El peso del Cupo (Línea de Cupo 1) CAPÍTULO 10 EL CUPO #4
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CAPÍTULO 10 EL CUPO #4

—No... Mathieu, por favor —murmuró con la voz rota por el esfuerzo titánico de autocontrol—. Esto no. Ahora no podemos.

Mathieu detuvo su avance de inmediato. Retiró la mano de su rostro con un respeto escrupuloso y dio un paso atrás, sosteniéndole la mirada sin un solo reproche en sus ojos azules:

—Perdóname, Ainara. Me he dejado arrastrar.

—No me pidas perdón —respondió ella, levantando la vista para mirarlo a los ojos con una sinceridad desnuda en la que brillaba una chispa de fuego puro—.

No es que no lo desee. Es que si cruzo esa línea contigo en este balcón, si permito que la emoción o la ternura me rompan la concentración esta noche, mañana cometeré un error en la entrada del bufete.

Y mañana a las ocho en punto nos jugamos la vida y la dignidad en el despacho de Arostegui.

Necesito la mente helada como el acero, Mathieu.

Necesito ser una fiscal implacable y no una mujer vulnerable.

Mathieu la contempló durante unos segundos con una mezcla de admiración profesional y devoción contenida que le ensanchó el pecho. Asintió con solemnidad y se colocó de nuevo el guante de cuero:

—Mente helada hasta que los servidores estén precintados y los autos judiciales notificados, fiscal Zubiaga.

Pero te hago una promesa formal: cuando esta pesadilla termine y Kepa Arostegui ingrese en prisión preventiva en Basauri, tú y yo volveremos a este balcón a terminar exactamente lo que acabamos de empezar.

♦ ♦ ♦

A las nueve y cuarto de la noche, la niebla densa y fría que ascendía desde los meandros del río Butrón envolvía por completo las colinas boscosas del barrio de Emerando, en el término municipal de Mungia.

En el fondo de una vaguada solitaria, flanqueado por centenarios robles del país y protegido por un muro perimetral de piedra caliza de dos metros y medio de altura coronado por sensores perimetrales de microondas y cámaras térmicas con visión nocturna, se erguía el Caserío Jauregia.

Construido a mediados del siglo dieciocho como solar de una rama menor de la hidalguía vizcaína y adquirido por Kepa Arostegui en los años noventa tras su paso por la Diputación Foral, el inmueble había sido rehabilitado con una inversión millonaria que combinaba la arquitectura tradicional de muros de sillería de un metro de espesor con la más avanzada tecnología de aislamiento acústico y seguridad biométrica.

En la planta noble, en el despacho privado que ocupaba el ala sur del caserío, una chimenea monumental de piedra labrada con el escudo heráldico de la familia proyectaba lenguas de fuego dorado sobre las vigas maestras de roble curado.

La estancia, con estanterías repletas de colecciones históricas del Fuero Viejo de Bizkaia y tratados de derecho tributario internacional encuadernados en piel de becerro, respiraba un silencio imponente, quebrado únicamente por el chisporroteo de la leña de haya y el zumbido casi inaudible de un sistema de ventilación forzada con filtros HEPA.

Kepa Arostegui, despojado de la chaqueta de su traje sastre y con las mangas de su camisa de lino blanco dobladas hasta los antebrazos, permanecía de pie junto a una consola de telecomunicaciones satelitales blindada Cobham Explorer 710 , dotada de cifrado militar de salto de frecuencia y conectada a la constelación privada de satélites Inmarsat a través de un repetidor camuflado en el tejado de teja árabe.

A través del altavoz de alta fidelidad de la consola, la voz de Sylvain Deschamps llegaba desde su villa de la Avenue de l'Impératrice en Biarritz con una distorsión metálica y un tono de pánico mal disimulado:

— Kepa, écoute-moi très attentivement...

—decía el financiero galo, hablando a borbotones—.

La situación en Zúrich ha colapsado por completo esta tarde.

Los abogados del banco Pictet acaban de comunicarme que la pasarela TARGET2 mantiene inmovilizada la orden de transferencia de los dieciocho millones doscientos mil euros bajo el código de bloqueo cautelar del Banco de España.

El SEPBLAC ha remitido una nota de inteligencia a la policía financiera de Ginebra.

Y Viktor Sorokin me ha llamado hace cuarenta minutos desde su ático en Dubái; estaba fuera de sí.

Sorokin advierte de que si la fiscalía española interviene los servidores centrales de tu despacho y accede a los registros contables de las cuarenta y dos ETVEs, o descubre las actas notariales de adquisición de los pagarés de Fagor Ederlan y Danobat a través de Atalante Capital, la red entera quedará expuesta ante el Grupo de Acción Financiera Internacional.

Ha amenazado con enviar a su equipo de seguridad privada a Bilbao si no limpias los archivos antes de medianoche.

Arostegui sostuvo en la mano derecha un vaso de cristal tallado con dos dedos de whisky de malta Macallan de veinticinco años, balanceó el líquido ambarino con una calma imperturbable y dio un trago corto antes de responder con voz glacial:

—Sylvain, llevas quince años intermediando patrimonios opacos en la muga y todavía te asustas con el ladrido de los sabuesos administrativos.

Tranquilízate. Sabíamos desde el primer momento que la muerte de Barandiarán en el Euskalduna provocaría turbulencias durante unas semanas.

El bloqueo preventivo del SEPBLAC carece de recorrido jurídico a medio plazo; el artículo veintiséis de la Ley 10/2010 de prevención del blanqueo establece taxativamente que una retención administrativa expira a las veinticuatro horas hábiles si no cuenta con la ratificación de un auto judicial motivado de embargo y aseguramiento de saldos.

Ese plazo vence mañana exactamente a las doce y cuarenta y cinco del mediodía.

Si para esa hora no hay un auto judicial firme sobre la mesa del Banco de España, los dieciocho millones saldrán hacia Suiza de forma automática.

—¡El problema es que Ainara Zubiaga va a conseguir ese auto, Kepa!

—estalló la voz de Deschamps desde Biarritz, elevando el tono con desesperación—.

Mis informadores en los juzgados de Bilbao me confirman que el juez Fernando Irazábal ha estado encerrado con ella hasta las siete de la tarde en el palacio de justicia de la calle Buenos Aires.

Irazábal no es uno de nuestros letrados afines ni un magistrado permeable a las llamadas de conveniencia de Lakua; es un foralista riguroso que concibe la instrucción penal como una cruzada de pureza institucional.

Si ese hombre firma una orden de entrada y registro, la Ertzaintza entrará en tu bufete mañana mismo a primera hora.

Arostegui dejó escapar una risa seca, desprovista del menor atisbo de inquietud, y contempló el fuego de la chimenea con una serenidad soberbia:

—Que entren, Sylvain. Que entren a las ocho de la mañana con todo su despliegue de furgones y cámaras.

Mi despacho de la Gran Vía cuarenta y siete es un escenario perfectamente sanitizado.

Los discos duros de las terminales de trabajo solo contienen expedientes mercantiles convencionales, auditorías de sociedades cotizadas impecables y declaraciones tributarias forales que han superado todas las inspecciones de la Hacienda Foral con felicitaciones oficiales.

Los servidores donde Barandiarán y tú gestionabais las transferencias fiduciarias de Atalante Capital y la titularidad de los pagarés no están en la Gran Vía; están a tres metros bajo tierra en un búnker de alta seguridad documental en el Parque Científico y Tecnológico de Zamudio, protegidos por encriptación cuántica y llaves de acceso físico que ningún juez de instrucción de provincias puede vulnerar sin comisiones rogatorias que tardarán años en resolverse.

—¿Y qué ocurre con Miren Uriarte? —insistió la voz del financiero francés—.

Esa mujer fue la mano derecha de Barandiarán durante una década.

Conoce al céntimo las deducciones ficticias de I+D y los expedientes bloqueados en la Inspección de Capuchinos.

Si Zubiaga la presenta como testigo protegida ante Irazábal, su testimonio basta para fundamentar una acusación por delito continuado contra la Hacienda Pública y alzamiento de bienes contra ti a título personal.

Arostegui dejó el vaso sobre la mesa de caoba, cruzó la estancia hacia el testero norte del despacho y se detuvo frente a un gran óleo del siglo diecinueve que representaba la jura de los fueros por los procuradores vizcaínos bajo el roble sagrado de Gernika.

Con un movimiento suave, deslizó el marco dorado hacia la izquierda sobre una guía de rodamientos invisibles, dejando a la vista la puerta de una caja fuerte de alta seguridad Chubbsafes , empotrada en el muro de mampostería.

Introdujo su clave alfanumérica de ocho dígitos, posó el pulgar derecho sobre el escáner biométrico y abrió el pesado portón de acero cementado.

Del estante superior extrajo una carpeta de cuero negro de gran formato, asegurada por un cierre de latón y con una etiqueta mecanografiada en letras doradas: «CUPO — PLAN B / EXPEDIENTE DG COMP (UE) 2015/1589».

Arostegui acarició el lomo de cuero con los dedos, con una sonrisa maquiavélica dibujada en el rostro: