El pasajero de la 3K Capítulo 16 #3
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Capítulo 16 #3

Alvear se encontraba cerca de 7A cuando apareció la segunda nota.

Había afirmado ver a un hombre sin placa, con camisa blanca y olor a café.

Podía haberse descrito a sí mismo para establecer un testimonio antes de que otro pasajero mencionara la figura.

Estaba sentado en una zona desde la que podía observar primera clase, la cocina y los movimientos de Damián.

Su experiencia en plataforma explicaba las identificaciones, los precintos y el acceso a uniformes.

Y había sido introducido en la historia como un testigo.

El lugar perfecto para alguien que quería decidir qué habíamos visto.

—No podemos detenerlo sin alertar a Samuel —dije.

—No podemos dejarlo libre después de dos muertes —respondió Eva.

—Necesitamos saber si siguen comunicándose.

—El teléfono de Damián está en manos del asesino —recordó Lucía—. Alvear puede tenerlo.

—Y el de Álex.

—Entonces podemos comprobar si 6A está recibiendo señal.

Eva abrió el sistema de pasajeros. El vuelo ofrecía conexión individual, aunque solo podía mostrar qué asientos habían iniciado sesión, no el contenido de las comunicaciones.

6A aparecía conectado.

La sesión se había reactivado tres minutos antes.

—Está utilizando internet —dijo Eva.

—Puede estar viendo una película.

—La película funciona en el sistema interno.

—O enviando a Samuel el destino del desvío.

—Todavía no lo sabe.

El archivo de Llorente decía que observáramos quién necesitaba conocerlo.

Podíamos darle una respuesta falsa.

—Diremos que desviamos a Roma —propuse.

Eva negó.

—No puedo comunicar destinos falsos a la tripulación.

—No a la tripulación. Solo a Alvear.

—¿Cómo?

Miré la tarjeta.

—Le haremos creer que encontramos una parte de los archivos y que la entrega se realizará en Roma. Si Samuel modifica el plan, sabremos que recibió el mensaje.

—¿Y si Alvear actúa contra alguien antes?

—Lo vigilaremos.

—¿Quién?

—Lucía.

Ella abrió mucho los ojos.

—Agradezco que hayas decidido mi carrera policial sin consultarme.

—Eres la única que conoce la tarjeta y no está en la lista de sospechosos.

—Eso es lo más romántico que me han dicho en un avión.

Eva ignoró el comentario.

—No expondré a Lucía frente a un hombre que ha matado a Damián.

—No tiene que hablar con él. Solo observarlo desde la cocina.

—¿Y tú?

—Le llevaré una bebida.

—¿Después de pasarte medio vuelo mirando cada vaso como si quisiera matarnos?

—Precisamente. Un tripulante puede acercarse sin despertar sospechas.

—También puede no regresar.

—Alcázar iniciará el descenso en menos de media hora. No tenemos tiempo para esperar una idea mejor.

Eva permaneció en silencio.

La tarjeta seguía abierta en la pantalla. Alvear y Samuel aparecían juntos en una fotografía tomada cuatro años antes, rodeados por registros que explicaban un crimen antiguo y quizá los dos de aquella noche.

—Primero comprobamos que sigue en 6A —decidió—. Después hablaremos con Alcázar, no con Samuel.

—No podemos entrar en la cabina sin que Samuel escuche.

—Utilizaremos una nota.

—Las notas no están teniendo una noche especialmente buena.

—Entonces escribe una que no amenace a nadie.

Guardamos la tarjeta y cerramos el ordenador. Volví a ocultarla detrás de la licencia. Eva salió primero. Lucía esperó unos segundos y yo la seguí, manteniendo la distancia suficiente para que nadie comprendiera que acabábamos de tomar una decisión conjunta.

Al llegar a primera clase miré hacia 6A.

La pantalla estaba encendida.

La bolsa de frutos secos seguía sobre la mesa.

El asiento estaba vacío.

—¿Dónde está Alvear? —pregunté a Amira.

—Ha ido al baño.

—¿Cuál?

—El delantero.

El mismo donde habían destruido mi libro.

Me acerqué.

El indicador mostraba ocupado.

Golpeé.

—Tripulación.

No hubo respuesta.

Volví a golpear.

—Señor Alvear.

Silencio.

Utilicé el desbloqueo exterior.

La puerta se abrió.

El baño estaba vacío.

La tapa del compartimento técnico situada bajo el lavabo había sido retirada y dejada sobre el suelo.

Detrás se veía un hueco estrecho por donde discurrían conductos y cableado hacia el panel lateral de la cabina.

No permitía que una persona atravesara la estructura, pero sí acceder al espacio de servicio contiguo.

Sobre el lavabo había un vaso de café volcado.

La mancha se extendía por el borde y goteaba hacia el suelo.

Al lado, alguien había colocado la placa con el nombre de Álex.

—Se ha cambiado otra vez —dijo Lucía detrás de mí.

Miré el panel abierto.

El compartimento comunicaba con una zona utilizada para almacenar material de limpieza. Desde allí, Alvear podía salir por una puerta secundaria situada junto a la escalera delantera sin regresar al pasillo de primera clase.

—No ha ido al baño —dije—. Ha venido a desaparecer.

El interfono comenzó a sonar en la cocina.

Eva respondió.

La llamada procedía de la cabina de mando.

La voz de Samuel llegó lo bastante alta para que pudiéramos escucharla desde el pasillo.

—Necesitamos al comandante de cabina arriba. Ahora.

Eva preguntó qué ocurría.

Samuel respondió después de una pausa.

—Alcázar se ha desplomado.