7 . La noche que nadie mencionó
Maricela sostuvo la mirada de Fernanda un segundo más de lo normal. Por primera vez, Fernandasintió que aquella mujer esperaba su siguiente movimiento.
Llegó Gabriel, primo de José Julián, que vivía cerca. Se quedó a compartir un rato y pareció prestaratención a lo que Fernanda decía y hacía.
Poco después, Aurora apagó la luz del patio.
La oscuridad cubrió el lugar durante unos segundos y Fernanda, llevada por el impulso y por elcalor que sentía en el pecho, se quitó el vestido. Todos quedaron sorprendidos.
Maricela apartó la mirada. Aurora permaneció callada. José Julián, en cambio, siguió observándola.
Fernanda no sabía si quería cubrirse inmediatamente o comprobar hasta dónde podía llegar aqueldesafío.
Gabriel le preguntó si podía sentarse a su lado.
—No te molestes —respondió ella con una pequeña sonrisa—. Estoy bien sola.
En algún momento, Aurora se acercó y le dijo en voz baja:
—Fernanda… mi papá no puede verte así.
Fernanda la miró.
—Entonces explícame cómo hago eso, si ustedes mismos me dijeron que podía quitarme lo quequisiera.
Aurora se quedó callada.
Fernanda volvió a ponerse el vestido y, aparentemente, todo siguió como si nada.
Gabriel se fue poco después. Quedaron José Julián, Maricela, Aurora y Fernanda.
Como ya era madrugada, Fernanda decidió acostarse.
Pero dormir fue imposible.
Al día siguiente despertó con el recuerdo de la noche anterior golpeándole la cabeza: la mirada deJosé Julián, el silencio de Maricela y la sensación de haber cruzado una línea.
Se bañó y decidió marcharse, pero Maricela la detuvo.
—Quédate. No te vayas todavía.
Mientras preparaban el desayuno, Fernanda ayudó a lavar los trastes y a limpiar la cocina.
José Julián se levantó poco después. Parecía de mal humor o quizá simplemente cansado.
Era la primera vez que Fernanda lo veía recién despierto. El fregadero estaba frente a la sala dondeél estaba sentado.
Cada vez que Fernanda lo miraba, descubría que él ya la estaba mirando a ella.
No había sonrisas. No había palabras.
Solo esa tensión silenciosa que parecía llenar toda la casa.
Finalmente decidió pedir un Uber.
Antes de salir, levantó la mirada una última vez.
José Julián seguía observándola.
Como si quisiera decirle algo que no podía decir frente a los demás.
Como si ambos entendieran que lo ocurrido todavía no había terminado.