El pasaje secreto (La tierra de prodigios 1) Capítulo 36
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Capítulo 36

TREINTA Y SEIS

El viaje de regreso a Everly Manor duró varios días, durante los cuales fui sorprendentemente feliz.

La posibilidad de que nos persiguieran parecía menos probable y el reciente y tierno romance que había surgido entre Hugo y yo me dejó llena de esperanza y borracha de felicidad.

Al fin y al cabo, puede que tuviéramos algo de control sobre nuestro futuro y ahora que yo estaba aquí con Hugo, quizás no desaparecería, sino que se quedaría en Everly Manor para envejecer conmigo.

Sentí una punzada de lástima por Max, ya que este giro de los acontecimientos podría interferir en su porvenir, pero no había nada que pudiera hacer.

Suponía que no podría cambiar ningún suceso histórico importante, pero a lo mejor sí la historia de un hombre y su familia.

Sonreí al descubrir que Hugo me estaba mirando.

Verlo feliz me alegraba el corazón. No me había percatado de lo hosco y contenido que se había mostrado hasta que vi aquel nuevo e inesperado lado suyo, uno que hacía que me dieran ganas de saltar de mi caballo en ese mismo momento y arrastrarlo al bosque para disfrutar con él de media hora de una privacidad muy necesaria.

Sentía como si todo mi cuerpo estuviera en llamas, como si de cada una de mis terminaciones nerviosas surgieran chispas eléctricas que me convertían en conducto de la corriente que fluía entre nosotros.

Hugo no les había contado nada a los hombres, pero no había sido necesario, percibieron el cambio de inmediato y no perdieron la oportunidad de hacer comentarios aparentemente inocentes cargados de doble sentido.

Pensé que Hugo podría enfadarse, pero parecía divertirse y disfrutar de la camaradería de nuestro pequeño grupo.

Jem había regresado a su mula y su carita relajada a veces mostraba perplejidad al percibir que algo que se escapaba a su comprensión había cambiado entre los adultos.

El siguiente obstáculo sería Jane. Su hijo era el heredero de Hugo, así que tal vez no viera con buenos ojos a una mujer que pudiera cambiar eso, pero, por otro lado, sabía que ella y Hugo se querían de verdad, así que quizás le agradara ver a su hermano feliz.

La sombra de la inminente rebelión se cernía sobre mi cabeza, pero intenté no darle demasiadas vueltas, a pesar de que la maquinaria ya se había puesto en marcha.

El día anterior, 17 de abril, se había celebrado en Ámsterdam una reunión en la que el conde de Argyll había sido nombrado capitán general del ejército invasor que debía zarpar hacia Escocia en un plazo de dos semanas.

Su empresa estaría condenada al fracaso, plagada de un contratiempo tras otro hasta que el conde de Argyll se viera acorralado y fuera arrestado y posteriormente ejecutado, pero, hasta aquel momento, ninguno de los responsables conocía el terrible destino que los aguardaría en los dos meses siguientes.

El propio Monmouth desembarcaría en Dorsetshire a mediados de junio y sería ejecutado a mediados de julio y la rebelión, que comenzaría con gran ímpetu y una esperanza exultante, se extinguiría en menos de un mes y terminaría en una amarga decepción para todos los que se habían unido al candidato protestante.

Hugo ya estaba implicado por tratar de conseguir apoyo para la insurrección, pero, si no se unía a las fuerzas de Monmouth en el West Country en junio, todavía cabía la posibilidad de que pudiera escapar, que era lo que yo esperaba.

Le conté todo lo que pude sin darle nombres ni fechas exactas para no despertar sospechas, pero el propio Norfolk ya había confirmado algunas de mis predicciones, pues le había escrito para informarlo de los últimos acontecimientos.

Por el momento, la idea era regresar a Everly Manor a tiempo para Pascua, que caía el 22 de abril.

Hugo, Jane, Clarence y todos los sirvientes y arrendatarios asistirían al servicio protestante de St. Nicolas el domingo por la mañana.

Al servicio le seguiría una cena de Pascua para los protestantes y una misa católica clandestina celebrada por un sacerdote católico en una capilla privada de la propiedad de los Nash para la familia directa y sus invitados.

No estaba del todo segura de cuál sería el código de conducta adecuado para alguien como yo, que era un miembro honorario de la familia pero no de la misma religión, por lo que pensé que sería más prudente quedarme apartada.

Sin embargo, la expresión de Hugo me dijo lo contrario, él esperaba que asistiera, sobre todo porque planeaba presentarme a su mejor amigo y anunciar nuestra idea de partir.

Sentí una extraña aprensión cuando vi aparecer las torres de Everly Manor.

Durante el viaje la situación me había parecido manejable, pero ahora que volvíamos podía pasar cualquier cosa.

Miré de reojo a Hugo, que se mostraba en apariencia tranquilo, aunque percibí la tensión de su mandíbula cuando se detuvo para mirar hacia la vieja y sólida casona que se alzaba orgullosa en la cresta.

El sol del atardecer teñía las ventanas con parteluces de un brillante tono carmesí.

La luz cambiaba y se retorcía como un ser vivo, parecía como si unas llamas estuvieran devorando la casa desde dentro, una imagen inquietante que me acompañaría durante años.

No creía en los presagios, pero el aspecto ígneo del lugar me causó una fuerte impresión.

Hugo me dedicó una sonrisa tranquilizadora mientras galopábamos hacia la mansión, ansiosos por llegar justo antes del Viernes Santo.