El peón que aprendió las reglas 8 . Demasiado tarde para huir
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8 . Demasiado tarde para huir

Fernanda se despidió de Aurora. Antes de irse, ella le dijo que seguirían en contacto.

Durante el trayecto de regreso, Fernanda miraba por la ventana intentando ordenar lo ocurrido.

Su celular vibró.

Era José Julián.

«¿Por qué te fuiste?»Fernanda respondió que se había sentido incómoda, que él parecía molesto y que creyó que lomejor era marcharse antes de empeorar las cosas.

Él respondió casi de inmediato:

«Debiste quedarte. No debiste irte tan rápido… porque ahora me dejaste pensando en ti más de loque debería».

Aquellas palabras la estremecieron.

Después le preguntó por qué se había quitado el vestido delante de todos, incluso delante deGabriel.

Fernanda explicó que habían sido los tragos y que había tomado como un reto las palabras deMaricela.

Entonces José Julián le contó algo que la dejó inmóvil.

Le aseguró que, cuando ella se había acostado, él había entrado en la habitación, se había recostadoa su lado, la había observado y la había tocado y besado mientras dormía.

Fernanda se quedó congelada.

No sabía si creerle.

Tampoco sabía si aquello era verdad o si formaba parte del juego que él parecía disfrutar.

José Julián incluso le dijo que no le importaba que Maricela se enterara y que, si todo salía a la luz, loenfrentaría.

Aquello la sorprendió.

Fernanda empezó a verlo con otros ojos. Tal vez no le importaban los límites ni las consecuencias.

Y esa idea la hizo recordar a José Miguel.

Miguel pertenecía a una historia distinta, pero había dejado una huella. Fernanda reconocía que conél había conocido una forma de afecto que ahora comparaba inevitablemente con lo que estabaviviendo.

Con José Julián todo era más directo, más atrevido y más difícil de leer.

No podía negar que una parte de ella había disfrutado sentirse vista, buscada y deseada.

Pero también sabía que aquello no era amor.

Era atracción.

Era curiosidad.

Era peligro.

Fernanda miró la pantalla del celular.

Había otro mensaje.

Por primera vez sintió miedo de descubrir qué sería lo siguiente que José Julián quisiera de ella.