CAPÍTULO 19 EL PESO #5
—En virtud de los hallazgos probatorios incontrovertibles aportados por este equipo conjunto, la Dirección General de Competencia de la Comisión Europea ha procedido en el día de hoy al archivo formal, definitivo e incondicional del expediente preliminar de investigación incoado en materia de ayudas de Estado bajo los artículos ciento siete y ciento ocho del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea contra el régimen fiscal vasco.
Las instituciones europeas reafirman la plena compatibilidad del Concierto Económico con el Tratado y el mercado interior, consagrando la doctrina jurisprudencial sentada por el Tribunal de Justicia en el asunto de las Azores de 2006: los territorios forales vascos ostentan una autonomía institucional, procedimental y económica plenamente reconocida para diseñar su propio marco tributario sin incurrir en ayudas de Estado ilícitas.
La resolución formal de archivo ha sido notificada telemáticamente en tiempo real a la Representación Permanente de España ante la Unión Europea y al Colegio de Comisarios en Bruselas, clausurando de manera irrevocable cualquier vía de sanción comunitaria.
La Diputada Foral de Hacienda tomó la palabra a continuación, con la voz templada por el alivio institucional:
—Agradecemos a las autoridades de la Unión Europea y a los tribunales de justicia su rigor técnico e independencia.
Hoy Bizkaia demuestra que su autogobierno económico no es un privilegio opaco, sino un pacto histórico de responsabilidad ciudadana que sabe extirpar la corrupción con la máxima contundencia de la ley.
Sobre la mesa presidencial se extendieron los cuatro ejemplares encuadernados de la metodología del señalamiento del Cupo del País Vasco para el quinquenio 2022-2026, redactados de conformidad con la Ley 10/2023.
Con ademán solemne y pausado, el Secretario de Estado de Hacienda y la Diputada Foral estamparon sus firmas al pie del documento maestro, ratificando el índice de imputación inalterado del 6,24% sobre las cargas no asumidas por la comunidad autónoma y la aportación líquida anual fijada en 1.
472 millones de euros acordada en el seno de la Comisión Mixta del Concierto Económico.
Los flashes de las cámaras estallaron en una ráfaga cegadora de luz blanca que iluminó los dorados del Salón del Trono.
Mathieu observó la firma con las manos apoyadas en la madera del atril lateral.
Sentía una satisfacción profunda, limpia y serena.
Durante años había visto cómo las investigaciones transfronterizas en Bruselas se plegaban ante componendas políticas o pactos de conveniencia entre cancillerías; por primera vez en su carrera en la administración comunitaria, la verdad técnica no había sido sacrificada en el altar de los intereses diplomáticos.
Los expedientes de Isabelle en París y los de Barandiarán en Bilbao no dormirían en el olvido de un archivo administrativo: tenían nombres, sentencias y culpables entre rejas.
Desvió la mirada por encima de las cabezas de los periodistas hacia el fondo del salón.
Apoyada discretamente contra una columna de mármol, al margen de los focos y de la atención de los micrófonos, se encontraba Ainara Zubiaga. Se había despojado de la toga y llevaba su gabardina gris marengo, con las manos metidas en los bolsillos y el cabello oscuro recogido en la nuca.
Sus miradas se cruzaron en la distancia por encima del rumor de los aplausos protocolares.
Ainara sostuvo su vista durante varios segundos. En sus labios, habitualmente cerrados en una línea de severidad profesional, floreció una leve sonrisa cómplice y sosegada, un mensaje sin palabras que sellaba el final del asedio y la victoria de su alianza.
Mathieu asintió con una leve inclinación de cabeza, sintiendo que por fin, tras semanas de tempestad y pólvora, el aire volvía a ser respirable.
♦ ♦ ♦
A las ocho y media de la noche, las aguas oscuras de la ría del Nervión reflejaban los destellos violetas y cobrizos de las farolas que bordeaban el muelle de Uribitarte.
El viento atlántico, limpio y frío tras la disipación del sirimiri de la tarde, soplaba desde la bocana del puerto arrastrando una fragancia intensa a marea viva y salitre que borraba el olor a humo y asfalto de la urbe.
A lo largo del paseo fluvial apenas transitaban un par de corredores nocturnos con ropa reflectante; el trajín de los juzgados de la calle Buenos Aires, los teléfonos de la Fiscalía y el bullicio de los corresponsales en la Gran Vía parecían pertenecer a una vida lejana.
Ainara y Mathieu caminaban a paso lento, con una distancia prudente pero cercana, en dirección a las pasarelas que conducían hacia el Museo Guggenheim Bilbao.
Las gigantescas planchas de titanio del edificio de Frank Gehry brillaban bajo la iluminación nocturna como las escamas metálicas de un pez colosal varado en la margen izquierda.
Mathieu metió la mano en el bolsillo de su abrigo de lana y extrajo una pitillera metálica. Sacó un cigarrillo negro, lo encendió protegiendo la llama con la palma de la mano contra la brisa de la ría y aspiró una calada honda, dejando que el humo denso y aromático se disipara en el aire nocturno.
—El informe de enlace de Europol se ha cerrado a las siete y media —dijo Mathieu, contemplando el reflejo dorado de las farolas en el agua—.
Sylvain Deschamps pasará esta noche a disposición del juez instructor financiero en el tribunal de Nanterre; las autoridades francesas han embargado todas las cuentas y propiedades de Atalante Capital Partners en París y los Alpes.
En Luxemburgo y Madrid, los ciento ochenta millones de euros en pagarés y depósitos fiduciarios permanecen inmovilizados por orden judicial bajo el reglamento comunitario de recuperación de activos.
Ainara miraba el cauce manso de la ría, escuchando el rumor rítmico del agua batiendo contra los pilotes de hormigón.