CAPÍTULO 18 EL CERCO
A las seis menos dos minutos de la madrugada, el rugido bronco del mar Cantábrico ascendía desde la rompiente de la Grande Plage como una vibración telúrica continua que hacía temblar los cristales empañados de las tres furgonetas Mercedes Vito de color azul noche, estacionadas con las luces apagadas en la Avenue de l'Impératrice.
Una llovizna gélida, cargada de salitre y ráfagas del noroeste, azotaba las cornisas decimonónicas de los palacetes de Biarritz, difuminando la silueta del Hôtel du Palais y las crestas de espuma blanca que reventaban contra los arrecifes del espigón.
Mathieu Etcheverry permanecía sentado en el asiento del copiloto del vehículo de cabeza, con el cuello del chaquetón levantado sobre el chaleco balístico de protección civil ajustado a su torso.
En la solapa de su forro táctico no figuraba ningún distintivo armado: únicamente la tarjeta plastificada con banda holográfica que acreditaba su condición de Investigador Senior de la Oficina Europea de Lucha contra el Fraude y miembro operativo del Equipo Conjunto de Investigación formalizado en Eurojust. A su izquierda, el comisario Laurent Cazaux, responsable de la antena de la Police Judiciaire de Bayonne, no apartaba los ojos del cronómetro digital integrado en la consola del tablero.
Cazaux, un veterano de cincuenta y dos años con perilla canosa y mandíbula ancha que había combatido durante décadas las redes de evasión fiscal a lo largo de la costa vascofrancesa, sostenía en la mano derecha un ejemplar original de la Orden Europea de Detención y Entrega sellada por el Juzgado de Instrucción número cuatro de Bilbao.
—Treinta segundos para las seis, Mathieu —murmuró Cazaux en un francés aquitano pausado—.
El artículo cincuenta y nueve del Código de Procedimiento Penal es inflexible: ningún registro judicial en domicilio particular puede iniciarse antes de las seis de la mañana, salvo en supuestos tasados de terrorismo o flagrante delito en curso.
Si entramos a las cinco y cincuenta y nueve, el bufete parisino de Atalante Capital Partners tardará diez minutos en interponer una excepción de nulidad ante la sala de instrucción del Tribunal Judicial de Bayona por vulneración de la inviolabilidad del domicilio.
—Lo sé, Laurent —repuso Mathieu con serenidad concentrada—.
Esperaremos a las seis cero cero con un segundo.
Pero he revisado la planimetría catastral de la finca: el despacho de Sylvain Deschamps no se encuentra en la planta baja, sino en la fachada marítima del primer piso.
No intentará saltar al vacío; intentará destruir los soportes digitales antes de que podamos conectar los bloqueadores de escritura forense.
Sabe que las pruebas maestras de las sociedades pantalla están en las memorias portátiles que guarda junto a su mesa de trabajo.
El cronómetro del tablero alcanzó los sesenta segundos finales. Al cambiar la cifra a las 06:00:01, Cazaux apretó el conmutador del comunicador de solapa:
—Top seis cero cero. Procedan con la entrada.
Las puertas correderas de las tres furgonetas se abrieron al unísono con un chasquido metálico seco.
Ocho efectivos del grupo de asalto de la Police Judiciaire, equipados con cascos de policarbonato, escudos balísticos y monos oscuros ignífugos, cruzaron la calzada húmeda en formación compacta.
El ariete hidráulico portátil reventó la cerradura de la verja exterior de forja con un impacto seco que quebró el pestillo de bronce en una fracción de segundo.
Cinco metros más adelante, en el porche neoclásico flanqueado por columnas de mármol, la palanca de presión forzó el anclaje de la gran puerta noble de roble macizo, abriéndola de par en par hacia un vestíbulo señorial pavimentado con losas de mármol de Carrara.
En el pasillo lateral de servicio, dos custodios de seguridad privada intentaron alcanzar el panel de control de la alarma perimetral y sus fundas bajo la ropa de civil.
Los dos primeros agentes de la columna de asalto descargaron sus escudos contra sus torsos con violencia calculada, derribándolos sobre el mármol antes de que pudieran reaccionar.
En tres segundos, los guardias quedaron inmovilizados sobre el suelo, con los brazos fijados a la espalda mediante presillas de nailon reforzado.
Mathieu subió los peldaños de roble inmediatamente detrás de Cazaux y dos policías de asalto.
En el rellano del primer piso, una hilera de apliques de latón iluminaba una galería decorada con marinas flamencas.
Al fondo, a través de la puerta entreabierta del despacho señorial con vistas sobre el arrecife de la Grande Plage, salía un hedor punzante a vapores químicos y ozono recalentado.
—¡Policía judicial, no se mueva! —gritó el brigada de cabeza al irrumpir en la estancia y cegar el interior con el foco de su linterna tironera.
Sylvain Deschamps se hallaba de pie junto a una mesa auxiliar de caoba, recortado contra el gran ventanal que dominaba las luces lejanas del faro de Biarritz.
El director general de Atalante Capital vestía una bata de seda azul marino sobre un pantalón de franela gris, tenía los pies descalzos y en su semblante afilado no quedaba rastro de la suficiencia con la que solía recibir a banqueros en los salones privados del Hôtel du Palais.
Sobre la mesa auxiliar descansaba una cubeta de polipropileno llena hasta el borde con una disolución humeante de ácido nítrico concentrado, cuya superficie despedía un tenue humo pardusco.
En su mano derecha, que temblaba con un espasmo incontrolable, Deschamps sostenía una carcasa de aluminio anodizado con dos unidades de estado sólido NVMe de cuatro terabytes.
El dispositivo pendía a escasos diez centímetros de la boca del baño químico.
—¡Atrás! —gritó Deschamps en francés, con voz quebrada por el pánico—. ¡Esta residencia cuenta con acreditación comercial de un tercer Estado! ¡Tengo inmunidad consular!
El brigada francés acortó la distancia con dos zancadas fulgurantes sobre la alfombra persa y descargó el canto de su mano izquierda enguantada contra la muñeca de Deschamps.
El impacto desvió el dispositivo hacia el suelo mientras el segundo agente lo derribaba con un placaje limpio sobre el tapiz, inmovilizándole los hombros contra la tarima.
Mathieu, que había previsto aquella contingencia, dio un paso al frente empuñando unas pinzas largas de acero quirúrgico extraídas de su maletín forense.
Con un movimiento rápido y sereno, atrapó en el aire la carcasa de aluminio antes de que tocara el líquido corrosivo, depositándola sobre una bandeja aislante estanca.
La superficie metálica y los conectores dorados se encontraban completamente secos e intactos.
—Unidad asegurada, Laurent —dijo Mathieu en voz baja, introduciendo el disco en una bolsa antiestática con aislamiento de jaula de Faraday—.
Aquí dentro está la trazabilidad bancaria completa de los fideicomisos de Atalante Capital Partners, las firmas privadas de las billeteras digitales y los contratos simulados de cesión de crédito que usaban para vaciar las sociedades de Bizkaia.
El comisario Cazaux se plantó erguido ante el hombre inmovilizado en la alfombra, mostrando su placa metálica de la Police Judiciaire con un gesto firme antes de desplegar el mandamiento judicial:
—Sylvain Deschamps, queda usted detenido en cumplimiento de la Orden Europea de Detención y Entrega dictada en el marco del Equipo Conjunto de Investigación constituido en Eurojust y validada por el magistrado de enlace de la República Francesa.
Se le imputan delitos de integración continuada en organización criminal transnacional, blanqueo agravado de capitales procedentes del expolio fiscal del Concierto Económico vasco y cooperación necesaria en los homicidios dolosos de Iñigo Barandiarán y Miren Uriarte.
Tiene derecho a guardar silencio, a no declarar contra sí mismo, a ser asistido por letrado de su elección y a ser examinado por los servicios médicos de la policía.
Deschamps, con la mejilla aplastada contra la alfombra, alzó la vista hacia Mathieu. En sus pupilas dilatadas por el terror se encendió un destello de rabia al identificar al auditor de la OLAF al que su propia red de complicidades en Bruselas había intentado liquidar disciplinariamente.
—Etcheverry... —masculló Deschamps con un hilo de voz impregnado de hiel—.
Estás rebasando tus atribuciones. No tienes jurisdicción procesal sobre un ciudadano francés en suelo de la República.
El tribunal de apelación de Pau declarará nulo este asalto antes del mediodía...
El dinero que administro está protegido por la directiva comunitaria de libre prestación de servicios financieros...
Mathieu se arrodilló junto a él, manteniendo una serenidad absoluta en la mirada:
—La Decisión Marco 2002/584/JAI del Consejo abolió de forma taxativa la exigencia de la doble tipificación penal para los delitos de blanqueo a gran escala y homicidio en todo el territorio de la Unión Europea, Deschamps.
El auto de prisión preventiva y entrega inmediata dictado bajo el paraguas del Equipo Conjunto de Eurojust no admite dilaciones diplomáticas ni recursos ordinarios de extradición bilateral.
La validez probatoria de las evidencias incautadas aquí es directa e inapelable.
No comparecerá usted ante los tribunales de Pau para litigar durante dieciocho meses; dentro de cuarenta y ocho horas estará sentado en la sala de vistas número cuatro del Palacio de Justicia de Bilbao ante el magistrado instructor Fernando Irazábal.