4 . El valle de la sombra
Mientras José Julián llevaba a Fernanda hacia aquel lugar, ella pensaba en lo que él pretendía, pero leresultaba difícil comprenderlo.
José Julián era reservado. Prefería escuchar antes que hablar y rara vez revelaba detalles personalesde forma espontánea. Sus reacciones eran difíciles de predecir. En lugar de grandes explicaciones,
respondía muchas veces con una sonrisa sutil o un simple asentimiento.
No parecía buscar la validación constante de los demás. Se movía por la vida con objetivos clarosque rara vez compartía. Mantenía un contacto visual intenso, observaba detalles que otros pasabanpor alto y conservaba una compostura tranquila y controlada.
Rara vez se le veía ansioso o apresurado. Su rostro podía parecer impasible, lo que hacía difícil saberexactamente qué estaba pensando.
Era distante, pero cortés. Podía parecer frío o inalcanzable al principio, pero mantenía unaeducación impecable que generaba intriga sin que pareciera intentarlo.
Fernanda, en cambio, era distinta.
Ella entraba a una habitación y lo primero que se notaba no era su presencia, sino la calma que traíaconsigo. Tenía una forma de mirar que hacía sentir escuchado a cualquiera, aunque no hubieradicho nada importante.
Era cariñosa sin alardearlo. Recordaba pequeños detalles, se fijaba si alguien llegaba cansado yacostumbraba acomodar el mundo a su alrededor con gestos que no pedían nada a cambio.
No le gustaba el conflicto. Cedía antes de pelear, bajaba la voz antes de que subiera el tono y preferíaque todos estuvieran bien, aunque eso significara dejar sus propias cosas para después.
No era debilidad. Era una elección que había hecho durante años.
Trabajaba duro y en silencio. Si decía que haría algo, lo hacía. No buscaba medallas; solo quería quelas cosas salieran bien.
Eran dos polos opuestos.
Y quizá precisamente por eso la atracción resultaba tan difícil de ignorar.
Cuando llegaron al motel, Fernanda observó el lugar. Era pequeño, sin nada extraordinario. No dijonada. Solo pensó que tal vez ya era demasiado tarde para retroceder.
Entró con él.
En la habitación, Fernanda encendió un cigarrillo. Estaba nerviosa y supuso que fumar la ayudaría acalmarse.
—¿Por qué fumas? —preguntó José Julián.
—Me relaja —respondió ella.
Él se acercó y la abrazó. Fernanda sabía que estaba a punto de cruzar una línea y que, después dehacerlo, nada sería exactamente igual.
También sabía que todavía recordaba a José Miguel. Aunque quisiera negarlo, aquella historia seguíaviviendo en algún rincón de su memoria.
Aun así, se dejó llevar.
Lo besó.
Durante unos minutos dejó de pensar en las consecuencias. Quería volver a sentirse viva. Queríaexperimentar algo que le perteneciera solo a ella.
Pero cuando el momento se volvió íntimo, la realidad comenzó a pesar.
Fernanda esperaba encontrar ternura, conexión, quizá algo que justificara todo aquello.
Sinembargo, terminó sintiéndose vulnerable y utilizada. Percibió que José Julián estaba másconcentrado en satisfacer su propio deseo que en preguntarse cómo se sentía ella.
Y esa diferencia lo cambió todo.
Después, él se apartó como si nada extraordinario hubiera sucedido.
—Voy a bañarme —dijo.
—Está bien —respondió Fernanda.
Entonces sonó su celular.
Era Aurora.
«¿A qué hora llegas?»Fernanda se quedó sorprendida. Ella no recordaba haberle dicho que iría.
Respondió que no tenía planeado llegar.
Aurora contestó que ya habían quedado y que la esperaba.
Fernanda miró a José Julián.
—Tu hija me escribió. Quiere que vaya a la casa.
Él respondió con una tranquilidad que la desconcertó:
—Ve. No pasa nada.
Fernanda sabía que Aurora era su amiga. No podía simplemente ignorarla.
José Julián propuso que se fueran juntos, pero acordaron no llegar juntos a la casa para evitarsospechas, pues allí estaban Aurora y Maricela, la esposa de José Julián.
Fernanda salió de aquel motel con una sensación extraña.
La primera ficha había caído.