El peso del Cupo (Línea de Cupo 1) CAPÍTULO 6 LA NORMA Y LA GRIETA #3
25%

CAPÍTULO 6 LA NORMA Y LA GRIETA #3

Antes de que Urquijo pudiera reaccionar, Gorka Atxaga dio un paso al frente.

El ertzaina se colocó a escasos treinta centímetros de la mesa de nogal, proyectando su sombra sobre el letrado.

Con un movimiento pausado, desabrochó el botón central de su chaquetón de faena, dejando a la vista la empuñadura de su arma reglamentaria y la placa metálica dorada de la Ertzaintza con el escudo de Euskadi y su número de identificación policial.

—Míreme bien a la cara, letrado Urquijo —dijo Gorka con una voz tan baja y áspera que pareció hacer vibrar los tinteros de cristal—.

El señor que tiene detrás viene en calidad de perito técnico internacional designado por esta fiscalía en unas diligencias previas por homicidio con alevosía y defraudación tributaria continuada.

La fuerza armada legítima que está pisando su alfombra soy yo.

Y el auto judicial que tiene delante autoriza a esta comisión a incautar todos los soportes informáticos, libros de actas, contratos fiduciarios y escrituras notariales de las mercantiles que usted administra.

Si vuelve a levantar la voz a la fiscal o intenta impedir el acceso a ese archivador de seguridad, saldrá de esta sala con los grilletes puestos por desobediencia grave a la autoridad judicial y pasará la noche en los calabozos de Erandio.

¿Ha quedado meridianamente claro el marco procedimental?

Urquijo se quedó paralizado. Su mirada osciló entre la insignia dorada de la Ertzaintza y el mandamiento judicial firmado por el juez de instrucción.

El rubor de la ira se evaporó de sus mejillas, dejando paso a una palidez cenicienta.

Tragó saliva con dificultad y se dejó caer lentamente en su sillón de piel capitoné.

—No... no hay necesidad de llegar a extremos desproporcionados, agente —murmuró Urquijo, perdiendo en tres segundos la compostura señorial que había cultivado durante cuatro décadas de ejercicio mercantil—.

Mi despacho opera con escrupulosa legalidad técnica.

Nosotros somos un bufete de asesoría fiscal y societaria de primer nivel.

Nosotros no gestionamos los fondos, ni ordenamos transferencias, ni conocemos las operaciones de campo que realizan nuestros clientes corporativos en sus respectivos sectores productivos.

Ainara dio un paso adelante, apoyando ambas manos sobre la caoba pulida con una intensidad que hizo crujir levemente el barniz:

—Usted figura en el Registro Mercantil de Bizkaia como administrador único de Biscay BioTech Innovations SL , de Cantabric MicroSystems ETVE y de otras ocho entidades domiciliadas en buzones virtuales de la Alameda de Mazarredo.

Usted firmó personalmente las autoliquidaciones del Impuesto sobre Sociedades que reclamaban devoluciones forales millonarias por créditos fiscales de I+D.

Acabamos de registrar el despacho de Mazarredo, don Iñigo: doce metros cuadrados vacíos, sin empleados, sin un solo ordenador y con un conmutador telefónico que desvía las llamadas a Nicosia.

Usted cobró minutas por prestar su firma a un fraude masivo contra la Hacienda Foral.

¿Quién le pagaba sus honorarios? ¿Quién le redactaba los contratos de cesión de patentes suscritos con las mercantiles de Chipre?

Urquijo miró hacia la puerta cerrada, como si temiera que las paredes de caoba tuvieran micrófonos incorporados. Sus dedos comenzaron a tamborilear nerviosamente sobre el cuero del secante de mesa:

—Yo no conozco a los socios extranjeros, fiscal Zubiaga.

Se lo juro por la memoria de mis padres.

A mí me llegan los borradores de las escrituras de constitución ya redactados desde la secretaría general de una firma matriz.

Ellos pagan mis minutas mediante transferencia bancaria mensual y yo me limito a acudir a la notaría para firmar la constitución, las ampliaciones de capital fiduciarias y los poderes mercantiles.

Nosotros no auditamos los balances... Solo prestamos el nombre y la firma legal colegiada para cumplir el requisito de residencia fiscal en Bizkaia que exige la Norma Foral.

Es una práctica habitual en la gestión patrimonial corporativa.

Mathieu intervino, dando un paso adelante y fijando sus ojos oscuros en la mirada acorralada del abogado:

—Prestar la firma colegiada para domiciliar sociedades ficticias sin empleados que drenan cuatro millones y medio de euros en devoluciones tributarias de la Hacienda pública no es gestión patrimonial, señor Urquijo: es cooperación necesaria en un delito continuado contra la hacienda pública tipificado en el artículo trescientos cinco del Código Penal, penado con hasta seis años de prisión.

Y cuando el director general de política fiscal que descubrió este circuito aparece con el corazón paralizado por digoxina en el Palacio Euskalduna, su firma en esas actas notariales lo sitúa en el radar de una investigación por asesinato.

Dé el nombre exacto de la firma matriz antes de que el suboficial comience a precintar sus servidores y desconectar sus discos duros.

Urquijo bajó la vista hacia el mandamiento judicial, respirando con una agitación contenida, mientras el sudor frío comenzaba a humedecerle el cuello de la camisa:

— Arostegui & Partners Tax & Legal Advisers .

En la misma Gran Vía, número cuarenta y siete.

La secretaría del señor Arostegui me enviaba los legajos en mensajería privada cada vez que se aprobaba una enmienda técnica a la Norma Foral.

Ellos llevan la contabilidad consolidada y la relación con los inversores internacionales.

El silencio que cayó sobre la estancia fue denso y frío como el granito. Ainara y Gorka cruzaron una mirada fulminante. El nombre de Kepa Arostegui, el antiguo Diputado General y patriarca indiscutido de las finanzas forales vizcaínas, acababa de emerger formalmente en las diligencias penales.

♦ ♦ ♦

A las tres de la tarde, la comitiva judicial abandonaba el bullicio del Ensanche para internarse en el subsuelo blindado de la Hacienda Foral de Bizkaia, en el número dos de la calle Capuchinos de Basurto.

El Archivo General ocupaba dos plantas subterráneas excavadas bajo el nivel freático de la ría, un dédalo de galerías de hormigón armado donde el aire acondicionado mantenía una temperatura constante de dieciocho grados y una humedad controlada del cuarenta y cinco por ciento para preservar la celulosa de los legajos fiscales.

Largas hileras de armarios rodantes de acero ignífugo, accionados por volantes mecánicos con engranajes de cadena, se extendían bajo tubos fluorescentes que zumbaban con un zumbido monótono y frío.

El ambiente olía a papel centenario, ozono de servidores, desinfectante de archivos y polvo prensado por décadas de almacenamiento burocrático.

Ainara y Mathieu se encontraban solos en la crujía cuatro del sótano dos, rodeados por tres carritos metálicos cargados con los expedientes originales de autoliquidación del Impuesto sobre Sociedades de los ejercicios dos mil dieciocho a dos mil veintidós, rescatados de los fondos forales gracias a las coordenadas numéricas que Barandiarán había ocultado en su pendrive cifrado.

Gorka custodiaba el acceso exterior del archivo junto al funcionario archivero para impedir cualquier intromisión de la dirección general o de los enviados de Lakua.

Sobre una mesa de lectura de chapa metálica iluminada por un flexo industrial, Mathieu había desplegado los cuadernos contables y los anexos de deducciones de las diez sociedades vinculadas a Urquijo.

El investigador vasco-francés se había despojado de la chaqueta del traje y tenía las mangas de su camisa blanca remangadas hasta los codos, dejando al descubierto unos antebrazos fibrosos y la cicatriz lineal de cinco centímetros que surcaba su muñeca izquierda, recuerdo del asalto fiduciario en los muelles de Amberes.

—Observe la arquitectura matemática del desvío, Ainara —dijo Mathieu, señalando con la punta de un portaminas los cuadros de conciliación tributaria del ejercicio dos mil veinte—.

Aquí radica la maestría delictiva de quien diseñó este sistema.

La Norma Foral 11/2013 del Impuesto sobre Sociedades de Bizkaia establece en su artículo sesenta y cuatro un incentivo extraordinario: una deducción de la cuota líquida de hasta el setenta por ciento de los gastos directos devengados en actividades de investigación y desarrollo e innovación tecnológica.

Ainara se inclinó sobre la mesa, apoyando una mano en el borde metálico.

Su proximidad física permitía a Mathieu percibir el aroma sutil de su piel, una mezcla de lluvia fresca, jabón neutro y café amargo que contrastaba con el olor rancio del papel prensado.

El silencio del búnker subterráneo acentuaba cada respiración, cada crujido de las páginas amarillentas al ser pasadas por las manos enguantadas de Mathieu.

—Conozco el artículo sesenta y cuatro —respondió Ainara con voz contenida—.

Fue diseñado para blindar a las empresas auxiliares de automoción, a la siderurgia del Deba y al parque tecnológico de Zamudio frente a la deslocalización internacional.

Permitir que una pyme vizcaína deduzca el setenta por ciento de su inversión en patentes o software propio es una herramienta de supervivencia industrial legítima.

Es la razón de ser de nuestro autogobierno fiscal.