Capítulo 5
CINCO
El móvil me sonó unos segundos después de cruzar la puerta de mi habitación, un sonido estridente y alarmante en el apacible silencio de la planta superior.
Lo cogí y miré la pantalla. Evan. Otra vez.
No había hablado con él desde que le anuncié lo del aborto, pero no podía seguir evitándolo para siempre y aquel momento era tan bueno como cualquier otro, ya que de todas formas estaba de mal humor por el episodio de la iglesia de aquella mañana y la incómoda situación en la que lady y lord Everly me habían puesto al involucrarme en sus discusiones familiares.
Acepté la llamada y me pegué el teléfono a la oreja con cierta inquietud.
Mentiría si dijera que no lo echaba de menos, habíamos estado mucho tiempo juntos y gran parte de ese tiempo había sido bueno.
Echando la vista atrás, supongo que yo lo quería más de lo que él nunca me había querido a mí, pero había sido cariñoso y amable, aunque no siempre muy generoso, sobre todo respecto a su tiempo.
Hasta que le dije que estaba embarazada no le vi el lado manipulador y despiadado que tanto me sorprendió, y ya era tarde cuando me di cuenta de que siempre antepondría sus intereses a los míos.
—Hola, Evan —saludé, esperando no estar cometiendo un terrible error al hablar con él.
Como el abogado que era, solía ser capaz de venderme la moto, y no quería darle la oportunidad de que me convenciera para volver con él, si eso era realmente lo que pretendía.
Tal vez quisiera pedirme que le devolviera los pendientes de diamantes que me había regalado por mi vigesimoquinto cumpleaños o la primera edición de Historia de dos ciudades , que era uno de mis libros favoritos y con el que me había sorprendido en nuestro aniversario del año anterior.
—Neve, gracias a Dios que al fin respondes —exclamó Evan, que parecía nervioso y atónito—. Por favor, escúchame, cariño.
No dije nada, así que continuó, animado por mi silencio. Supongo que se lo tomó como un consentimiento.
—Mira, he sido un villano de proporciones bíblicas —empezó.
—¿Por qué? ¿Has matado por fin a tu hermano?
—No pude evitar preguntárselo, con la voz destilando sarcasmo.
Evan despreciaba a su medio hermano Noah como solo un hermano podría despreciar a otro.
Mientras que Evan era ambicioso, culto y con iniciativa, Noah era el hermano despreocupado que nunca tenía dinero, vivía en los sofás de los demás y fumaba grandes cantidades de marihuana, pero que de alguna manera todavía se las arreglaba para pintar lienzos tan originales y de una belleza tan extraña como para ganar más dinero del que Evan pudiera soñar jamás.
Nunca llegamos a averiguar qué hacía con ese dinero, ya que parecía llevar los mismos vaqueros desde el año anterior, pero Noah era uno de los iconos de la cultura pop del siglo xxi , siempre acosado por los paparazzi y perseguido por mujeres espectaculares a quienes no parecían importarles su pelo enmarañado ni sus camisas salpicadas de pintura.
—Ponte seria, anda —dijo Evan con su mejor voz de «abogado dirigiéndose al jurado»—. Por lo que sé, Noah está vivito y coleando. Y ahora, por favor, escúchame.
—De acuerdo, habla —cedí, dejándome caer sobre la cama. Necesitaba estar sentada para tener esa conversación.
Esperaba que Evan empezara a hablar, pero de repente se quedó callado, pensando en algo.
—¿Dónde estás? —preguntó de pronto .
—En Surrey, ¿por qué?
—Porque creo que tenemos que hablar en persona, eso es todo. Esta no es conversación para tener por teléfono. ¿Puedo ir a verte?
—Estoy trabajando.
—Lo sé, pero no tardaré mucho, lo prometo. Solo quiero hablar contigo cara a cara. Te quiero muchísimo, Neve. Por favor, dame la dirección.
Respiré hondo y me separé el teléfono de la oreja por un momento.
Estaba intentando manipularme, pero de repente me di cuenta de que sus tácticas no funcionaban, mis sentimientos hacia él habían cambiado.
El amor que sentía había desaparecido y lo había reemplazado el dolor y el resentimiento.
Esos sentimientos negativos se irían con el tiempo, pero el amor no volvería a ocupar su lugar.
En mi imaginación romántica, había dotado a Evan de todo tipo de cualidades caballerescas, pero ahora lo veía con claridad: era un hombre egoísta y con defectos que quería una vida segura y cómoda que girara en torno a sus necesidades, y estaba convencida de que encontraría a una mujer que se la diera, pero no sería yo.
Volví a acercarme el teléfono a la oreja y hablé antes de darle la oportunidad de interrumpirme:
—Estoy en Everly Manor, en Cranleigh. Si quieres puedes venir mañana, pero ya te aviso de que va a ser un viaje en balde.
—Gracias, Neve. Nos vemos mañana. —Escuché un deje de triunfo en su voz, pero no le dejaría ganar. Lo que sí haría sería darnos a ambos la oportunidad de cerrar una etapa.
Corté la llamada y lancé el teléfono sobre una cómoda. Me sentía emocional y físicamente agotada, me puse el pijama y me metí en la cama, esperando que mañana fuera un día mejor.
Pasé mala noche soñando con Evan que jugaba feliz con un niño pequeño, con caballeros del siglo xvii , lores de nuestra época y madres entrometidas.
En algún momento de la madrugada, soñé con una chica de no más de dieciséis años que lloraba en silencio mientras Hugo Everly permanecía de pie junto a ella, mirándola con el ceño fruncido, como una tormenta a punto de estallar.
Ella ocupaba un taburete bajo y se rodeaba la cintura con los brazos en ademán protector, sus enormes ojos oscuros suplicaban piedad en silencio.
—No puedes quedártelo, Jane —dijo Hugo con cariño—.
Te quedarás confinada en esta casa hasta que nazca, y luego la partera se lo llevará.
Se lo entregará a una familia del pueblo que recibirá una pensión anual para el sustento del bebé.
Estará bien cuidado, pero no podrás tener ningún tipo de contacto, ni con la familia ni con el pequeño. ¿Entendido?
La joven lloró con más fuerza, las lágrimas le rodaban por las mejillas y se deslizaban dentro de su boca abierta mientras se mecía adelante y atrás.
—Hugo, te lo suplico, no me quites el bebé. Por favor —rogaba mientras él la observaba con recelo, y su mirada se suavizó durante una fracción de segundo.
—Janey, no estás casada, ni siquiera prometida.
¿Cómo puedes quedarte con el niño sin provocar un escándalo y humillar a la familia?
Ya es bastante malo que dejaras que ese canalla te sedujera, pero ahora estás encinta y, como cabeza de familia, me corresponde a mí hacer todo lo que esté en mi poder para preservar tu honor.
Tal vez sufras un aborto espontáneo, eso sería lo mejor para todos.
—La voz de Hugo denotaba tristeza y firmeza al mismo tiempo.
—Lo quiero —murmuró Jane al levantar la vista hacia su hermano—. Lo quiero, Hugo. Quizá se case conmigo cuando se entere de que voy a tener un niño. —Parecía tan esperanzada que su hermano se estremeció al asestar el golpe final.
—Janey, ya lo sabe —dijo con suavidad—. Fui a verlo anoche. Está prometido con otra persona y me dejó muy claro que esta situación no alterará en modo alguno sus planes. No es el santo que crees que es.
—Hugo, por favor —gimió Jane—. Haré cualquier cosa, lo que sea, pero, por favor, no te lo lleves .
—¿Cualquier cosa? —preguntó él, entrecerrando los ojos de una forma que sugería que podía habérsele ocurrido algo.
—Lo que sea. —Jane le sonrió, y la inocencia y confianza que mostraba su joven rostro le partían el corazón.
—Que así sea, hermana, pero una vez que hayas aceptado, no habrá vuelta atrás.
—¿Aceptado qué? —preguntó Jane, repentinamente asustada.
—Lo que sea que te proponga. Dame una semana. —Hugo abandonó la estancia a grandes zancadas, dejando el rostro bañado en lágrimas de Jane resplandeciente de esperanza.
Me senté de golpe en la cama. ¿Acababa de soñar con Jane Everly o mi mente me estaba jugando una mala pasada?
Este lugar estaba teniendo un efecto muy extraño en mí.
Me desperecé y salí de la cama, preparada para otro día de pulir detalles, enviar información a mi jefe, Lawrence Spellman, y consultarle unas cuantas minucias antes de redactar los documentos.
Me estaba poniendo el abrigo para ir al museo cuando, desde la ventana del vestíbulo, vi que el coche de Evan entraba en el aparcamiento.
Mi primer impulso fue salir corriendo hacia el bosque por la puerta de atrás, pero eso sería inmaduro, por no decir inútil.
Tarde o temprano daría conmigo y la conversación que tanto rehuía tendría lugar de todos modos.
No había mejor momento que el presente, aunque, en mi interior, ya no quedaba nada por decir.
Le había dicho que necesitaba tiempo para pensar, para aclarar las cosas, pero hacía meses que mi corazón ya lo había aclarado todo.
Ahora solo tenía que hacérselo entender a Evan, algo que le costaba cuando no coincidía con sus propios deseos.
Me subí la cremallera del abrigo y salí, desesperada por evitar que los Everly o su personal pudieran escuchar el enfrentamiento.
Al contrario que lady Everly, que parecía disfrutar con ello, a mí no me gustaba lavar los trapos sucios en público, avancé rápidamente hacia el coche, haciendo un gesto de asentimiento como respuesta al saludo de Evan.
No lo había visto en casi tres meses y me sorprendió ver que había perdido aún más peso y que en su cabello rubio ceniza asomaban unas cuantas canas más.
Tras las modernas gafas sin montura, me estudió por un momento con ojos ansiosos, pero esbozó una sonrisa cautelosa cuando me acerqué.
—Neve, tienes muy buen aspecto —dijo mientras se inclinaba para darme un beso. Lo evité girando la cabeza, por lo que me besó la mejilla, me ofreció el brazo y avanzamos hacia el lúgubre jardín.