un Tough. Un hombre nacido en el seno de una familia adinerada del suroeste del país.

Solo que no era un Tough; era un Walken.

Su nombre de nacimiento había sido Alex Frank Walken.

Y era el primer y único hijo de la comisionada adjunta, Dame Frances Walken.

Acababa de presenciar el asesinato de su hijo.

Antes de que Martin pudiera decir nada, la primera ministra entró en el pasillo detrás de él. Frances pudo oír sus zapatos de tacón resonando por el corredor antes de verla. Ese ruido. Esos zapatos. Esa zorra asesina que había tenido el papel principal en la muerte de Alex.

—Comisionada adjunta —dijo la primera ministra, deteniéndose junto a Martin—. ¿A dónde va? No puede marcharse. Requerimos su presencia.

—¿Para qué? ¿Para que pueda ignorarme de nuevo? ¿Para que pueda fingir que va a escucharme y luego, cuando me dé la vuelta, ignorarme? —La primera ministra no dijo nada—. No lo toleraré. No voy a aguantarlo. Ya no, Hilary.

Con calma, la primera ministra respondió: —Por favor, terminemos con esto y luego podremos discutir sus opciones. Todavía queda mucho trabajo por hacer.

Frances miró a su alrededor. Se había formado una multitud a ambos extremos del pasillo, y los jefes de las instituciones más poderosas del país asomaban por el marco de la puerta del CObrA. Podía sentir sus miradas juiciosas clavándose en ella.

—No. —Frances se dio la vuelta—. Se acabó. He terminado.

Frances salió airadamente de los pasillos subterráneos, subió a su Land Rover blindado sin distintivos y se dirigió hacia The Shard, donde podría estar más cerca de su hijo fallecido y donde podría ayudar a Tanner. Aquella gente no iba a hacerlo, desde luego, así que tendría que hacerlo ella misma.

Durante el trayecto, oculta tras los cristales tintados, la comisionada adjunta sollozó. Nada podía detener sus lágrimas.