El peón que aprendió las reglas 6 . Una copa, una mirada, un secreto
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6 . Una copa, una mirada, un secreto

Fernanda estaba viviendo un momento de aventura, aunque sabía que aquello podía costarle unaamistad y, sobre todo, las críticas de los demás. Pero en ese instante era lo que menos le importaba.

No estaba enamorada. O al menos eso intentaba repetirse.

Había seguido el juego de José Julián, permitiéndose sentirse viva otra vez.

Esa noche intentó distraerse y olvidar lo ocurrido durante la tarde. No era fácil. Cada vez quelevantaba la mirada sentía los ojos de José Julián sobre ella.

Y eso la inquietaba.

En aquella mesa no solo estaba el hombre con el que había compartido la tarde. También estaban suesposa, su hija y su yerno.

Cada sonrisa, cada comentario casual y cada mirada cruzada hacían que el aire pareciera máspesado.

En un momento pidió permiso y fue al baño.

Apoyó ambas manos sobre el lavamanos y miró su reflejo.

—¿Qué estás haciendo, Fernanda? —susurró.

No supo si lo que sentía era culpa, vergüenza o miedo.

Miedo de que alguien ya lo supiera.

Miedo de que Maricela hubiese notado demasiado.

Miedo de que José Julián volviera a mirarla y ella olvidara por qué aquello estaba mal.

Después regresaron a la casa de José Julián. Maricela le pidió que fuera con ella porque quedabacerca.

Hablaron durante el trayecto, aunque Fernanda apenas recordaba las palabras. Todo sonaba lejano.

Tal vez eran los tragos. Tal vez era la culpa.

Al llegar, continuaron la reunión. Hablaron de cualquier cosa, rieron y llenaron vasos.

Todo parecía normal.

Demasiado normal.

Fernanda comentó que tenía calor.

Maricela respondió con naturalidad:

—Pues quítate lo que quieras si te sientes incómoda.

Fernanda se quedó inmóvil.

Junto a Maricela estaba José Julián.

Él no protestó ni apartó la mirada.

Al contrario: la observó en silencio.

Entonces añadió:

—No pasa nada, Fernanda. Si quieres, hazlo.

Tomó su vaso sin apartar los ojos de ella y sonrió apenas.

El silencio posterior fue insoportable.

Por primera vez, Fernanda tuvo la sensación de que ella no era la única que escondía algo.

Como si hubiera entrado en un juego cuyas reglas todavía no entendía.

Y ya era demasiado tarde para echarse atrás.