Capítulo 61
Y ahora se enfrentaba a su mayor prueba: no hacerse encima en público.
—Suelta el teléfono y pon los brazos en alto —gritó uno de los agentes que le apuntaban con un arma. Era la tercera vez que se lo decían, pero él no estaba prestando atención. Tenía la mente en otra parte: tenía que proteger a Ethan.
—¡No te lo pediré otra vez! Suelta el teléfono o nos veremos obligados a disparar.
Tim se quedó paralizado en el sitio, pero el teléfono simplemente se le resbaló de las manos. Se hizo añicos al chocar contra el suelo y salió rebotado junto a una silla volcada, empapándose al instante en la fina capa de agua que ahora cubría el suelo.
Metódica e instintivamente, los agentes armados se le acercaron, todavía con las armas en alto. Mientras lo rodeaban, le pusieron las manos a la espalda y lo esposaron. Sin decir nada, como si se comunicaran telepáticamente —fruto de incontables horas de entrenamiento—, lo sacaron del edificio.
—¡El niño! —gritó Tim—. ¿Qué vais a hacer con él? Tengo que asegurarme de que llegue sano y salvo con sus padres.
—No te preocupes por eso, colega. Nosotros nos ocupamos de él.
Los agentes se detuvieron ante las puertas giratorias, permitiendo a Tim echar un último vistazo a Ethan.
Al niño lo estaban envolviendo en una chaqueta y una toalla para mantenerlo caliente y protegerlo de los aspersores.
Miró a Tim; había una ligera mueca de suficiencia en su expresión que lo desconcertó.
—¿Es este, jefe? —preguntó el agente que sujetaba el brazo izquierdo de Tim.
—Sí. Es él —dijo el que sujetaba el derecho.
—¿De qué estáis hablando? —se oyó decir Tim; las palabras no habían pasado correctamente de su cerebro a su boca—. ¿Qué está pasando?
—Esa escenita que has montado antes. Hemos recibido informes de que empuñabas un arma de fuego en público. ¿De dónde la has sacado?
Tim se quedó en silencio. Y de pronto, la gravedad de la situación cayó sobre él con todo su peso.
El arma. El equipo de recepción. La evacuación.
¡Joder! ¿Por qué no le habían escuchado?
¿Por qué le había parecido sensato mostrar el arma y usarla como factor motivador para conseguir que evacuaran? Había sido muy estúpido.
Y ahora estaba sufriendo las consecuencias.
—No, os equivocáis. De verdad. No pretendía nada malo con eso.
—¿Y supongo que tampoco pretendías matar a nadie más?
—¿Matar a alguien? ¿De qué...? —Tim vaciló. Dejó de resistirse—. Esperad. ¿Creéis que he sido yo? ¿Creéis que soy el terrorista?
Los agentes armados no dijeron nada.
—Oh, maldita sea. No podéis hablar en serio. Os habéis equivocado de tipo. Solo usé el arma para evacuar el edificio, ¡no para disparar!
Silencio. Los agentes obligaron a Tim a salir fuera.
A su izquierda estaba el tramo de escaleras mecánicas que conducía a una pequeña carretera de circunvalación alrededor de The Shard.
A su derecha estaba la estación de metro de London Bridge.
Un flujo incesante de personas seguía entrando a chorros en el suburbano.
Sintió que el agente tiraba de él hacia la derecha.
—¿Adónde vamos? —preguntó Tim.
—Por aquí.
—¿Por qué?
—Es una amenaza CbrN. El metro es la ruta más segura. Es adonde están evacuando a todo el mundo.
Tim tragó saliva.
—¿Qué va a pasar conmigo?
—Solo tenemos que hacerte unas cuantas preguntas.