El Piso 68 (DC Jake Tanner 17) Capítulo 4
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Capítulo 4

A nthony Baldwin estaba sentado en la zona de recepción de Reliance Autos con los pies apoyados sobre el mostrador, una taza de té en la mano y la mirada clavada en las carreras de caballos de la televisión colgada en la pared a su derecha.

De vez en cuando, una corriente de aire le azotaba los tobillos cuando la brisa de noviembre golpeaba la puerta del edificio.

Se lo estaba pasando bien. No había clientes y todos los mecánicos se habían marchado.

Solo estaban él y Rachael, que andaba por la parte de atrás.

Así que era comprensible que, cuando un hombre que afirmaba ser detective de la brigada antiterrorista de la Policía Metropolitana se presentó ante él con una orden de registro, Anthony se sintiera molesto.

—¿Qué? —preguntó Anthony. Miró de reojo el papel que sostenía frente a su cara, pero prestó poca atención a lo que ponía.

—¿Lleva encima la placa?

El detective buscó en el bolsillo de su americana y sacó una tarjeta de identificación. Anthony se inclinó hacia delante para leerla.

—Detective gilipollas Jake Tanner —dijo Anthony, asintiendo, con los labios fruncidos—. Impresionante. Pero ¿esto qué tiene que ver con nosotros?

—Creemos que usted o alguien de su empresa estuvo implicado en su desaparición. —El hombre se mantenía de pie con aire despreocupado, con los hombros hacia atrás y el pecho erguido. Parecía un capullo, y daba la impresión de que siempre tenía un dedo, o varios, metidos por el culo.

—¿Cómo va a ser posible eso? Vinieron unos tíos aquí un día después de los atentados.

Lo revisaron todo. Lo registraron todo de arriba abajo.

Los muy cabrones extraviaron unos documentos muy importantes.

¿Y voy a recibir yo alguna indemnización por el negocio que perdí ese día por culpa de los cuatro dichosos coches de policía que había fuera de mi edificio? ¿No? Ya me lo imaginaba.

El detective Jake Tanner se removió, incómodo.

—Señor, era vital que examináramos todas las empresas de este polígono. Ahora parece que han salido a la luz otras pruebas, de cuya naturaleza no estoy autorizado a hablar con usted. Si no le importa, me gustaría empezar. Cuanto antes me deje hacerlo, antes me marcharé de aquí.

A Anthony no le gustaba aquello. Primero, porque había un madero en su propiedad, aunque fuera legalmente. Segundo, porque había otro coche de policía estacionado frente a su recepción. Dios sabía a cuántos clientes espantaría aquello.

—No tengo mucha elección, ¿verdad? —dijo Anthony, tragándose su orgullo. El detective negó con la cabeza y sonrió con sorna—. Pero iré con usted a donde sea que vaya.

El detective asintió y Anthony se apartó para dejarle pasar por una puerta trasera a su derecha.