CAPÍTULO 29
Carme tuvo una mañana clara.
No una recuperación imposible ni el regreso completo de la mujer que había sido antes de la enfermedad. Despertó sabiendo dónde estaba, reconoció a Puri y llamó a Uxía por su nombre sin confundirla con la niña del impermeable rojo.
Desayunó con ellas y con Xoán. Después pidió la grabadora.
—¿Para qué, mamá?
—Para falar eu tamén. 1
Puri dejó de untar mantequilla sobre una tostada. Xoán miró a Carme, pero no respondió por ella.
—Habíamos decidido no entrevistarte —explicó Uxía—. Tu memoria cambia y no queremos utilizar un momento de claridad como si fuera una autorización permanente.
Carme la observó con la firmeza que Uxía recordaba de su adolescencia.
—Decidistes vós. A min non me preguntastes. 2
La acusación era justa.
Uxía se sentó frente a ella.
—Entonces te lo pregunto ahora. ¿Quieres que guardemos tu voz en el archivo familiar?
—Sí.
—No la utilizaré como prueba de lo que ocurrió con la brétema. Será tu experiencia: lo que sentiste y lo que recuerdas hoy.
—Xa o sei. 3
—Puedes parar cuando quieras.
Carme señaló el pasillo.
—Trae a gravadora antes de que se me esqueza para que a quero. 4
Uxía fue a buscarla.
Cuando regresó, Xoán estaba sentado junto a Carme, sosteniéndole la mano. Puri permanecía cerca de la puerta.
—¿Quieres que se queden?
Carme miró a los dos.
—Quero que o escoitedes. Ti tamén. 5
La última frase iba dirigida a Xoán.
Uxía encendió la grabadora.
—¿Qué quieres que quede guardado?
Carme observó la ría. El agua estaba gris y agitada. Un pesquero atravesaba la bocana dejando una estela visible.
—Quero que se saiba que non estaba tola. 6
Uxía no la interrumpió.
—A xente pensaba que non aceptaba a morte de Xoán porque non podía. Pero non había corpo, nin unha táboa rota, nin nada que demostrase que morrera. 7
Carme no había llorado durante las primeras horas.
Mientras pudo pensar en motores averiados, radios sin cobertura, corrientes o puertos donde podían haberse refugiado, se había mantenido ocupada. Había sostenido a Uxía, que con cuatro años preguntaba una y otra vez cuándo regresaría su padre.
—¿Onde está papá? 8
—Non o sei, meniña. Volverá pronto. 9
Había repetido la respuesta tantas veces que dejó de parecer una mentira piadosa y empezó a parecerse a una oración.
La primera noche puso dos platos sobre la mesa. Se quedó mirando el de Xoán y, antes de que Puri pudiera retirarlo, lo guardó ella misma en el armario.
A la mañana siguiente volvió a colocarlo.
Puri no preguntó por qué. Sirvió el caldo y dejó que una de las raciones se enfriara.
Al tercer día, Elixio confirmó que no habían encontrado cuerpos ni señales de accidente y que el Santa Bárbara había aparecido vacío, con las nasas y las tazas todavía a bordo.
Carme había escuchado la noticia de pie, con Uxía agarrada a la falda.
—Entonces siguen desaparecidos.
Elixio vaciló antes de asentir.
—Desaparecidos, sí.
Carme se aferró a aquella palabra. No significaba que siguieran vivos, pero tampoco permitía que nadie los enterrara.
Después llevó a Uxía a la cocina, le dio una taza de leche y esperó a que Puri empezara a contarle una historia. Entonces se encerró en el baño, abrió el grifo y lloró con una toalla apretada contra la boca.
—No quería que me oyeras —dijo ahora.
Uxía bajó la vista hacia la grabadora.
—No lo recuerdo.
—Mellor. 10
Cuando Carme salió del baño, Puri ya había encendido la lumbre, preparado la cama de Uxía y dejado una muda suya sobre una silla. Se había organizado para pasar otra noche allí sin que nadie se lo pidiera.
—Non tes que ser forte todo o tempo, Carme. 11
—Si non o son eu, quen o vai ser? 12
Puri había mirado a la niña sentada en el suelo.
—Eu, cando ti non poidas. 13
Carme guardó silencio unos segundos.
—Puri fixo iso moitas veces. 14
Su hermana se volvió hacia la ventana para que nadie le viera la cara.
Durante los días siguientes llegaron vecinas con comida que Carme apenas tocaba. En A Lonxa bajaban la voz cuando entraba. Algunos preguntaban si había novedades; otros evitaban mirarla porque no sabían cómo tratar a una mujer cuyo marido no podía darse por muerto ni por vivo.
Una tarde apareció Xosefa.
Tenía sesenta y seis años y llevaba treinta y ocho conviviendo con la desaparición de Ramón. Entró en la cocina, se sentó frente a Carme y le cogió la mano.
—Eu xa pasei por isto. Co pai del. En corenta e sete. 15
—Xa o sei, Xosefa. 16
—Sabelo non é o mesmo que vivilo. 17
Xosefa le explicó que nadie creía que una misma familia pudiera sobrevivir dos veces a una ausencia así.
—E sobrevívese —le dijo—. Iso tamén cho podo dicir. 18
Carme no supo si aquello era un consuelo o una condena. Sobrevivir podía significar que el dolor se volvería soportable. También podía significar que duraría lo suficiente para convertirse en la forma habitual de respirar.
—¿Ti deixaches de esperalo? 19 —le preguntó.
Xosefa miró hacia la ventana.
—Deixei de esperalo todos os días. 20
Después añadió:
—Pero nunca dixen que morrera. 21
Carme le apretó la mano.
—Eu tampouco o vou dicir. 22
Xosefa no celebró aquella promesa. Sabía mejor que nadie lo que podía costar mantenerla.
Esa noche, después de acostar a Uxía, Carme se sentó junto a la ventana de la cocina. Puri apagó la luz principal y dejó encendida la pequeña lámpara de la encimera.
Ninguna dijo que era para que Xoán reconociera la casa si regresaba de madrugada.
La lámpara no podía guiar a un hombre perdido en un lugar que nadie comprendía. Pero mantener una ventana visible era lo único que, por el momento, Carme sabía hacer por él.
—¿Esperaste todos los días durante cuarenta años? —preguntó Uxía.
Carme la miró con una mezcla de sorpresa y molestia.
—Non. 23
La respuesta fue contundente.
—Traballei. Crieite. Fun á lonxa, coidei da casa, rifamos Puri e mais eu mil veces. Houbo días en que non pensei en Xoán ata a noite. Outros en que nin sequera daquela. 24
La imagen simplificada de la mujer eternamente sentada junto a una ventana se deshacía ante Uxía.
—Non escribas que pasei corenta anos nesta ventá. A espera non foi toda a miña vida. 25
—No lo escribiré así.
Carme señaló la grabadora.
—Que quede. 26
—Quedará.
—¿Por qué no quisiste celebrar un funeral?
Carme apoyó una mano sobre el pecho.
—Porque nunca me sentín viúva. 27
Se quedó pensativa.
—Pero iso era o que eu sentía, non unha proba. Amparo sentía outra cousa e tamén tiña dereito. Cada unha fixo o que puido. 28
Uxía miró a Xoán. Él mantenía la mano de Carme entre las suyas.
—¿Qué sentiste cuando regresó?
Carme volvió la cabeza hacia él y sonrió.
—E agora está aquí. 29
Le acarició los nudillos con el pulgar.
—Aquel día pensei que volvía cedo de pescar. Despois souben que pasaran moitos anos. Ás veces aínda o sei. Outras non. 30
—¿Te asusto? —preguntó Xoán.
Carme lo examinó.
—Ás veces non sei por que es tan novo. Pero recoñezo as mans. 31
Xoán bajó la mirada hacia sus dedos entrelazados.
Carme empezaba a cansarse. Sus ojos tardaban más en regresar desde la ventana y una pequeña arruga había aparecido entre sus cejas.
—Podemos parar —dijo Uxía.
—Unha cousa máis. 32
Carme miró directamente a su hija.
—Non poñas a enfermidade ao final de todo, coma se fose o castigo por esperar. 33
Uxía dejó de respirar durante un instante.
—No lo haré.
—Eu enfermei porque enfermei. Xoán volveu porque volveu. Non xuntes as cousas para que pareza unha historia máis bonita. 34
—Te lo prometo.
—E non digas para sempre. 35
—¿Qué quieres que diga?
—Que o gardes mentres sirva para lembrar quen fun. Despois xa decidiredes. 36
Uxía apagó la grabadora.
—Lo guardaré así.
Carme se recostó en la silla y cerró los ojos. Cuando volvió a abrirlos, observó el aparato como si acabara de descubrirlo.
—¿Iso é unha radio? 37
Uxía sintió el cambio, pequeño y profundo.
—No, mamá. Estábamos guardando tu voz.
Carme frunció el ceño.
—¿Para quen? 38
Uxía no intentó reconstruir la conversación ni pedirle que repitiera su consentimiento. La grabación ya había terminado.
—Para nosotros.
Carme aceptó la respuesta sin comprenderla del todo. Después miró a Xoán.
—Vas chegar tarde ao barco. 39
Él no corrigió la fecha.
—Hoy no salgo.
—Mellor. O mar está revolto. 40
Xoán se acomodó junto a ella.
Uxía guardó la grabadora. Habían conservado una parte de la voz de Carme sin fingir que la enfermedad desaparecía mientras hablaba.
La claridad de aquella mañana no borraba el Alzheimer.
Solo había permitido que Carme decidiera, durante unos minutos, cómo no quería ser recordada.
1 . Para hablar yo también. 2 . Decidisteis vosotros.
A mí no me preguntasteis. 3 . Ya lo sé. 4 .
Trae la grabadora antes de que se me olvide para qué la quiero.
5 . Quiero que lo escuchéis. Tú también.
6 . Quiero que se sepa que no estaba loca.
7 . La gente pensaba que no aceptaba la muerte de Xoán porque no podía.
Pero no había cuerpo, ni una tabla rota, ni nada que demostrase que hubiera muerto.
8 . ¿Dónde está papá? 9 . No lo sé, niña.
Volverá pronto. 10 . Mejor. 11 . No tienes que ser fuerte todo el tiempo, Carme.
12 . Si no lo soy yo, ¿quién lo va a ser?
13 . Yo, cuando tú no puedas. 14 . Puri hizo eso muchas veces.
15 . Yo ya pasé por esto. Con su padre. En el cuarenta y siete.
16 . Ya lo sé, Xosefa. 17 . Saberlo no es lo mismo que vivirlo.
18 . Y se sobrevive. Eso también te lo puedo decir.
19 . ¿Tú dejaste de esperarlo? 20 . Dejé de esperarlo todos los días.
21 . Pero nunca dije que hubiera muerto.
22 . Yo tampoco voy a decirlo. 23 . No. 24 .
Trabajé. Te crie. Fui a la lonja, cuidé de la casa, Puri y yo discutimos mil veces.
Hubo días en que no pensé en Xoán hasta la noche.
Otros en que ni siquiera entonces. 25 . No escribas que pasé cuarenta años en esta ventana.
La espera no fue toda mi vida. 26 . Que quede.
27 . Porque nunca me sentí viuda. 28 . Pero eso era lo que yo sentía, no una prueba.
Amparo sentía otra cosa y también tenía derecho.
Cada una hizo lo que pudo. 29 . Y ahora está aquí.
30 . Aquel día pensé que volvía temprano de pescar.
Después supe que habían pasado muchos años.
A veces todavía lo sé. Otras no. 31 . A veces no sé por qué eres tan joven.
Pero reconozco las manos. 32 . Una cosa más.
33 . No pongas la enfermedad al final de todo, como si fuera el castigo por esperar.
34 . Yo enfermé porque enfermé. Xoán volvió porque volvió.
No juntes las cosas para que parezca una historia más bonita.
35 . Y no digas para siempre. 36 . Que lo guardes mientras sirva para recordar quién fui.
Después ya decidiréis. 37 . ¿Eso es una radio?
38 . ¿Para quién? 39 . Vas a llegar tarde al barco. 40 . Mejor. El mar está revuelto.