El pasaje secreto (La tierra de prodigios 1) Capítulo 20
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Capítulo 20

VEINTE

Max dejó el maltrecho cuaderno y contempló el cielo púrpura que se extendía al otro lado de la ventana.

Empezaban a aparecer las primeras estrellas, que titilaban como si fueran conocedoras de algún jugoso secreto.

La lámpara de mesa proyectaba una luz brillante sobre la tinta descolorida y las páginas amarillentas, quebradizas y de bordes curvados.

Tal vez ahora él también conociera un secreto.

Tras leer la narración de Henry, no podía imaginar que la hubiera inventado un chaval de quince años.

No era descabellado pensar que escribiera una historia para pasar el rato, pero los detalles no parecían producto de la imaginación de un adolescente.

Describía su confusión, su miedo y un encuentro con un grupo de soldados que lo llevó a Escocia para unirse al ejército de Cromwell.

Su relato sobre la batalla de Dunbar le provocó escalofríos y los escabrosos pormenores hicieron que le temblaran las manos mientras sostenía el cuaderno.

Ningún muchacho de principios de siglo podría haber descrito la carnicería con tantos detalles sangrientos ni inventado semejante historia de supervivencia y su posterior huida de vuelta al siglo xx .

Henry había escrito aquello muchos años antes del comienzo de la Gran Guerra, por lo que sus conocimientos bélicos se limitarían a lo aprendido en las aulas, donde ningún tutor revelaría jamás detalles tan inapropiados a un muchacho joven, en particular las partes sobre las rameras de campamento y los encuentros con putas, que también describía.

Hablaba de cómo había perdido la virginidad con una prostituta de catorce años llamada Mabel, precisaba sus sensaciones y prestaba gran atención a su entorno, que era sórdido hasta decir basta: gente que mantenía relaciones sexuales al aire libre sin ningún tipo de pudor ni necesidad de privacidad; hombres que gruñían como cerdos mientras fornicaban sin ninguna consideración hacia las mujeres que utilizaban y a quienes pagaban en moneda, comida o incluso ginebra, cualquier cosa que tuvieran a mano.

Explicaba cómo los soldados esperaban pacientes mientras sus compañeros se turnaban con una ramera, dándose ánimos y aconsejándose los unos a los otros.

A pesar de la descontrolada prostitución de la Inglaterra victoriana, un niño como Henry habría crecido protegido y completamente ajeno a los detalles escabrosos, aunque estuviera al tanto de los hechos básicos.

Por desgracia, lo que no especificaba era la ubicación del pasadizo.

Decía que había encontrado una puerta secreta, pero no mencionaba dónde.

La cripta era bastante grande y se extendía a lo largo y ancho del edificio de la iglesia y, aunque Max había bajado varias veces, nunca había notado nada fuera de lo normal.

Tendría que ir a explorar, pero no antes de resolver el tema de Neve.

Parecería demasiado sospechoso que empezara a merodear por la cripta unos días después de que la hubieran visto bajar allí por última vez.

Pensar en Neve lo hizo cambiar de rumbo.

Parecía que Henry se había trasladado a 1649, pero ¿significaba eso automáticamente que ella viajaría al mismo año?

Suponiendo que el pasadizo condujera de verdad al siglo xvii , ¿podría ser que Neve llegara allí antes o después que Henry?

¿Y si conocía a Hugo? Max siempre había sentido una cierta fascinación por él, en parte provocada por la falta de información sobre su destino; pero ¿y si Neve hacía algo para alterarlo?

Su linaje descendía del sobrino de Hugo; pero ¿qué pasaría si este no muriera y en vez de eso engendrara un hijo?

Clarence nunca llegaría a heredar y Max no sería lord Everly ni el dueño de las propiedades.

Era un pensamiento tan inquietante que intentó apartarlo.

No tenía ninguna prueba de que Neve hubiera retrocedido en el tiempo, ni tampoco de que se hubiera trasladado a la época de Hugo Everly.

Y de haber sido así, ¿sería capaz de cambiar el pasado o estaba escrito en piedra como algo inevitable, teniendo en cuenta lo avanzado que estaba el siglo xxi ?

Max observó como el último rayo de luz se desvanecía en el cielo y la oscuridad se asentaba sobre el campo que se vislumbraba desde la ventana.

Las estrellas brillaban más ahora y la media luna colgaba baja, casi rozando las copas de los árboles y un poco inclinada hacia un lado, como si estuviera borracha.

Emborracharse le parecía una gran idea, pero tenía que mantenerse alerta.

Esperaría hasta la medianoche e iría a recuperar el coche de Neve, aprovechando que a esas horas el pueblo estaría desierto y la mayoría de sus habitantes, dormidos.

De ese modo podría irse sin que nadie lo viera, conducir por la estrecha pista que llevaba al pabellón y dejarlo en el viejo establo tapado con una lona.

Seguro que en el cuarto de botas encontraría algún candado con el que cerrar el establo.

Miró el reloj y fue a servirse una copa, a pesar de su propósito de no beber.

Si Neve había cruzado el pasadizo el domingo por la mañana, ¿dónde estaba?

¿Qué le había ocurrido? Puede que se diera la vuelta y regresara de inmediato al encontrarse en la época equivocada.

Era una chica inteligente e ingeniosa, no un ingenuo adolescente que había crecido en la época victoriana.

«¿Y si estaba herida o la habían asaltado?

», se preguntó mientras tomaba un trago de su gin-tonic .

Una parte de él quería acudir en su rescate y hacer realidad la fantasía infantil del caballero de brillante armadura que llega como salvador, pero otra parte de él deseó de repente que no reapareciera nunca.

Su regreso plantearía todo tipo de preguntas y ¿qué pasaría si decidía contar la verdad?

Hoy en día no se encerraba a la gente en manicomios.

Su historia causaría un gran revuelo y atraería a toda clase de personas a su puerta: científicos, arqueólogos, periodistas y todo tipo de gentuza que quisiera formar parte de algo sensacionalista o cumplir la fantasía de vivir en otra época.

Se sirvió otra copa y se quedó mirando el reloj. ¿Se le estaba acabando el tiempo?