El pasajero de la 3K Capítulo 9 #3
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Capítulo 9 #3

—Amira. Álex había bajado a buscar hielo.

—¿Por qué abajo? —pregunté—. Teníamos hielo suficiente.

—Dijo que una cubeta estaba contaminada.

—¿Con qué?

—No lo sé. La retiró antes de que yo llegara.

Anoté el dato.

—¿Eva?

—Hablaba por interfono con la cubierta principal.

—¿Viste a algún piloto?

—No.

—¿A Nuria?

—Subió una vez.

—¿Para qué?

—Trajo una lista de dietas especiales que supuestamente faltaba.

—La lista estaba en la tableta —dije.

—Eso pensé.

—¿Cuánto permaneció?

—Un minuto. Quizá menos.

—¿Se acercó al carro?

—Dejó los papeles encima.

—¿Levantó alguna bandeja?

—No me fijé.

—¿Había alguien más?

Lucía frunció el ceño.

—Escuché la puerta de la escalera.

—La escalera no tiene puerta.

—El compartimento lateral junto al descansillo. Alguien lo cerró.

—¿Viste quién?

—No.

Aquella zona contenía mantas, material adicional y algunos efectos de la tripulación. Cualquier persona que subiera desde la cubierta principal podía utilizar el ruido del compartimento para justificar su presencia.

—¿Qué hora era? —preguntó Damián.

—Poco después de que Jero llevara la botella.

El intervalo.

—¿Por qué no lo dijiste antes? —pregunté.

—Porque cerrar un armario no parecía relevante hasta que alguien empezó a esconder amenazas dentro de los carros.

Damián le pidió que no comentara la conversación. Lucía lo miró con la paciencia limitada de quien llevaba años obedeciendo a pasajeros que creían tener autoridad.

—No pensaba anunciarlo por megafonía.

La dejamos volver al servicio y buscamos a Amira.

La encontramos en la cocina trasera de la cubierta superior, preparando la zona de descanso.

Eva había colocado a Álex en el extremo opuesto y procuraba que ambos no permanecieran juntos.

Amira aceptó reconstruir sus movimientos con más nerviosismo que Lucía, aunque pronto comprendí que no se debía a la nota, sino al temor de haber cometido algún error durante su tercer vuelo en el A380.

—Yo estaba con las toallas —dijo—. Después preparé las bebidas sin alcohol y ayudé a Álex a sacar el carro.

—¿Saliste de la cocina antes? —pregunté.

—Solo una vez. Un pasajero pidió ayuda con el asiento.

—¿Quién quedó dentro?

—No sé. Eva hablaba por teléfono. Creo que Nuria estaba allí.

—¿Viste entrar a Nuria?

—Sí.

—¿Y salir?

Amira tardó en responder.

—No.

—¿Cuánto tiempo estuviste fuera?

—Dos minutos.

—¿Al regresar seguía dentro?

—No.

—Entonces salió por algún sitio.

—Puede que bajara por la escalera.

—Habría pasado frente a Nadia —dije.

—Quizá durante el corte del vídeo —señaló Damián.

Pregunté por la cubeta de hielo.

Amira negó que estuviera contaminada.

—Álex dijo que olía raro —explicó—. La llevó abajo y volvió con otra.

—¿Cuánto tardó?

—Cinco minutos.

—Es demasiado para buscar hielo.

—Había servicio en la escalera trasera.

—¿Y el carro quedó contigo?

—Sí.

—¿Lo abriste?

—Ya estaba abierto.

—¿Levantaste la bandeja inferior?

—No.

—¿Alguien se acercó mientras estabas sola?

Amira miró hacia Damián y después hacia mí.

—El primer oficial.

Sentí que el ruido de las turbinas se hacía más presente, aunque seguía exactamente igual.

—¿Samuel subió? —pregunté.

—Solo asomó desde la escalera. Preguntó si el señor Llorente había aceptado la botella.

—¿Entró en la cocina?

—No completamente.

—¿Cuánto permaneció?

—Unos segundos.

—¿A qué hora?

—Después de que tú se la llevaras.

—¿Antes o después de que Álex bajara por hielo?

—Antes, creo.

Damián se acercó.

—¿Lo vio salir?

—Volvió a bajar.

—¿Llevaba algo?

—No.

—¿Tocó el carro?

—No lo vi.

La respuesta no demostraba que Samuel hubiese colocado la nota, pero confirmaba que había abandonado la cabina durante el periodo en que podía haberse introducido. La grabación no lo mostraba porque había permanecido cerca de la escalera, parcialmente oculta por el ángulo.

—¿Por qué no aparece en el vídeo? —pregunté.

—La cámara apunta al pasillo —dijo Amira—. Desde la escalera puedes hablar con alguien de la cocina sin llegar a entrar.

—¿Nadia podía verlo desde 4A?

—No si estaba sentada.

Damián anotó la información.

—No hable de esto con nadie.

Amira asintió con demasiada energía.

Antes de marcharnos, le pregunté si había visto subir a Nuria. Confirmó que había llegado desde la escalera trasera, no desde la delantera. Eso significaba que Lucía había oído a otra persona cerca del descansillo cuando Nuria ya se encontraba dentro.

Alguien más había subido desde la cubierta principal.

Podía ser Samuel.

También podía ser cualquier tripulante.

Eva estaba hablando con Nuria en la zona de descanso posterior. Esperamos hasta que salió. Tenía el rostro pálido y los ojos brillantes, no por miedo a la investigación, sino por la humillación de haber explicado su encuentro con Álex a la jefa de cabina. Al vernos, cruzó los brazos.

—Ya le he contado todo a Eva.

—Necesitamos aclarar una cosa más —dijo Damián.

—No ocurrió nada.

—No estamos interesados en lo que ocurrió entre usted y Montalbán.

—Eso dicen todos antes de preguntar.

Intervine antes de que se marchara.

—¿Por qué subiste con una lista de dietas especiales después del despegue?

Nuria me miró.

—Porque faltaba una copia.

—No faltaba.

—Álex me pidió que la trajera.

—¿Por qué?

—No lo sé.

—¿Te dijo que entraras en la cocina?

—Me pidió que dejara los papeles sobre el carro.

Damián y yo nos miramos.

—¿Sobre qué parte? —preguntó.

—Encima.

—¿Levantaste alguna bandeja?

—No.

—¿Estaba Álex allí?

—No. Había bajado.

—¿Quién estaba?

—Amira salió cuando yo entré. Eva hablaba por interfono.

—Entonces estuviste sola.

—Unos segundos.

—¿Viste la nota?

—No.

—¿Sabías que Álex había sustituido el precinto?

Nuria dudó.

—Sí.

—¿Y dónde guardaba los precintos de reserva?

—En el cajón de documentación.

—¿Lo abriste?

—No.

—¿Quién más conocía lo que había hecho?

—Samuel.

—¿Se lo contaste tú?

—Lo vio.

—¿Antes o después de que Álex cerrara el carro?

—Después.

—¿Samuel os dijo que lo ocultarais?

Nuria apretó los labios.

—Dijo que no retrasáramos el embarque por dos botellas.

La versión coincidía con la de Álex.

—¿Entró en la cocina cuando estabais solos antes del embarque? —pregunté.

—Sí.

—¿Abrió la caja de Llorente?

—No lo vi.

—¿Se quedó sin vigilancia?

—Muy poco tiempo.

—¿Cuánto?

—No sé. Álex y yo bajamos por la escalera trasera y regresamos después.

—¿Samuel seguía allí?

—No.

—¿El compartimento estaba precintado?

—Sí.

—¿Y el carro?

—También.

Damián la observó con atención.

—¿Quién le pidió que subiera la lista después del despegue?

—Ya he dicho que Álex.

—Montalbán estaba abajo buscando hielo.

—Me lo pidió antes.

—¿Para qué necesitaba una hoja que ya figuraba en la tableta?

Nuria perdió parte de la firmeza.

—No lo sé.

—Piénselo.

—Dijo que necesitaba la versión impresa para comprobar una alergia.

—¿De qué pasajero?

—No me acuerdo.

—¿Llorente?

—Quizá.

—Su servicio especial estaba en otra carpeta —dije.

Nuria miró hacia el pasillo.

—Solo llevé los papeles.

—¿Alguien la esperaba arriba?

—No.

La respuesta llegó demasiado rápido.

—¿Viste a Samuel en la escalera? —pregunté.

No contestó.

—Nuria.

—Me crucé con él al bajar.

—¿En qué escalera?

—La delantera.

—Tú habías subido por la trasera.

—Bajé por la delantera.

—Entonces atravesaste toda la cabina.

—Sí.

—La cámara de Nadia debería haberte grabado.

Nuria palideció.

—¿Qué cámara?

No aparecía en el vídeo.

Durante el periodo que habíamos revisado, ninguna mujer con uniforme había recorrido el pasillo desde la cocina hasta la escalera delantera. Solo podía haberlo hecho durante los cuarenta y tres segundos que faltaban.

—¿A qué hora te cruzaste con Samuel? —preguntó Damián.

—No miré el reloj.

—¿Estaba entrando o saliendo de la cubierta?

—Subía.

—¿Llevaba algo?

Nuria cerró los ojos unos segundos, reconstruyendo la imagen.

—Una servilleta.

—¿Una servilleta?

—O un papel doblado. Lo tenía en la mano.

Damián no se movió.

—¿De qué tamaño?

—Pequeño. Estrecho.

La nota era una tira estrecha de formulario.

—¿Qué hizo cuando te vio? —pregunté.

—Me preguntó si Llorente había bebido.

La misma pregunta.

—¿Y después?

—Entró en la cocina.

—¿Quién estaba dentro?

—Creo que nadie.

—Amira había salido y Álex estaba abajo —dije.

—Eva seguía con el interfono.

—De espaldas al carro.

Nuria tragó saliva.

—No sabía que esto importaba.

—Ahora sí —respondió Damián—. No se aleje de su puesto y no hable con Orduña.

—¿Cree que ha sido él?

—No he dicho eso.

—Pero lo piensa.

El agente no respondió.

Nuria se marchó hacia la parte trasera. Su figura desapareció entre las luces tenues y las puertas cerradas de ejecutiva.

Me apoyé contra el lateral de la cocina.

La secuencia empezaba a ordenarse.

Álex había roto el precinto antes del embarque y lo había reemplazado.

Samuel conocía la irregularidad.

Después del despegue, Álex abandonó la cocina durante varios minutos con una excusa falsa o exagerada relacionada con el hielo.

Nuria subió con una documentación innecesaria porque él se lo había pedido.

Amira salió a atender un asiento. Eva hablaba por interfono.

Durante un intervalo de menos de un minuto, la cámara dejó de grabar.

Nuria se cruzó con Samuel, que llevaba una tira de papel y preguntó si Llorente había bebido.

Después entró en la cocina.

—Es él —dije.

Damián no compartió mi certeza.

—Es una posibilidad.

—Tenía el papel, conocía el carro y estaba allí cuando nadie miraba.

—No sabemos que fuera la nota.

—¿Qué otra tira estrecha llevaba un piloto hasta una cocina en mitad del ascenso?

—Una impresión, una lista, una anotación.

—Y preguntó por Llorente.

—Ya lo había hecho antes.

—Eso no lo mejora.

Damián observó hacia la escalera delantera.

—También significa que alguien quería que Orduña estuviera allí.

—¿Quién?

—Montalbán pidió a Nuria que subiera una lista innecesaria y bajó a buscar hielo durante cinco minutos. Puede haber creado deliberadamente el hueco.

—Álex no sabía que Nadia grababa.

—No necesitaba saberlo.

—¿Entonces cree que trabajan juntos?

—Creo que estamos aceptando todas las declaraciones como si las personas solo pudieran mentir sobre una cosa cada vez.