El peso del Cupo (Línea de Cupo 1) CAPÍTULO 18 EL CERCO #6
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CAPÍTULO 18 EL CERCO #6

Con el pulgar de su mano izquierda, Ainara acarició la corona estriada y el bisel de acero frío del reloj Certina DS de su padre, Josu Zubiaga, que latía con precisión mecánica sobre su muñeca.

Aquel reloj de pulsera, que su padre había portado durante más de tres décadas como tornero de precisión y dueño de aquel taller de mecanizado en Durango antes de que el fraude de las sociedades pantalla lo llevara a la ruina, no era ya un recordatorio doloroso de la soledad o de la orfandad política.

Era un ancla moral que había resistido el embate de un cártel de cuello blanco multimillonario.

La memoria de Josu, la memoria de Iñigo Barandiarán y la voz testifical de Miren Uriarte habían encontrado por fin su cauce en la legalidad del Estado de derecho.

El sistema de telefonía manos libres integrado en el salpicadero del coche emitió un tono de llamada prioritario, quebrado por dos pitidos de conexión encriptada que cortaron el rumor del motor.

Gorka pulsó la tecla verde en el volante multifunción:

—Vehículo de mando Bizkor Uno. Atxaga al habla.

A través de los altavoces de las puertas brotó la voz seca, pausada y autoritaria del magistrado Fernando Irazábal, titular del Juzgado de Instrucción número cuatro de Bilbao:

—Inspector Atxaga, le escucho. Póngame de inmediato con la fiscal Zubiaga.

Ainara se incorporó sobre el asiento sin soltar la mano de Mathieu:

—Estoy aquí, señoría. Le escucho perfectamente.

—Fiscal Zubiaga, le informo de que hace diez minutos la secretaría de este juzgado ha recibido formalmente a través de la red judicial Eurojust la confirmación de la diligencia practicada en Biarritz —explicó el juez Irazábal con su tono procesal inconfundible—.

El oficial de enlace de la Police Judiciaire francesa ha remitido el acta completa del registro en la villa de Sylvain Deschamps, con el precinto inalterado del soporte magnético NVMe de cuatro terabytes rescatado por el señor Etcheverry.

El equipo informático de la Policía Científica de Erandio ya está habilitado para realizar el clonado espejo bajo estándar ISO 27037 en cuanto el convoy arribe a sede judicial.

—Una prueba matriz decisiva, señoría —apuntó Ainara—. En esa unidad figuran las matrices de los fideicomisos de Atalante Capital y la correspondencia que acredita la autoría intelectual de los desvíos tributarios.

—Asimismo —continuó Irazábal sin alterar la gravedad de su cadencia—, el magistrado de enlace de Luxemburgo y el SEPBLAC en Madrid me acaban de remitir los mandamientos de bloqueo patrimonial: más de ciento ochenta millones de euros han quedado congelados en firme al amparo del Reglamento comunitario 2018/1805.

No queda margen para alegaciones de solvencia sobrevenida ni para intentos de fianza dilatoria.

He desestimado de plano dos escritos remitidos esta misma mañana por la Fiscalía General del Estado solicitando la suspensión de las diligencias.

Este juzgado mantiene la plenitud de jurisdicción penal ordinaria sobre la causa matriz del Cupo.

El juez hizo una pausa de dos segundos antes de fijar el calendario procesal definitivo:

—De conformidad con el artículo quinientos veinte de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, el plazo máximo de detención policial no superará las horas estrictamente necesarias para el aseguramiento físico del reo.

He convocado formalmente a las partes personadas para celebrar la comparecencia del artículo quinientos cinco a las cuatro en punto de esta misma tarde en la sala de vistas número cuatro.

La defensa letrada de Arostegui ya ha sido emplazada.

Espero de su parte la formulación formal de la petición de auto de prisión provisional comunicada y sin fianza, fundamentada en el riesgo extremo de fuga transnacional, la reiteración delictiva en delitos graves de blanqueo y la gravedad de las penas asociadas a los homicidios de Barandiarán y Uriarte.

—La petición del Ministerio Fiscal está redactada y fundamentada en derecho, señoría —respondió Ainara con una serenidad diamantina—. El auto de prisión incondicional será solicitado sin vacilaciones.

—Nos vemos en estrados a las dieciséis horas, fiscal Zubiaga. Buen viaje de regreso.

La comunicación se cerró con un chasquido sordo.

El convoy enfiló en ese instante los viaductos de hormigón de la autopista que bordeaban el valle de Txorierri, dejando atrás las campas verdes y los polígonos industriales de Zamudio y Derio para encarar la boca oriental de los túneles de Artxanda.

Al emerger de la galería subterránea, la panorámica del botxo bilbaíno se desplegó ante los ojos de los ocupantes del vehículo con una belleza sobria y monumental: el cauce sinuoso de la ría del Nervión brillaba como una cinta de acero templado bajo la luz limpia de la mañana, flanqueado por las curvas de titanio del Museo Guggenheim, los muelles de Uribitarte y las fachadas simétricas y aristocráticas del Ensanche burgués.

Ainara contempló las torres y los puentes de su ciudad, sintiendo que el aire que llenaba sus pulmones era el más puro que había respirado en años.

Se volvió hacia Mathieu, cuyas facciones reflejaban la misma determinación serena que la había guiado a través de la noche pirenaica, y apretó una vez más sus dedos entrelazados antes de soltarlos con suave firmeza:

—La sala de vistas número cuatro está lista, Mathieu... ha llegado la hora de ponerle nombre a cada crimen.