CAPÍTULO 6 LA NORMA Y LA GRIETA #5
—¿Aleaciones de alta temperatura y wolframio?
—repitió Ainara, con la voz cargada de una repentina alarma—.
Esa es la especialidad exclusiva de la industria siderometalúrgica de Gipuzkoa y del valle del Alto Deba.
Las fundiciones cooperativas de Mondragon, las plantas de mecanizado de componentes de turbinas aeronáuticas de Bergara y Eskoriatza...
—Exacto —asintió Gorka con el rostro sombrío—.
Durante los últimos dos años, Vandamme Metals ha ido adquiriendo silenciosamente los derechos de explotación comercial y las patentes de tratamiento térmico de aleaciones críticas de tres plantas del Deba que atravesaban tensiones de liquidez transitorias.
A cambio de inyecciones de capital fiduciario procedentes de Luxemburgo, las cooperativas cedían la titularidad jurídica de sus patentes de fundición a Vandamme Metals .
Y una vez que la patente estaba en manos de esta sociedad pantalla en Bilbao, Arostegui activaba el Patent Box vasco para derivar los royalties multimillonarios exentos de tributación hacia el fondo Atalante Capital en Luxemburgo, el holding dirigido por Sylvain Deschamps.
Mathieu pulsó la tecla de retorno en su terminal. La pantalla del ordenador arrojó una ficha societaria con el escudo del Gran Ducado de Luxemburgo:
—Aquí está la confirmación oficial que me acaba de transmitir la unidad financiera de la OLAF en Bruselas —declaró Mathieu, señalando la estructura de propiedad—.
El noventa y nueve coma ocho por ciento del capital de Vandamme Metals SA no pertenece a inversores industriales vascos ni europeos.
Está en manos de una sociedad matriz de las Islas Vírgenes Británicas controlada fiduciariamente por el consorcio suizo-luxemburgués de Sylvain Deschamps...
que actúa como testaferro financiero del magnate ruso Viktor Sorokin.
El silencio que siguió a las palabras de Mathieu fue absoluto.
Ainara sintió cómo un escalofrío le recorría la espalda.
Viktor Sorokin: el oligarca vinculado a las redes de contrabando estratégico y blanqueo de capitales que Mathieu había investigado en Bruselas, el hombre cuya red fiduciaria había provocado la muerte de su compañera Isabelle en Amberes.
—No se trataba solo de defraudar dinero a la Hacienda Foral —dijo Ainara, uniendo las piezas del mosaico con lucidez aterradora—.
Estaban utilizando los privilegios y las exenciones fiscales del Concierto Económico vasco como una pasarela jurídica para capturar las patentes industriales estratégicas del tejido productivo de Euskadi y transferirlas a corporaciones opacas vinculadas al armamento y la metalurgia pesada internacional.
Barandiarán descubrió que el Concierto estaba siendo utilizado como caballo de Troya para expoliar la soberanía industrial del país.
Mathieu asintió con gravedad, contemplando a través de los ventanales de Henao 9 la hilera de farolas que titilaban sobre el asfalto mojado:
—Es el asalto al modelo cooperativo vasco, Ainara.
Desde que el padre José María Arizmendiarrieta fundó la primera cooperativa en Arrasate en mil novecientos cincuenta y seis, el valle del Alto Deba construyó un ecosistema industrial único en el mundo: soberanía de los trabajadores, un socio un voto, reinversión comunitaria y una solidaridad retributiva que impedía la especulación financiera exterior.
En Bergara, en el Real Seminario donde los hermanos Elhuyar aislaron el wolframio en mil setecientos ochenta y tres, la metalurgia no es una línea de balance contable: es la identidad de un pueblo.
Pero tras la quiebra traumática de Fagor Electrodomésticos en dos mil trece, algunas divisiones de fundición quedaron expuestas a tensiones de deuda bancaria.
Los fondos buitre como Atalante Capital no buscan fabricar piezas ni crear empleo: buscan apropiarse de las patentes de tratamiento térmico de alta temperatura desarrolladas durante setenta años de innovación cooperativa para revenderlas a conglomerados militares fuera de la Unión Europea.
Ainara apretó los labios con una amargura que Mathieu reconoció de inmediato. La fiscal se acercó al ventanal, observando el reflejo de las luces de la ría en la distancia:
—Mi padre, Josu Zubiaga, tenía un pequeño taller de decoletaje y mecanizado de precisión en Durango.
No era una multinacional; eran doce operarios que se dejaban la piel torneando piezas para la automoción.
Cuando una sociedad instrumental fantasma vinculada a la trama de los pagarés forales le dejó a deber cuatrocientos mil euros y la Hacienda le ejecutó el embargo sin contemplaciones, mi padre no pudo soportar la vergüenza de despedir a sus compañeros.
Sé exactamente qué se siente cuando una cuadrilla de financieros de corbata y despacho enmoquetado utiliza las leyes que deberían protegerte para devorarte vivo.
Mathieu dio un paso hacia ella. Por un instante, la barrera del protocolo profesional pareció diluirse en la penumbra del despacho:
—En Amberes ocurrió lo mismo con la red de Viktor Sorokin, Ainara.
Mi compañera Isabelle descubrió cómo utilizaban el puerto franco y las terminales de diamantes para lavar los activos del tráfico de titanio y componentes de aviación militar.
Creyó que los informes internos de la OLAF bastarían para activar la maquinaria judicial europea.
Dos semanas después, una furgoneta sin matrícula embistió su vehículo en una carretera comarcal de Flandes.
Sé lo que es enfrentarse a un monstruo que no tiene rostro, pero que tiene las llaves de los ministerios y de los tribunales.
Y precisamente por eso, no pienso dejar que Arostegui ni Deschamps salgan impunes de esta tierra.
Ainara alzó la vista y sostuvo la mirada oscura de Mathieu.
Entre ambos no mediaban más de treinta centímetros.
En el silencio de la estancia, roto únicamente por el rumor lejano de la lluvia contra los cristales, se selló una complicidad íntima que trascendía los reglamentos comunitarios y las normas forales: la alianza moral de dos supervivientes empeñados en hacer justicia.
Gorka apagó con lentitud la luz del flexo de su escritorio, dejando que las sombras del despacho se cerraran sobre los tres:
—Fiscal... Si judicializamos formalmente esta causa contra Kepa Arostegui a setenta y dos horas de la firma del Cupo, no nos enfrentamos a un delincuente común.
Arostegui tiene línea directa con el Lehendakari en Lakua, almuerza todos los jueves con los magistrados de la Audiencia Provincial y financia las fundaciones culturales más influyentes del país.
Ese hombre no se defenderá contratando a penalistas de prestigio en Madrid: se defenderá intentando dinamitar la fiscalía y haciendo caer a quien haga falta en el gobierno.
Ainara se apartó del ventanal y recogió el pliego de imputación procesal con un pulso firme como el acero:
—Que intente hacer caer lo que quiera, Gorka. Mañana a primera hora solicitaremos al juez Irazábal el auto de entrada y registro en la sede central de Arostegui & Partners en la Gran Vía. Y que el señor Kepa Arostegui empiece a buscarse abogados.