El partido más largo (Game Changers 6) Capítulo 39 #2
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Capítulo 39 #2

Entonces, Shane descubrió a Ilya entre la multitud, hablando con Zane Boodram. Estaba increíble, por supuesto, con su traje color burdeos. Tenía a Anya a los pies, recién cepillada y con un lazo del mismo tono burdeos en la cabeza.

Shane no estaba seguro de tener permitido acercarse a Ilya. Todo el tema era muy informal; ni siquiera había sillas.

Ilya se dio la vuelta y se miraron a los ojos. Ilya le dedicó una de sus espontáneas sonrisas atractivas, y Shane sintió que todo el cuerpo se le ponía duro como una piedra.

«Vamos a casarnos».

Alguien le dio un golpecito en el codo y al volverse vio a la jueza de paz que habían contratado para oficiar la ceremonia.

—¿Listo? —le preguntó la mujer con una cálida sonrisa.

Shane miró a Ilya de nuevo y dijo con los labios: «¿Vamos?».

Ilya asintió.

Shane soltó el aire.

—Sí. Listo.

—¿Tienes el anillo? —susurró Shane mientras estaban uno frente a otro, delante de todo el mundo.

A Ilya le costó mucho contenerse para no poner los ojos en blanco.

—¿Por qué? ¿Tan importante es?

Shane lo fulminó con la mirada y la jueza de paz —Nancy —empezó con la ceremonia.

Dijo algunas palabras que seguro que eran muy emotivas pero que Ilya no escuchó porque solo estaba concentrado en Shane.

Estaba guapísimo y radiante de felicidad.

Le costaba creer que fuera la misma persona que aquella de la que Ilya había intentado pasar en el aparcamiento del estadio de Saskatchewan trece años antes.

Salvo por las pecas, que eran las mismas. Y por los ojos oscuros e inteligentes, y las pestañas largas y negras. La adorable naricilla y los labios suaves y cautivadores. Todos esos rasgos eran los mismos.

El modo en que se le revolucionaba el corazón a Ilya cuando lo miraba también era el mismo.

—¿Ilya? —preguntó Nancy con amabilidad.

—¿Eh? Perdón.

Oyó risas a su alrededor y sonrió como un bobo.

—Puedes sacar el anillo.

Claro. Sí. La boda.

Sacó el anillo del bolsillo de la americana y esperó instrucciones. No habían escrito los votos ellos porque, bueno, ninguno de los dos era especialmente elocuente.

—Por favor, repite conmigo —dijo Nancy—. Invito a las personas aquí presentes…

Ilya repitió las palabras con cierta torpeza. ¿Tenía un acento más marcado que de costumbre? Sonaba ridículo.

—A ser testigos de que yo, Ilya Rozanov…

Ay, madre. Se había acordado de no utilizar su segundo nombre. Ilya no quería que hubiera nada que le remitiese a su padre aquel día. Repitió las palabras.

—Te tomo a ti, Shane Hollander, como esposo ante la ley.

Vale, quizá habría sido mejor que escribieran ellos los votos. Eso sonaba superfrío. Totalmente acartonado y falto de emoción. ¿Quién iba a emocionarse con esos votos tan prototípicos?

A Ilya se le quebró la voz antes de llegar siquiera a decir el nombre de Shane. Y eso hizo que toda la cara de Shane se contrajera en un esfuerzo, supuso Ilya, de evitar las lágrimas.

—Lo siento —susurró Ilya.

Shane se limitó a negar con la cabeza; tenía los labios apretados. Con cierto esfuerzo, consiguió repetir los votos cuando le tocó el turno. Entonces Nancy les facilitó algunas palabras más para que las dijeran mientras intercambiaban los anillos.

—Con este anillo, te amaré, te honraré y valoraré. Y este anillo es el símbolo de mi amor —dijo Shane.

—Descarado —murmuró Ilya, lo que hizo que Shane resoplara y se echase a reír. Al oírlo, todos se rieron.

Shane deslizó el anillo ensanchado en el dedo de Ilya, quien le sonrió embobado.

Nancy dijo algunas cosas aburridas que terminaron con «Shane e Ilya, yo os declaro casados. Podéis celebrar vuestro matrimonio con un beso».

¡Sí, ya era hora! Ilya agarró a Shane, lo inclinó hacia atrás y le plantó un buen beso. Todos los asistentes vitorearon.

Shane se quedó mareado después del beso, pero Ilya levantó las manos juntas de los dos en el aire y exclamó:

—¡Nos hemos casado!

Ilya no tenía la menor idea de adónde se suponía que debían ir a continuación. No había pasillo ni nada, y estaban en su casa.

—Eh —dijo Nancy en voz baja—, aún os falta firmar unos documentos.

—Ah, claro —dijo Shane—. Entonces ¿entramos?

—Sí —coincidió Ilya. Por lo menos ahora ya tenían un destino. Se dirigió a los invitados—: Tenemos que ir a firmar unas cosas, pero ¡enseguida volvemos para celebrarlo!

Más vítores. Incluso Dykstra preguntó a voces:

—¿Os hace falta un DJ?

Ilya lo señaló con el dedo.

—No.

Fueron a toda prisa dentro de la casa, con las manos entrelazadas, mientras sus amigos los aplaudían y felicitaban.

—La boda de verdad no ha sido esta —le aseguró Ilya a Ruby mientras se zampaban un pedazo de tarta mano a mano—. La auténtica fue la que hicisteis vosotras. Esto solo ha sido un paripé.

Ruby le sonrió y le dio un codazo a su hermana.

—Te lo dije.

Empezaba a atardecer y alguien había encendido las tiras de luces que Yuna había insistido en colocar por todo el jardín. Era bonito. Mágico.

Los vecinitos de Ilya, Willa y Andrew, se acercaron y llevaron a Ruby y a Jade a jugar a algo en lo que parecía que tenían que correr mucho.

—En fin —dijo una voz detrás de Ilya. Levantó la mirada desde el césped, en el que estaba sentado, y vio a Hayden—. Me has robado a mi mejor amigo.

—Sí. Pero tú nos obligaste a salir del armario con un vídeo de FanMail, así que creo que estamos en paz.

—Mira, lo siento muchísimo, joder. No…

Ilya se rio y se puso de pie.

—Era una broma.

—Ah. Bueno, me alegro por vosotros —dijo Hayden. Y añadió algo taciturno—: Y ya entiendo por qué Shane ha dejado Montreal. Pero voy a echar de menos tenerlo por ahí.

—Deberías unirte a Ottawa. Tu prima debe de ser barata, ¿no?

Hayden negó con la cabeza.

—Qué difícil es cogerte cariño, Rozanov.

—No es eso lo que opina Shane.

—¿Qué es lo que no opina Shane? —preguntó este, que había aparecido por detrás de Ilya.

—Nada —dijo Ilya sonriendo como el perdido enamorado que era al novio con el que acababa de casarse.

—Esto… —dijo Shane nervioso—. A mi madre se le ha metido en la cabeza que tenemos que, tipo, bailar. Delante de todo el mundo.

—¿Ah, sí?

—La verdad, ni se me había ocurrido, pero supongo que es típico de las bodas, ¿no?

Hayden lo miró atónito.

—Sí, es puto típico de las bodas, capullo. ¿Es que ni siquiera habéis elegido una canción?

—Shane no conoce muchas canciones —dijo Ilya.

Al parecer, Shane estaba tan nervioso que ni oyó la pulla de Ilya.

—Entonces ¿qué? ¿Vamos sin más a quien sea que se encargue de la música, le pedimos que ponga una canción y, rollo, nos ponemos a bailar lento en mitad del césped? No sé bailar, en serio.

—Ven —dijo Ilya, y le tendió la mano.

Resultó que Harris había tomado el papel de encargado de la música y había conectado el móvil a los altavoces inalámbricos de Ilya, que alguien había sacado al jardín.

—Harris —lo llamó Ilya desde el centro del césped—. Pon algo romántico.

—¿Vais a dejar que elija yo? —preguntó Harris aterrado.

—Pon cualquier cosa. Está bien. —Ilya miró la cara ansiosa de Shane—. Algo corto.

Ilya le tendió la mano a Shane.

—Ah, ¿vas a llevarme tú? —preguntó Shane.

—Sí. Porque no sabes bailar.

Shane resopló y le dio la mano, luego colocó la otra en la espalda de Ilya mientras empezaban a sonar las primeras voces de «Diamonds», de Rihanna.

—Qué elección tan rara —dijo Shane.

—No —dijo Ilya con cariño—. Es perfecta.

Bailaron —bueno, dieron vueltas— bajo las luces y rodeados de todos sus seres queridos mientras Rihanna cantaba una letra que, en secreto, siempre había hecho que Ilya pensara en Shane.

—Ay —dijo Shane, cuando ya había sonado media canción—. Me suena…

Ilya se echó a reír.

—Cariño, no tienes remedio… Me muero de lo mucho que te quiero.

Shane le sonrió de oreja a oreja.

—Lo siento, pero creo que la cosa no irá a mejor.

—Te equivocas —dijo Ilya con afecto—. Yo creo que lo mejor está por llegar.