Capítulo 48
—Jefe —dijo uno de los agentes armados—. Entraremos nosotros primero. No pase hasta que le demos el visto bueno.
Mamadou asintió. El agente pivotó sobre sí mismo y echó a correr hacia la puerta del bloque de pisos donde vivía Charlie Paxman. Su dirección había sido confirmada y sus vecinos habían corroborado que seguía viviendo allí. La última vez que alguien lo había visto había sido esa misma mañana.
Mamadou observó al equipo de élite de la Met entrar en el edificio, subir las escaleras y asaltar el piso de Charlie Paxman a través de la señal en directo de una tableta.
En los alrededores, los coches aminoraban la marcha mientras la curiosidad de los conductores les ganaba la partida, ansiosos por ver qué estaba ocurriendo.
Mamadou los ignoró a todos. Había un trabajo que hacer y necesitaba estar totalmente concentrado.
—Jefe —dijo el Trojan al mando por radio unos minutos después—. Todo despejado. Puede subir.
Mamadou volvió a colocar el receptor de la radio en el salpicadero de su coche y cerró la puerta. Dejó a dos agentes encargados de la zona hasta su regreso.
El piso de Charlie Paxman era pequeño, apenas lo suficientemente grande para un solo hombre.
La cocina fue lo primero que vio Mamadou.
Había ollas, sartenes, platos, tenedores y vasos sucios en el fregadero y sobre la encimera.
Dos hombres, que ya no llevaban puestos los cascos, estaban apoyados contra la superficie de la cocina, aparentemente satisfechos de que no hubiera una amenaza inmediata.
Mamadou recorrió el apartamento. La cocina y el salón eran de planta abierta.
Unas puertas acristaladas al fondo de la estancia daban a un pequeño balcón donde reposaba boca abajo una silla de jardín de plástico.
El baño era estrecho, apenas con la anchura suficiente para que pasaran los hombros de Mamadou.
En el lado derecho del pasillo había dos agentes esperando ante la puerta de la habitación de Charlie Paxman.
—Jefe, va a querer ver esto —dijo un AFO que llevaba gafas protectoras. Mamadou reconoció la voz del hombre al mando: Dean Smith.
Sin decir nada, Mamadou asomó la cabeza por la puerta. Una mano le tocó la espalda.
—No, jefe, esa no. —Dean señaló con el pulgar la puerta al otro lado del pasillo.
El despacho de Charlie Paxman, su laboratorio. La habitación en la que había pasado meses recluido urdiendo su malvado plan. Mamadou lo supo al instante, incluso antes de entrar en la estancia. Un hedor acre flotaba en el aire y se le quedaba pegado a la garganta. Le provocó arcadas.
—¿Qué cojones es esto? —preguntó Mamadou, y la náusea se convirtió en tos.
Frente a él había un ordenador iMac. Junto a él, lo que parecía un experimento científico que había salido mal.
Una gran bandeja de viales de vidrio recorría la mesa, junto con algo de líquido que se había derramado sobre el acabado de imitación roble.
Había tres huecos en la bandeja de viales, y el central estaba vacío.
—Que nadie toque ni una puta cosa. Necesito que desbloqueen su ordenador —ordenó Mamadou—. Quiero saber de dónde ha sacado todos estos productos químicos. Forenses: que entren ya. Quiero saber qué volatilidad tiene esta porquería, cuál es el nivel de amenaza y si...
Mamadou guardó silencio. Se le ocurrió un pensamiento preocupante. No había forma de saber de qué eran capaces las sustancias químicas de los tubos, especialmente la que faltaba, al menos no hasta que llegara el equipo forense.
Mamadou ordenó a alguien que llamara al departamento forense.
—Que sellen todo este bloque. Quiero que todo el mundo se quede aquí. Cierren todas las ventanas, puertas, persianas... lo que haga falta. Que nadie más entre ni salga. No hasta que averigüemos a qué nos enfrentamos. Entramos en cuarentena —dijo.
—¿Qué está diciendo, jefe? —preguntó un hombre a su espalda—. ¿Que tenemos que quedarnos aquí porque podría haber algo en el aire?
—Sí —dijo Mamadou, con la atención centrada en una gran caja metálica sobre el escritorio. Parecía una incubadora.
—Y si hay algo en el aire, ¿entonces dice que tenemos que quedarnos aquí encerrados?
—Sí.
—¿Así que podríamos contagiarnos?
—Me temo que ya lo hemos hecho, muchachos. Eso es parte de lo que implica una cuarentena. Creo que tenemos un brote entre manos.
Mamadou hizo una llamada.
—¿Frances? Soy Mamadou. Tenemos un problema.