CAPÍTULO 5 — BRUSELAS ATERRIZA EN BILBAO #5
Ainara se inclinó sobre la pantalla, conteniendo el aliento mientras sus ojos leían la razón social y los nombres de los letrados apoderados que figuraban al pie de los estatutos de constitución:
Arostegui & Partners Tax & Legal SLP. Socios directores: Don Kepa Arostegui Mendizábal y Don Fernando Arostegui.
El silencio cayó sobre la estancia con la violencia de una detonación en una mina subterránea.
Gorka Atxaga soltó un juramento en euskera entre dientes, apartando la mirada hacia el techo con un gesto de amarga incredulidad, mientras Ainara sentía que el suelo del despacho se abría bajo sus pies en una sima insondable.
—Kepa Arostegui... —pronunció la fiscal en un susurro donde se mezclaban la incredulidad, el desgarro moral y el vértigo profesional más absoluto—.
El ex-Diputado General de Bizkaia. El hombre que presidió la comisión redactora de las Normas Forales tributarias en los años noventa.
El patricio venerable que negoció en Madrid las sucesivas leyes quinquenales del Cupo con tres presidentes de gobierno distintos.
La figura más intocable del establishment político, financiero y social de este país.
—El mismo prócer que convirtió los vacíos legales de su propia arquitectura tributaria en una lavadora de ciento veinte millones de euros para fondos de inversión opacos internacionales —remató Mathieu con una serenidad implacable—.
Barandiarán descubrió que las alertas que sus inspectores de tributos emitían sobre las sociedades tuteladas por Arostegui & Partners eran archivadas por orden directa de la cúpula foral.
Cuando intentó trasladar el dosier a instancias judiciales, comprendieron que la única forma de evitar que la trama estallara antes de la ratificación solemne del nuevo Cupo en el Palacio Foral era silenciarlo para siempre.
Ainara permaneció inmóvil durante casi medio minuto.
En su mente se agolparon las consecuencias inmediatas de lo que estaban a punto de desatar: apuntar contra Kepa Arostegui significaba desafiar frontalmente a los poderes fácticos de Bizkaia, exponerse a presiones insoportables desde el Gobierno de Vitoria-Gasteiz, soportar el hostigamiento mediático de los grandes periódicos y arriesgar sus propias carreras profesionales ante los tribunales.
Pero al bajar la mirada hacia la carpeta del sumario y recordar el rostro descompuesto de Nekane Bilbao y las lágrimas contenidas de Miren Uriarte en los pasillos forales de Basurto, la vacilación se extinguió en su pecho como una llama consumida por el oxígeno.
Se enderezó con la elegancia severa de quien asume su destino sin reservas, miró fijamente a Gorka Atxaga y luego clavó sus ojos verde oliva en Mathieu Etcheverry:
—No vamos a enviar este asunto a Madrid para que duerma el sueño de los justos en un juzgado central de la Audiencia Nacional, ni vamos a permitir que Lakua pacte una salida discreta bajo la alfombra institucional.
En mi condición de fiscal delegada de la Fiscalía Provincial de Bizkaia, voy a constituir de inmediato un Equipo Conjunto de Investigación judicial al amparo del Convenio relativo a la Asistencia Judicial en Materia Penal entre los Estados miembros de la Unión Europea del año 2000.
Ainara fijó su mirada en el inspector comunitario:
—Usted, inspector Etcheverry, quedará incorporado formalmente como perito judicial adscrito y comisionado de la OLAF, asumiendo la coordinación del rastreo de las cuentas puente en Chipre, Luxemburgo y Dubái a través de los canales seguros de cooperación de Europol.
Y tú, Gorka, asumes la jefatura de la unidad operativa de policía judicial de la Ertzaintza con adscripción exclusiva a este sumario, garantizando que ninguna orden ni diligencia se filtre fuera de esta habitación.
Gorka Atxaga se cuadró con una sonrisa hosca y decidida, golpeando suavemente con el nudillo la empuñadura de su arma reglamentaria bajo la americana:
—Entendido, fiscal. Mi equipo de Erandio está sobre aviso. Solo necesitamos la firma del juez para entrar con todo.
Ainara tomó su pluma estilográfica de émbolo, cargada con tinta azul oscura, y redactó con trazo firme y enérgico la solicitud formal de entrada y registro:
—Esta misma tarde me presento en el despacho del juez Fernando Irazábal en el Palacio de Justicia de la calle Buenos Aires con el dictamen toxicológico de la digoxina, la triangulación de las antenas de Mazarredo y la base de datos de los ciento veinte millones de euros.
Mañana a las ocho en punto de la mañana, antes de que abran las persianas de los despachos bancarios del Ensanche, la Ertzaintza entrará en la sede de Arostegui & Partners para incautar todos los servidores y documentos de la firma.
Alzó la vista y sus ojos se cruzaron con los de Mathieu. El inspector vasco-francés inclinó la cabeza con un respeto solemne y silencioso, sellando un pacto que iba mucho más allá de las obligaciones de sus cargos.
El Acto I quedaba cerrado de manera irrevocable. La investigación por la muerte solitaria en el auditorio del Euskalduna había traspasado el umbral del duelo provincial para transformarse en una guerra abierta por el alma y la supervivencia del Concierto Económico.