El pasaje secreto (La tierra de prodigios 1) Capítulo 16 #4
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Capítulo 16 #4

Me puse en pie y estaba a punto de marcharme cuando la sonrisa de Hugo me detuvo en seco. Estaba recostado en la silla, con las manos entrelazadas sobre la barriga y la cabeza echada hacia un lado, pero notaba que era una pose forzada. Estaba tramando algo.

—¿Por qué sonreís de esa manera? —pregunté, poniéndome nerviosa de repente.

—Que paséis una buena noche, señorita Ashley.

Descansad bien, ya que sin duda os marcharéis por la mañana.

—Me di cuenta de que había algo más, esperé en silencio para obligarle a contármelo—.

Vos y yo partiremos por la mañana para visitar a otro devoto partidario de la causa de Monmouth.

—Parecía estar disfrutando de su pequeño anuncio, me observaba como un gato que juega con un pájaro al que está a punto de devorar.

—¿Qué? ¿Por qué?

—No puedo dejaros marchar después de todo lo que acaba de pasar, ¿no creéis?

Con lo que sabéis sobre mí, los hombres del rey podrían arrestarme por traición o Monmouth podría matarme si descubre mi verdadero propósito.

También sabéis quién es el verdadero padre de mi sobrino y eso puede poner en riesgo su herencia, ya que, aunque según la ley es hijo de Ernest, en realidad es un bastardo y no tiene derecho a la propiedad.

Ernest tiene una hija de un matrimonio anterior a la que le encantaría saber lo que acabáis de contarme.

Lo siento, querida mía, pero no pienso perderos de vista.

—¿Y cómo explicaréis mi presencia a vuestros compañeros, «querido mío»? —pregunté en tono burlón. Estaba enfadada y quería que lo supiera.

—Diré que sois mi querida.

—¡¿Vuestra querida?! —Casi me atraganto con la palabra—. ¿Os habéis vuelto loco?

—La locura tiene muy poco que ver con mi decisión. Es la supervivencia lo que me mueve. Muchos hombres llevan a sus esposas y queridas para que las reuniones parezcan más sociales que políticas. Al fin y al cabo, nadie desea ser acusado de traición, sobre todo cuando el juego acaba de empezar.

El brillo de sus ojos me molestó de verdad. Se estaba divirtiendo a mi costa y no solo me insultaba, sino que estaba tomando el control de mi vida y tratando de manejarme a su antojo.

—¿Y si me niego? —Lo desafié. Le resultaría difícil obligarme a actuar como una querida, incluso aunque consiguiera arrastrarme con él.

—Como vos misma habéis admitido, estáis sola, sin dinero y teméis por vuestra seguridad.

Os ofrezco una vida cómoda y relativamente segura hasta que se produzca la rebelión.

Después, seréis libre de seguir vuestro propio camino, siempre y cuando mantengáis la boca cerrada sobre la paternidad de mi sobrino, que en cualquier caso ya no tendrá importancia, puesto que para entonces lo estipulado en el testamento ya se habrá cumplido.

Clarence debe tener trece años para heredar las propiedades de su padre, y los cumplirá en junio.

Os prometo que se os pagará bien por vuestro silencio como muestra de mi agradecimiento. ¿Hay trato?

—No, no lo hay. Quiero ser libre para irme.

¡Ahora mismo! —« Este cabrón insolente», me dije con rabia.

Había pensado en todo mientras me hacía creer que estaba conmocionado por mis palabras.

Era listo como el hambre y con todo certeza había analizado todas las alternativas y dado con la única que garantizaba mi silencio.

—Lo siento, pero no puedo dejaros marchar.

Necesito manteneros a mi lado, y creo que vos también podríais necesitarme.

No habríais vuelto si no sintierais algo por mí, por mínimo que sea, partamos de ahí y hagamos que la situación funcione para ambos.

Jane tiene unos cuantos vestidos y joyas que puede prestaros, ya que no los utiliza durante el luto.

También puede instruiros sobre cómo debéis comportaros y qué es lo que se espera de vos.

Podéis haceros pasar por mi querida, lo cual no debería ser demasiado complicado.

Vuestro don de la Visión puede resultarnos útil durante los próximos meses.

—¿Por qué queréis que me haga pasar por vuestra querida? —exclamé, aún atónita por la sugerencia.

—Si lo preferís podéis viajar como mi sirvienta, pero creo que os sentiríais mucho más cómoda como mi querida, y también se aceptaría mejor vuestra presencia.

Por favor, no os preocupéis, no tengo intención de forzaros a cumplir ninguna obligación romántica, a menos que realmente queráis —añadió con una sonrisa traviesa—.

Sin embargo, tendréis que fingir que estáis enamorada de mí o el ardid fracasará.

¿Creéis que podréis hacerlo durante unas cuantas horas?

—No voy a ir con vos —exclamé. ¿De verdad podía obligarme? Lo único que quería era alejarme de aquella casa y de aquel maldito hombre. Parecía que cada vez que me acercaba a él ocurría algo inesperado que me hacía sentir desorientada y sin control sobre mi vida.

—Sí, vendréis. Podéis venir por las buenas e intentar aprovechar la situación al máximo… o por las malas. Tengo los medios y el personal necesarios para manteneros encerrada —respondió en un tono cordial, y le dio otro sorbo al vino.

Por fin se puso en pie y, tomándome con suavidad por el codo, me empujó hacia las escaleras. Caminé dócil delante de él, sabiendo que, si iba a escapar, de todos modos tendría que esperar hasta la mañana.

—Que descanséis, Neve —dijo Hugo cortésmente mientras cerraba la puerta con llave.