El peso del Cupo (Línea de Cupo 1) CAPÍTULO 4 — LA AUTOPSIA #3
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CAPÍTULO 4 — LA AUTOPSIA #3

—El humor vítreo es la matriz biológica más valiosa y protegida en la investigación de muertes súbitas por intoxicación —explicó mientras tiraba del émbolo con lentitud milimétrica, aspirando un líquido viscoso y transparente como agua de roca—.

La barrera hematorretiniana aísla el compartimento intraocular de los procesos de autolisis enzimática, de la difusión pasiva post mortem y de la proliferación bacteriana que alteran los niveles de tóxicos en la sangre pocas horas después del fallecimiento.

Si una sustancia cardiotóxica entró en el torrente sanguíneo de Barandiarán, los niveles en el humor vítreo nos darán una lectura limpia, estable y matemáticamente correlacionada con la concentración plasmática en el momento exacto del síncope.

Madariaga trasvasó el líquido a dos tubos de ensayo con tapón gris tratados con fluoruro sódico para inhibir la degradación metabólica, rotulándolos de inmediato con códigos alfanuméricos de cadena de custodia judicial.

A continuación, el patólogo realizó una punción percutánea en la vena femoral profunda izquierda para extraer cuarenta mililitros de sangre periférica limpia, asegurándose de evitar la sangre cardíaca que pudiera estar sujeta a redistribución pasiva desde los órganos torácicos.

Extrajo asimismo la vesícula biliar intacta para obtener diez mililitros de bilis concentrada, tomó muestras de contenido gástrico residual y seccionó fragmentos de parénquima del lóbulo hepático derecho y de la corteza renal.

—Seis muestras biológicas independientes por duplicado —dictaminó Madariaga mientras el técnico auxiliar forense precintaba cada recipiente en bolsas termoselladas con precinto de seguridad inviolable—.

Vamos a someter estas alícuotas a extracción en fase sólida, SPE, para eliminar interferencias lipídicas y proteicas complejas, y las inyectaremos de urgencia en el sistema de cromatografía de líquidos acoplada a espectrometría de masas en tándem con fuente de ionización por electrospray, LC-ESI-MS/MS, del laboratorio de toxicología.

Gorka miró los recipientes alineados en la cubeta:

—¿Qué tipo de compuesto estamos buscando con ese barrido, doctor?

—Un panel ampliado de tóxicos de acción cardiovascular ultrarrápida —detalló Madariaga—.

Glucósidos cardiotónicos naturales y sintéticos, alcaloides vegetales mortales como la aconitina de la Aconitum napellus o la colchicina, bloqueadores de canales de potasio, anestésicos locales y curares sintéticos de acción periférica.

El analizador de triple cuadrupolo mide la relación masa-carga con una sensibilidad analítica inferior a cero coma un nanogramos por mililitro.

Si hay una sola molécula extraña en ese organismo, el espectro de masas nos dará su estructura química exacta antes de que termine la tarde.

El médico forense se despojó de la pantalla facial y miró a Ainara con una gravedad serena y categórica:

—Pero puedo anticiparte mi juicio facultativo provisional, fiscal: la muerte de Iñigo Barandiarán no fue una muerte natural.

Fue una parada cardíaca inducida mediante un protocolo químico de precisión quirúrgica.

Ejecutada por alguien que conocía al milímetro la farmacocinética del veneno para que pasara como un colapso coronario ordinario y sorteara los controles forenses de urgencia.

♦ ♦ ♦

A las dos y cuarto de la tarde, el sirimiri se había transformado en una lluvia racheada que barría los muelles industriales de la península de Zorrotzaurre, levantando remolinos de agua cenagosa en las aceras agrietadas de la Ribera de Deusto.

En el número veintiocho de la ribera, un edificio de cuatro alturas construido en ladrillo caravista oscuro en los años sesenta, encajado entre un antiguo pabellón de reparaciones navales con los cristales rotos y un taller de carpintería metálica en activo, el inspector jefe Gorka Atxaga detuvo su vehículo camuflado junto a la acera.

Ainara bajó del coche ajustándose el cuello del abrigo. El olor de la zona era una mezcla penetrante de gasóleo marino, herrumbre húmeda, marea baja y madera empapada.

Subieron los tramos de escalera comunitaria de peldaños de terrazo desgastado hasta la primera planta. Las paredes de la escalera estaban pintadas al óleo en verde botella, con la pintura desconchada en los rellanos y contadores de gas antiguos enrejados tras celosías de hierro forjado.

Gorka se detuvo ante la puerta de sapelly del piso primero izquierda.

Extrajo del bolsillo de su gabardina el juego de llaves recuperado del maletín particular de Barandiarán e introdujo la llave de seguridad en la cerradura multipunto.

El mecanismo giró con un chasquido metálico suave, revelando que el bombín había sido sustituido recientemente por un modelo de alta seguridad antibumping.

Ainara encendió su linterna de inspección judicial y empujó la hoja hacia el interior.

El inmueble era el epicentro del segundo gran rumor que los ujieres y jefes de sección de la Diputación Foral habían esparcido a media voz desde la madrugada anterior: el supuesto apartamento clandestino donde Barandiarán mantenía una aventura sentimental extraconyugal, el presunto nido de amor donde el Director de Recaudación se evadía de la sobriedad matrimonial de su residencia en Algorta.

Sin embargo, en cuanto franquearon el umbral y sus zapatos cubiertos con calzas de plástico pisaron el suelo de linóleo gris, cualquier atisbo de rumor pasional se desmoronó por completo.

La vivienda carecía por completo de mobiliario doméstico convencional.

No había sofás tapizados, mesas de comedor, botellas de licor de importación ni prendas femeninas colgadas de las perchas.

El salón principal, con los ventanales sellados tras estores opacos de lamas verticales de aluminio que impedían cualquier visión desde los barcos de la ría, estaba configurado como un búnker documental y operativo de grado profesional.

En el centro de la habitación se alineaban dos mesas modulares de oficina sobre las que descansaban dos fotocopiadoras industriales de alta velocidad de la marca Kyocera, tres destructoras de papel de corte cruzado con sacos de polietileno transparente llenos de virutas milimétricas y cuatro cajas de cartón reforzado apiladas meticulosamente contra el tabique de carga.

Sobre la mesa auxiliar, conectada a una regleta con estabilizador de tensión para evitar picos de corriente, descansaba un ordenador portátil Lenovo ThinkPad de la serie corporativa, con la bahía de tarjetas inalámbricas físicamente desmontada y los puertos de red sellados con silicona térmica para garantizar un aislamiento electrónico absoluto respecto a cualquier conexión a internet.

A su lado reposaban dos escáneres documentales profesionales de alimentación continua, con bandejas preparadas para digitalizar legajos de cientos de folios por minuto.

Gorka Atxaga examinó la estancia, dejando escapar un silbido largo y contenido mientras sus dedos enguantados rozaban la carcasa fría de las fotocopiadoras:

—Menuda amante secreta, Ainara. Ni botellas de cava francés ni sábanas de seda. Esto es una central de duplicación documental y digitalización en frío fuera del alcance de los cortafuegos y de los registros de auditoría de la red informática foral.

Ainara se acercó a la primera caja de cartón abierta sobre la mesa principal.

En la parte superior reposaba una carpeta de cartulina verde rígida con el membrete oficial del Departamento de Hacienda y Finanzas de la Diputación Foral de Bizkaia.

La carátula llevaba impresa la signatura de inspección tributaria: EXP-FORAL/2023/884-IS , correspondiente a la mercantil Vandamme Metals S.A.

, con domicilio social fijado en el número treinta y cinco de la Alameda de Mazarredo.

Ainara abrió el legajo con pulso firme.

Las primeras páginas contenían las actas de comprobación de valor del Impuesto sobre Sociedades de los periodos impositivos 2021 y 2022.

Pero en los márgenes de las liquidaciones provisionales, trazadas con la inconfundible caligrafía apretada de Barandiarán en tinta azul de pluma estilográfica, figuraban anotaciones técnicas demoledoras:

«La mercantil declara una base de deducción por actividades de Investigación y Desarrollo de catorce millones doscientos mil euros al amparo del artículo 37 de la Norma Foral de Bizkaia, alegando el diseño de una aleación ligera para componentes aeronáuticos.

No consta en el expediente el informe técnico vinculante de la Agencia Vasca de la Innovación, Innobasque.

La sede técnica subcontratada en el Parque Tecnológico de Zamudio es un despacho alquilado de veinte metros cuadrados sin maquinaria, sin ingenieros en plantilla y sin consumo eléctrico apreciable.

Facturación ficticia canalizada a través de una matriz luxemburguesa por supuesta cesión de patentes inexistentes.

Deducción fiscal indebida del setenta por ciento aprobada mediante resolución de plano dictada por la superioridad sin inspección in situ. »

Ainara pasó las hojas foliadas con una concentración febril.

Bajo la primera carpeta había veintitrés expedientes más con la misma estructura documental: sociedades instrumentales de responsabilidad limitada, domiciliadas en despachos compartidos de la Gran Vía y de Mazarredo, constituidas con capitales sociales mínimos y beneficiarias de créditos fiscales multimillonarios por proyectos ficticios de I+D, esquemas de Patent Box foral y devoluciones aceleradas de IVA transfronterizo que eludían cualquier control de la Agencia Tributaria estatal gracias al blindaje competencial del Concierto Económico.

Entre los anexos bancarios figuraban contratos fiduciarios suscritos con firmas de consultoría radicadas en el cantón suizo de Zug y en Nicosia, con cláusulas redactadas en inglés financiero donde se estipulaban comisiones del doce por ciento sobre el valor nominal de cada deducción foral concedida.