El Piso 68 (DC Jake Tanner 17) Capítulo 34
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Capítulo 34

A Vince se le subió el corazón a la boca.

La memoria USB... había desaparecido. Lo único de lo que tenía que hacerse cargo se había esfumado.

¿Dónde estaba? Miró al suelo, escudriñando la densa masa de cemento negro y charcos.

Un bosque de piernas y zapatos se interponía en su camino.

Se agachó, apoyando las manos y las rodillas en el hormigón, y gateó por la zona.

Fue inútil. No se veía por ninguna parte.

—¿Se encuentra bien? —le preguntó otra persona. Esta vez era un agente de policía, de uniforme.

¡Un policía!

—¡Menos mal! —dijo Vince, entrando en histeria—. Ayúdeme. He perdido algo. Una memoria USB. La tenía en la mano y me he caído. No la encuentro.

—¿Qué contenía?

—Un vídeo. Un vídeo de un hombre disparando a alguien dentro de The Shard. Mire —Vince señaló hacia el edificio más alto del horizonte—, está habiendo un ataque terrorista allí mismo. Tiene que ayudarme. Intentaba entregar la memoria, pero...

La mano del agente hizo callar a Vince.

—Cálmese, señor. Necesito que hable despacio.

—Hay un hombre. Dentro de The Shard. Matando a gente. No hay tiempo.

—¿Y qué había en esa memoria que dice que tenía? —preguntó el agente a la izquierda de Vince, tomando notas en su pequeña libreta de bolsillo. Los transeúntes le lanzaban a Vince miradas amenazantes y confusas mientras pasaban de largo, manteniéndose bien alejados de la escena que estaba montando.

—Un vídeo de uno de los empleados pegándole un tiro en la cabeza a mi colega —Vince estaba sin aliento. Se sentía estupefacto. ¿Por qué tardaban tanto en entender lo que decía?

—¿Y el supuesto tiroteo ha tenido lugar en el propio edificio?

Molesto, sintiendo que daban vueltas en círculos sin llegar a nada, Vince golpeó la libreta del agente para apartarla de su mano. Esta cayó al suelo y aterrizó en un charco. El agua empapó las páginas y la tinta empezó a correrse.

Por un momento, no pasó nada. El agente miró la libreta empapada y luego a Vince, con expresión de asombro.

Entonces, todo cambió.

Vince empujó al oficial que tenía más cerca; el hombre retrocedió tambaleándose.

—¡Vamos, tenemos que irnos! Tenemos que avisar a alguien...

Antes de que Vince pudiera terminar la frase, ambos agentes lo agarraron cada uno por una mano, se las retorcieron a la espalda y lo esposaron.

—Usted no va a ninguna parte —dijo el agente al que Vince acababa de empujar—. Acaba de agredir a un agente de policía y es un peligro para el público. Queda detenido. No tiene obligación de decir nada...

Uno de los agentes —Vince no sabía cuál; estaba demasiado desconcertado para reconocer las inflexiones de voz— le leyó sus derechos, lo metió en la parte trasera de un vehículo policial y lo llevó a la comisaría más cercana, en Charing Cross.

A medida que se alejaban más y más de Scotland Yard, Vince empezó a ser consciente de la gravedad de lo que acababa de hacer.

Las repercusiones de sus actos. ¿Qué pasaría ahora?

No había pensado con claridad. No estaba actuando con normalidad.

Y ahora no tenía la memoria USB. No tenía pruebas para demostrar que no estaba loco.

No tenía forma de contactar con Tim y avisarle de que estaba en la parte trasera de un coche patrulla camino de los calabozos.

No tenía forma de salvar al resto de la gente del edificio.

Al entrar en la comisaría de Charing Cross, con su cuerpo agradeciendo el aire cálido del interior, no pudo evitar sentirse responsable de cualquier cosa que pudiera ocurrirle a Tim.

Debería haberse quedado en The Shard y haber ayudado a su amigo desde el principio.

Marcharse a Scotland Yard había sido una decisión terrible.

Vincent no podía evitar pensar que la mujer que lo había ayudado a levantarse le resultaba familiar.

Como una amiga de Rik a la que había conocido hacía tiempo.

Y que tal vez ella se hubiera llevado la memoria.

Vince esperaba que estuviera en buenas manos, estuviera donde estuviera.