El partido más largo (Game Changers 6) Capítulo 39
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Capítulo 39

Julio

—¿Qué piensas? —preguntó Shane.

Ilya no podía pensar. No tenía ni un solo pensamiento en la cabeza porque estaba lleno de una felicidad desbordante.

Faltaba una semana para la boda y Shane estaba delante de él con un jersey de los Ottawa Centaurs y una gorra de visera.

Sabía que Shane había ido aquel día a las oficinas del equipo a firmar el contrato, pero verlo en directo con el uniforme, en casa de Ilya, era irresistible.

—Consigues que ese logo tan tonto quede genial —dijo Ilya.

—Es ridículo, ¿verdad? ¿No soy yo?

—No. Lo pensamos todos. Ven aquí. —Ilya lo abrazó muy fuerte—. No me lo puedo creer. Es demasiado. Soy superfeliz.

Shane se rio pegado a él.

—Yo también. —Se apartó—. ¡Dios, me muero de ganas de jugar contigo! Sé que los dos somos centros, pero me apuesto a que nos pondrán juntos en la ventaja numérica. ¡Va a ser alucinante!

—Y —añadió Ilya— se acabó esconderse.

—Se acabó esconderse. Todas las personas que he conocido en dirección eran supersimpáticas. ¡Ah! Y Harris también estaba. Me ha gustado conocerlo por fin. Creo que lo han ascendido a director sénior de… algo. ¿Comunicaciones?

—Bien. Se lo merece.

—¿Sabes qué? Los dueños nos han reservado una mesa en un restaurante pijo del centro para esta noche.

—¿Con ellos?

—No. Tú y yo solos. Me han dicho que era su forma de darme la bienvenida al equipo, pero también… —Shane se puso colorado—. Han dicho que era un regalo de boda adelantado. ¿A que es increíble?

—Ya, son así.

Ilya conocía a los dueños —tres hermanos de una familia de rancio abolengo de Ottawa— desde hacía años y siempre se habían portado muy bien con él.

—Me he quedado alucinado. Casi se me olvida darles las gracias.

—Ay, al final habría sido mejor que te acompañase.

Habían decidido que Shane fuera en solitario a firmar el contrato, para que la prensa no se concentrara en ellos como pareja.

De todos modos, seguro que ocurría.

—Entonces ¿salimos a cenar esta noche?

Ilya sonrió.

—Una cita. Sí. ¿Puedes ponerte ese jersey?

Shane se rio.

—No.

—Entonces ¿puedo llevarte a la cama ahora mismo? ¿Y te dejas solo ese jersey puesto?

Shane se inclinó y lo besó.

—¿Es una novatada o algo así?

—Sí. Se lo hago a todo el mundo.

—Cállate.

—Troy estaba increíble.

Shane lo sacudió con las dos manos.

—Eres lo peor. Ven a devorarme.

Ilya sonrió y lo persiguió escaleras arriba.

Ilya se pasó una mano por la mejilla mientras se observaba con atención en el espejo. Le resultaba raro ir tan afeitado, pero le pareció que se vería desaliñado si se dejaba la barba de tres días. Quería estar perfecto.

Al fin y al cabo, era el día de su boda.

—Guau… —dijo una voz a su espalda. Ilya se dio la vuelta y vio a David de pie junto a la puerta del dormitorio—. Iba a ofrecerme a echarte una mano con la corbata o algo, pero está claro que no necesitas que te ayude.

Ilya le sonrió y luego sacó los gemelos. Le tendió las piezas redondas de oro y nácar al padre de Shane.

—Puedes ayudarme a ponérmelos.

David chasqueó la lengua y dio un paso adelante para coger los gemelos.

—Te agradezco que intentes hacerme sentir útil.

—¿Shane no necesita ayuda?

—Está con Yuna —dijo David, y ambos entendieron que significaba que Shane tenía toda la ayuda que le hacía falta.

Ilya extendió la muñeca izquierda y David la sujetó con cuidado.

Un alud de emociones entremezcladas sobrecogió a Ilya mientras observaba cómo el padre de Shane le pasaba con cuidado la parte inferior del gemelo por la tela blanca y almidonada de la camisa de vestir.

Era imposible imaginarse al padre de Ilya haciendo eso, aun en el supuesto de que hubiera estado vivo —Ilya tampoco habría querido que lo acompañara—, pero tener a David allí, ayudándolo a prepararse, era agradable. Más que eso.

—Solo pudimos tener un hijo —dijo David en voz baja—. Pensamos en adoptar, pero al final decidimos volcarnos en hacer de Shane la mejor persona posible. Creo que no lo hemos hecho mal.

Ilya sonrió al ver que le quitaba importancia.

—No podríamos estar más orgullosos del hombre en el que se ha convertido —continuó David—. No tengo ningún anillo de campeón de la Copa Stanley, pero tengo a Shane.

Ilya tragó saliva.

—Cuidaré de él.

David levantó la cara y sonrió.

—Ya lo sé. —Terminó con el primer gemelo y entonces cogió la mano derecha de Ilya para hacer lo mismo con el otro—.

Lo que intento decir, y Yuna sabría expresarlo mucho mejor, es que siempre me he sentido tan afortunado de tener un hijo tan maravilloso como Shane que no esperaba contar con la dicha de tener un segundo.

Ilya empezó a ver borrosas las manos de David y el gemelo de la camisa. Parpadeó rápidamente, porque se negaba a llorar antes de que la boda hubiera empezado siquiera. David levantó la mirada e Ilya vio que también tenía lágrimas en los ojos.

—No es justo que no tengas a tu familia cerca el día de tu boda —le dijo David— y no es que quiera meterme donde no me llaman, pero…

Eso fue lo último que Ilya le dejó decir antes de aplastar a David con un abrazo muy fuerte.

—Mi familia está aquí —se limitó a decir, y con una serenidad sorprendente.

Parecía imposible que algo de lo que ocurría en la vida de Ilya fuese real; que estuviera a punto de casarse ¡con Shane Hollander!

¡Delante de la gente! Que la temporada siguiente fueran a ser compañeros de equipo.

Que Ilya estuviera a punto de formar parte de la familia de Shane de manera oficial y que Shane y él tal vez formaran una propia algún día.

Daba tanto vértigo que no podía ni pensarlo, así que en lugar de hacerlo abrazó de nuevo al padre de Shane y procuró no llorar.

Tras un momento largo, se separaron y David retrocedió un paso. Sorbió por la nariz una vez y luego dijo:

—Bueno. Estás muy guapo.

Ilay se secó las lágrimas a toda prisa.

—Suelo estarlo, sí.

David se removió algo incómodo, seguro que no estaba muy acostumbrado a exponer sus emociones de manera tan obvia, y miró por la ventana.

—Anya está entreteniendo a los críos de los Pike en el jardín.

—Genial. Y gracias. Por ayudarme con la camisa.

Y por… —Ilya era incapaz de expresar con palabras lo agradecido que estaba por el apoyo de Yuna y de David, y por el amor tan sano que sentían por su hijo y, al parecer, también por él.

Por contribuir a que Shane fuera el hombre que era y por creer que Ilya era adecuado para él. Terminó la frase diciendo—: Todo.

David asintió.

—Gracias por hacer feliz a Shane. Os hacéis mucho bien el uno al otro.

Ilya sonrió.

—Sí. Ya va siendo hora de que el mundo vea cuánto.

—¡Hostia! —exclamó Shane.

Había corrido la cortina de la habitación de invitados en la que se había cambiado de ropa y le parecía increíble la cantidad de gente que había en el jardín de Ilya.

«Nuestro jardín», se recordó. Ahora vivían juntos.

—¿Te sorprende? —preguntó Yuna mientras le recolocaba la flor del ojal—. Los dos sois muy populares.

—La verdad es que no me he sentido muy popular últimamente.

—Bueno, pues lo eres. Asúmelo. —Retrocedió un paso y suspiró—. ¡Qué guapo estás!

—¿En serio? ¿Me queda bien?

Shane se dio la vuelta para mirarse en el espejo. Llevaba un traje gris claro, no un esmoquin, con una corbata en azul pálido, y ya estaba sudando. Se había cortado un poco el pelo, pero todavía lo llevaba bastante largo y suelto.

—Te pareces a Kit Harington —le aseguró su madre—. Si Kit no llevara barba.

Shane resopló.

—Muchas gracias, mamá. ¿Papá está ayudando a Ilya a prepararse?

—Sí, pero ya sabes que no es más que una excusa para pasar tiempo juntos.

Shane sonrió al oírlo. Ojalá la familia de Ilya estuviera presente, pero se alegraba de que hubiera cogido tanta confianza con su padre.

—Bueno —dijo su madre sonriendo de oreja a oreja—, será mejor que vayamos. ¿Tienes el anillo?

Shane se palpó el bolsillo.

—Sip.

—¿Y has quitado la voz al móvil?

—Voy a dejarlo dentro de casa. Pero sí.

Su madre volvió a asomarse por la ventana.

—¡Ay! Ilya ya ha salido. —Shane intentó acercarse a la ventana, pero Yuna se lo impidió—. ¡Ya lo verás en la ceremonia! Da mala suerte ver al novio antes.

—Mamá, lo he visto esta mañana. Nos hemos despertado juntos, hemos desayunado.

Omitió la tercera cosa que habían hecho.

—No me lo tengas en cuenta. ¡Mi único hijo se va a casar! Puedo ponerme pesada.

Shane sonrió y la abrazó de forma un tanto extraña porque los dos intentaban no aplastar las flores que llevaban prendidas del pecho.

—En serio, eres la mejor madre del mundo.

—Bueno —respondió ella, con un ligero temblor en la voz—. Me lo has puesto fácil.

Bajaron juntos las escaleras y luego cruzaron la sala de estar que desde hacía unas semanas estaba llena de fotos enmarcadas de Ilya y Shane juntos. A Shane aún le entraba el impulso de esconderlas en un cajón, pero le encantaba verlas. Le encantaba saber que ya no había nada que esconder.

Cuando salió por la puerta de atrás, volvió a quedarse pasmado por la multitud. Había cerca de cien personas apelotonadas en el césped, entre la casa y el río.

Distinguió a Hayden y Jackie con sus hijos.

Farah y su marido charlaban con Leah y Max.

Wyatt Hayes y su esposa se reían con Ryan y Fabian.

Troy y Harris hablaban con el entrenador de Ilya —que ahora también era el de Shane— y con una mujer que seguramente era la mujer del entrenador Wiebe.

Rose saludó con la mano a Shane desde la otra punta del jardín, donde estaba hablando con la amiga de Ilya, Svetlana, a quien Shane había conocido el día anterior, cuando los tres habían salido a comer juntos.

Había un grupito de jugadores de los Ottawa Centaurs que miraban de reojo a Rose.

Bueno, en realidad, había muchísimos Centaurs.

El único jugador del Montreal, aparte de Hayden, era J. J., y a Shane se le hizo un nudo en la garganta al verlo. Habían hecho las paces y retomado la amistad, pero aun así significaba mucho para Shane que J. J. estuviera allí.