Capítulo 36
Abril
—¡El rey ha vuelto! —chilló Bood en cuanto Ilya entró en el vestuario de los Centaurs.
Todos aplaudieron y lo vitorearon ilusionados. Ilya notó que se sonrojaba un poco.
—Gracias —dijo de corazón.
Shane le había contado un rato antes cómo lo había recibido su equipo y había sido de forma mucho más distante e incómoda, cosa que hizo que esa cálida bienvenida fuese aún más conmovedora.
Volver a estar en la pista era una puta pasada. Algunas veces pensaba que se estaba cansando de ese deporte, pero bastaba una semana lejos del stick para que fuera consciente de cuánto le gustaba todavía. Es más, lo necesitaba.
—¡Muy bien! —gritó el entrenador después de dar tiempo a que todos calentaran—. Venid aquí.
Todos los jugadores se reunieron a su alrededor en la parte central de la pista; la mayoría apoyó una rodilla. Ilya se quedó de pie detrás con Wyatt y Bood.
—¿Qué ocurre la semana que viene, Dykstra? —preguntó el entrenador.
Evan sonrió.
—¡Los play-offs , entrenador!
—¡Exacto! ¿Quién ha participado alguna vez en los play-offs de la Copa Stanley? Una cantidad alarmantemente pequeña de los jugadores levantó la mano; entre ellos, Ilya y Wyatt.
—En realidad —reconoció Wyatt—, más que participar me pasé casi todo el rato viendo los play-offs en Toronto.
El entrenador sacudió la mano.
—No importa si no tenemos tanta experiencia como la mayoría de los equipos en los play-offs .
Hay quien dice que la experiencia es lo más importante, pero yo creo que lo importante es la ilusión.
Pienso que la clave está en trabajar juntos y no tanto en seguir a unos cuantos líderes.
Tengo fe en este grupo. Durante los últimos meses hemos demostrado a todo el mundo lo bien que funciona este equipo junto.
Se oyeron algunos golpes con el stick y murmullos de aprobación.
—Bood —dijo el entrenador—, ¿cuánto público hubo en nuestro último partido en casa?
Bood sonrió de oreja a oreja.
—Todo lleno, entrenador.
—¿Quién fue el jugador de la semana la semana pasada?
—El puto Wyatt Hayes —dijo Dykstra.
—Porque tenemos el mejor portero de la liga —confirmó el entrenador.
—Guau, gracias —dijo Wyatt.
—Vamos a jugar contra Montreal en la primera ronda y serán partidos duros, no hay duda. Son los campeones y van a defender el título, además de ser el equipo número uno en el ranking de la liga en estos momentos.
«Y todo el mundo va a estar cotilleando sobre los dos capitanes, lo cual será una pedazo de distracción», añadió mentalmente Ilya.
—Ya les hemos ganado alguna vez, y podemos volver a hacerlo —dijo el entrenador—. Roz, vuelves a la línea con Bood y Barrett. Manos a la obra.
Los entrenadores les hicieron sudar la gota gorda durante el entrenamiento y, cuando por fin les permitieron volver al vestuario, todo el equipo estaba molido.
Mientras se cambiaba de ropa, Ilya decidió sacar a la gente de dudas. Ya iban a tener suficientes motivos de estrés en las siguientes semanas como para tener que lidiar con otro tema gordo en el aire.
—Quiero contaros una cosa —anunció.
El vestuario se quedó mudo.
—Seguro que ya habéis leído el post de Shane y mío. —Echó un vistazo por la estancia y vio que varios asentían con la cabeza—. Bueno. Pues sí. Estamos juntos.
Hubo un silencio largo e incómodo que Bood rompió al decir:
—¡Vaya notas!
Ilya levantó las cejas y lo miró, a la expectativa.
Bood sonrió.
—Quieres todo el protagonismo, ¿a que sí? Barrett sale del armario, anuncia su relación con Harris y entonces Roz dice: «Espera, se va a cagar».
—Eso, Ilya —se sumó Troy con una sonrisa—. ¿Qué coño te pasa?
El vestuario se llenó de carcajadas y a Ilya se le hinchó el corazón. Quería mucho a ese equipo.
Después de tomarle el pelo de buen rollo un rato más, todos volvieron a las duchas y siguieron cambiándose. Mientras Ilya se ponía la sudadera, Wyatt se le acercó.
—Así que ¿por eso llevas el anillo?
Señaló el pecho de Ilya.
—¿Te has fijado?
—Soy portero. —Wyatt se señaló los ojos—. Me fijo en todo.
—Eres muy perspicaz —dijo Ilya, para utilizar una palabra que había aprendido poco antes.
—Es mi superpoder. No quería preguntarte, pero ahora parece bastante evidente que te lo ha regalado Hollander.
—Sí. Nos hemos comprometido.
Ilya todavía se estaba acostumbrando a decir esas palabras en voz alta. A creérselas.
—Pues entonces Shane Hollander es un hombre con suerte.
Ilya corría el riesgo de echarse a llorar, así que abrazó fuerte a Wyatt para que no le viera la cara.
—Gracias.
—De nada. —Wyatt le dio unas palmaditas en la espalda—. Solo procurad que el día de vuestra boda no coincida con el de la de Harris y Troy, ¿eh? No quiero tener que pasarme el día corriendo de acá para allá.
Ilya se rio y luego sorbió por la nariz.
—De acuerdo, Hazy.
Shane no recordaba haber estado tan nervioso al principio de los play-offs en su vida. Ni siquiera de rookie . Deslizó angustiado los patines por el hielo mientras sonaba el himno nacional, intentando no mirar la espalda del jersey de Ilya, a quien tenía unos metros por delante.
Hostia puta. Estaba ocurriendo de verdad.
La afición de Montreal era ensordecedora, pero aun así no conseguía apagar el ruidoso bombeo de la sangre en los oídos de Shane.
Necesitaba recuperar la compostura porque, sí, era raro estar en la pista junto a Ilya cuando todo el mundo lo sabía.
Y, sí, la mayor parte de sus compañeros habían sido bastante antipáticos desde que Shane había vuelto de los días de suspensión, pero el equipo había hecho un pacto de «no hablar del tema», cosa que debería haber sido un alivio pero que en realidad hacía que Shane se sintiera fatal.
El equipo de Ilya lo había aceptado con los brazos abiertos.
Habían hablado de su relación con Shane…
, incluso habían hecho bromas sobre eso.
Shane sentía que estaba jugando una versión interminable de un juego de mesa, Operación , y que el menor fallo —todo lo que no fuera la perfección— le haría perder la partida.
Era agotador, una presión que no le hacía falta para nada cuando ya tenía que lidiar con las expectativas habituales de la afición de Montreal en los play-offs .
Por fin llegó el momento de sacar el puck . Shane se aferraba a la esperanza de empezar a sentirse normal una vez que diera comienzo el partido. Salvo que, cómo no, el saque inicial era entre Ilya y él.
Ambos se inclinaron por la cintura sobre el punto donde se disputaba el cara a cara y, por un instante, se miraron a los ojos.
—Buena suerte —dijo Shane.
No se atrevía a decir nada más con todo el mundo mirándolos.
Ilya curvó los labios en su típica sonrisa torcida y pícara, y entonces lanzaron el puck .
Lo cogió Ilya.
Joder, qué intensos eran los partidos de los play-off . Ilya casi se había olvidado.
El partido iba… bien. Troy Barrett había estrenado el marcador de Ottawa, lo cual había sido muy emocionante, pero Montreal había respondido de inmediato. Y luego había añadido un segundo gol.
Pero 2-1 era un inicio respetable para el tercer tiempo. Mejor de lo que cualquiera esperaba que acabase Ottawa al enfrentarse con Montreal, pensó Ilya.
Durante un tiempo muerto, Ilya se acercó a su portero.
—¿Estás bien, Hazy? —preguntó a gritos por encima de la estruendosa letra de «Thunderstruck», de AC/DC .
—¡Sí! —dijo Hazy contento—. Oye ¿te gusta la canción?
Ilya arrugó la frente. ¿En serio Wyatt estaba pensando en eso?
—No está mal.
—Siempre he pensado que es superpotente al principio, pero que luego acaba un poco sosa, aunque no sé. En fin, marca un gol, ¿vale?
Ni Ilya ni Shane habían marcado de momento. Ilya se había fijado en que Shane llevaba todo el partido un poco despistado. No manejaba el puck con la rapidez habitual, no aprovechaba las oportunidades de gol tan propias de él.
Ilya quería preguntarle a Shane cómo estaba.
Quería abrazarlo, pero habían acordado que no se verían fuera de la pista durante esa serie de los play-offs .
Porque, pese a todo lo que hubiera entre ellos, eran dos estrellas de la NHL y ambos querían ganar la Copa Stanley, y ninguno estaba dispuesto a dejar que su prometido se entrometiera en su camino.
Ilya no estaba seguro de si era una estrategia muy acertada.
Después de una semana separado de Shane, le estaban entrando ganas de arrancarse la piel a tiras.
Así pues, había más de un incentivo para acabar cuanto antes con aquella ronda, aunque eso implicase que uno de los dos tuviera que perder.
Cuando se inclinaron para el saque del tercer tiempo, Ilya percibió un brillo dorado en el cuello de Shane.
—¿Ahora también llevas una cadena? —preguntó Ilya de inmediato.
—Sí —respondió Shane—. Y un anillo.
Ilya sonrió y perdió de forma estrepitosa el cara a cara.
Ilya se quedó mirando la foto del anillo de Shane, protegido entre sus pectorales musculosos y húmedos por la ducha, durante casi todo el trayecto en autobús desde el estadio hasta el hotel.
Shane se la había mandado desde el vestuario, o eso imaginaba, algo muy atrevido y a la vez supererótico.
Alivió un poco el dolor de haber perdido 2-1.
Esperó hasta estar a salvo en la habitación de hotel para responder a Shane:
Ilya: ¿Puedo volver a ver ese anillo?
Un par de minutos más tarde, le apareció en la pantalla una petición de FaceTime de Shane.
—Holi —dijo Shane. Iba sin camiseta, con el anillo bien visible. Llevaba el pelo recogido y las gafas puestas, una combinación letal—. Siento lo del partido.
Ilya resopló.
—No es verdad… ¿Hace cuánto llevas el anillo?
—Desde esta mañana.
El corazón le dio un vuelco.
—¿Alguien te ha dicho algo?
—No. No creo que quieran hablar del tema. —Shane suspiró—. Esta noche ha sido la primera en la que he odiado tener que jugar contra ti. Creo que incluso he odiado tener que jugar al hockey sin más.
—Ha sido raro —reconoció Ilya—. Pero te encanta el hockey.
—Habéis jugado un partidazo.
—No tan bueno como tu equipo.
—Solo era el primer partido. No hay que confiarse. —Shane sonrió—. Bueno, algunos de mis compañeros sí se confían y alardean.