El Piso 68 (DC Jake Tanner 17) Capítulo 26
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Capítulo 26

C iara Reed se sentía fatal. Hacía mucho tiempo que no se sentía así.

Su cuerpo aún sufría los estragos de la noche anterior.

Ella y el resto del equipo de despacho habían estado celebrando la fiesta de despedida de un compañero, y apenas había dormido dos horas.

Normalmente, en cuanto apoyaba la cabeza en la almohada, se quedaba sin conocimiento.

Pero la noche anterior había sido distinta.

Se había quedado allí tumbada, en la cama, mirando al techo.

Tenía la mente inundada de confusión y sentimientos encontrados.

No sabía qué hacer. Se le había pasado el periodo.

Llevaba tres semanas de retraso y su cuerpo ya empezaba a sentirse extraño.

Sabía quién era el padre, pero le daba demasiado miedo decírselo.

Era su compañero de piso, y se habían acostado tras otra noche de estupidez ebria.

Solo había sido un lío de una noche y no significaba nada.

Pero había alguien más. El chico del trabajo que le gustaba desde hacía siglos.

Liam. Él era con quien deseaba estar desde que se unió al equipo hacía unos meses, pero siempre le había dado demasiado reparo dar el paso.

Y entonces, la noche anterior, su relación había pasado al siguiente nivel.

Se habían besado. Y ella quería que todo el mundo lo supiera.

Quería estar con él, estaba segura. Pero ¿quería tener al bebé?

No lo sabía. Estaba cerca de los cuarenta y se le acababa el tiempo.

Y, si estaba embarazada, ¿debería decírselo al padre?

Él tenía derecho a saberlo. Era un hombre íntegro y atento que, estaba segura, haría cualquier cosa por apoyarla.

Lo único que deseaba era a alguien a quien amar incondicionalmente... alguien que también la amara a ella sin condiciones. Y no estaba segura de quién era la mejor opción.

Ciara miraba con la vista perdida el emblema del Servicio de Policía Metropolitana en su ordenador. Sus pensamientos se interrumpieron bruscamente por el sonido del teléfono resonando en su oído.

—¡Le han disparado a alguien! A mi amigo. Le han disparado varias veces y... y... no sabemos qué hacer. ¡Por favor! ¡Ayúdennos!

—¿Qué ha ocurrido, señor? —preguntó Ciara, esforzándose por concentrarse.

—Se lo acabo de decir. Le han disparado a alguien. ¡Está muerto! Envíe ayuda rápido.

—Señor, por favor, cálmese. —La voz del hombre empeoraba el dolor en un lateral de su cabeza.

—Lo intento, pero no me está escuchando.

—Le escucho, señor. Solo necesito que mantenga la calma para poder ayudarle. ¿Cómo se llama? —Hablaba con suavidad, con claridad y despacio. No por el bien de la otra persona, sino por el suyo propio.

—Tim. Me llamo Tim. Soy uno de los guardias de seguridad.

—Hola, Tim. Me llamo Ciara. ¿Dónde trabaja como guarda de seguridad, Tim?

—En The Shard.

—¿Tim? —repitió Ciara—. ¿El compañero de Rik?

—¿Sí? —dijo Tim despacio—. ¿De qué conoces a Rik?

—Soy... soy su compañera de piso. ¿Está bien Rik? —Ciara tragó saliva, temiéndose lo peor.

—Está muerto, Ciara. Alguien ha entrado y le ha disparado a quemarropa.

El mundo a su alrededor se quedó en silencio y se le heló el cuerpo. Se quedó mirando la pantalla, abstrayéndose de su entorno. El posible padre de su hijo acababa de ser asesinado a sangre fría. Ahora nunca tendría la oportunidad de decírselo.

—¿Ciara? ¿Estás ahí?

—Yo... no sé qué...

—Por favor. Tienes que enviar ayuda. Puede que el asesino siga en el edificio. Han cortado la luz. No podemos hacer nada.

Ciara entraba y salía de la realidad. Su mente se iba a imágenes de Rik y a aquella noche.

—¡Ciara! —gritó Tim en su oído, devolviéndola a la realidad—. ¡Por favor, tienes que ayudarnos! Hay miles de personas más en este edificio. Tenemos que sacarlas de aquí.

—Sí. De acuerdo. —Ciara se detuvo. Algo a su derecha le llamó la atención. Liam. Tras la noticia que acababa de recibir, no soportaba mirarle.

—¡Ciara! —llamó Tim de nuevo—. ¿Me oyes?

Ella vaciló. —¿De verdad está muerto?

—Sí, Ciara. Lo siento, pero se ha ido. No sabía que fuerais tan cercanos.

Ciara miró el monitor del ordenador. Movió el ratón. Su cuerpo temblaba de miedo. Mientras pasaba el cursor por el botón grande que silenciaba la llamada —para poder organizar una unidad de respuesta de emergencia hacia el edificio—, su muñeca dio una sacudida y pulsó el botón de al lado.

La línea se cortó, y Tim, uno de los colegas de Rik, desapareció. Acababa de colgarle.

—Joder —susurró.

Buscó en el historial de llamadas de su ordenador, intentando localizar el número de móvil de Tim, y marcó.

El teléfono saltó directamente al buzón de voz.

Esperaba que fuera porque Tim estaba intentando llamar de nuevo al 999, pero una parte de ella sabía que no era el caso; no sonaba ningún otro teléfono junto a ella ni en el centro.

La sensación de náuseas le subió por el estómago y la garganta. No podía aguantar más. Si no iba al baño en ese instante, acabaría vomitándose encima y sobre el ordenador.

Ciara se levantó, apretándose el estómago, y corrió hacia los aseos. Vomitó en la taza, haciendo una mueca de asco cuando el contenido salpicó de vuelta sobre su cara y sus brazos.