El pasaje secreto (La tierra de prodigios 1) Capítulo 43
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Capítulo 43

CUARENTA Y TRES

Max esperó a que Neve y Hugo se marcharan antes de servirse una gran copa, que se bebió de un trago en unos segundos.

Era consciente de su mal comportamiento, pero había sido incapaz de controlarse.

La aparición de Neve ya era algo bastante malo, pero la de Hugo había sido una catástrofe.

No había podido sellar el pasadizo como tenía planeado: había consultado a varios supuestos profesionales que le habían dicho que la iglesia era un edificio histórico y que enyesar los muros de la cripta no solo serviría de muy poco, sino que ocultaría la textura original de la piedra y las elaboradas tallas del siglo xiv y, como no había ningún fallo estructural, nunca obtendría el permiso.

El hecho de que nadie pareciera estar buscándola con demasiado empeño tampoco le había venido nada mal.

No había ninguna prueba que pudiera indicar que se trataba de un crimen: ni cuerpo, ni coche, ni bolso.

Los registros telefónicos y bancarios mostrarían que desde su desaparición se habían realizado llamadas y se había accedido a su cuenta desde distintos cajeros automáticos de la zona de Londres.

Como la mayoría de la gente, Neve utilizaba la fecha de su cumpleaños como contraseña, con lo que entrar en su cuenta le resultó muy sencillo.

Se había asegurado de llevar una gorra bien calada por si había cámaras de seguridad que lo captaran accediendo a la cuenta en el momento de la transacción y se la había dejado puesta mucho después de salir del banco, pues era muy consciente del extenso alcance de las cámaras de vigilancia.

Por tanto, las pruebas sugerían que Neve se había marchado sin decírselo a nadie; algo irresponsable, por supuesto, pero no había sido víctima de ningún crimen.

Claramente preocupado por ella, Lawrence Spellman lo había interrogado varias veces y su fastidioso amigo se había dejado caer por allí, pero ambos se habían rendido enseguida al darse cuenta de que Max no sabía nada.

Todo había salido según lo planeado… hasta esa noche.

Que Hugo Everly apareciera en su puerta era más de lo que su mente podía asimilar.

Necesitaba algo de tiempo para comprender qué implicaba tener a su antepasado en el presente.

En teoría, Hugo no podía hacer gran cosa, pero ¿quién sabe?

También era lord Everly y, si fuera capaz de probar su identidad, podría reclamar sus tierras.

¿Y qué pasaría si regresara a su propia época y consiguiera evitar el arresto?

Era obvio que estaba enamorado de Neve, esa zorra que lo había rechazado y no había tardado nada en acostarse con un traidor que apestaba a caballo y empuñaba una espada, si aceptaba marcharse con él, bien podrían casarse y engendrar un heredero, con lo cual Max quedaría fuera de la línea de sucesión.

A pesar de lo incierto de su situación, Hugo podía hacer mucho para destruirle la vida.

A menos que, por supuesto, volviera a desaparecer, como se suponía que debía hacer, pensó Max con amargura.

Por el momento, Hugo carecía de identidad y por tanto no era legal en el siglo xxi .

Si le sucedía algo, nadie lo buscaría, excepto Neve, puesto que oficialmente no existía.

¿Pero qué le diría ella a la policía? ¿Que había traído a un hombre del siglo xvii a través del pasadizo de una iglesia?

¿Quién iba a creerse eso? Pensarían que había perdido el juicio y la someterían a una evaluación psiquiátrica, que no superaría a menos que se retractara de su historia.

Incluso aunque el cadáver de Hugo apareciera en algún sitio, nadie podría identificarlo ni encontrar a su asesino, ya que no habría forma de relacionarlo con los Everly.

Ese sería el crimen perfecto: liberaría a Max y despejaría su camino hacia el poder.

Lo único que tenía que hacer era evitar que Neve y Hugo se marcharan.

Podía invitar a Hugo a ir de caza y dispararle «por accidente» o tal vez llevarlo a pescar y ahogarlo en el arroyo.

Aquella era una idea aún mejor, ya que el cuerpo podría flotar corriente abajo y quedar limpio de cualquier prueba.

Se sirvió otra copa, pero esta vez se permitió paladearla despacio.

Necesitaba tiempo para pensar en los detalles, no debería de ser muy difícil.

Esa noche se habían levantado ampollas, pero por la mañana arreglaría las cosas y pondría su plan en marcha.

Además, cuanto antes, mejor, su madre regresaría en una semana y no era necesario involucrarla en el plan.