El partido más largo (Game Changers 6) Capítulo 35 #2
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Capítulo 35 #2

—Ay —dijo Shane en voz baja—. Míranos…

Los dos parecían estar tan enamorados que daba asco.

—Me voy a quedar con estas —dijo Ilya, firme.

—Supongo que ya no tendremos que borrar ese tipo de fotos —dijo Shane—. Dentro de lo razonable, claro… No quiero que se filtre nada explícito.

—Pues menos mal que no he hecho ninguna foto hace diez minutos.

Las mejillas de Shane se sonrojaron tanto como Ilya había esperado.

—Creo que tenías las manos ocupadas.

Ilya se colocó encima de Shane, inmovilizándolo bocarriba.

—Podrían volver a estarlo.

Shane le sonrió, con la piel sonrojada, las pecas y los ojos brillantes. Ilya tenía ganas de, tipo, meterse dentro de él de algún modo.

—Tenemos que terminar el post . Y luego tienes que ir a recoger a tu perra y volver con el equipo de hockey…

Ilya echaba de menos a Anya, así que se dejó caer sobre el colchón y se puso a preparar el post de Instagram.

—¿Tienes las cuatro fotos? ¿Las que te he mandado por mensaje? —preguntó Shane.

—Sí, sí.

—¿Y no vas a incluir la que acabas de hacer?

Ilya se limitó a resoplar en respuesta. Copió y pegó el texto de Farah, se aseguró de que las cuatro fotos estuvieran alineadas y mantuvo el pulgar sobre el botón de «publicar».

—¿Listo? —preguntó.

Shane soltó un suspiro.

—Sí. Venga, hazlo.

Lo publicaron.

Shane recibió una llamada de su entrenador poco después de que Ilya se fuera, en la que le comunicó con tono brusco que debía estar en el entrenamiento al día siguiente.

Fue un alivio y Shane tenía muchas ganas de volver a la pista, pero le ponía nervioso volver a enfrentarse a sus compañeros de equipo.

Aún no había tenido noticias de J. J.

Intentó quitárselo de la cabeza llenando el resto del día con ejercicio, meditación y descanso. No tuvo mucho éxito en ninguna de esas cosas, sobre todo en lo de descansar. Su cuerpo bullía de energía. Se sentía emocionado y aterrorizado y un millón de cosas más.

Esperó dos horas después de publicar el mensaje para consultar las respuestas. Ya había más de cincuenta mil «me gusta» y muchos más comentarios de los que podía leer. En un rápido vistazo vio que no todos eran positivos, pero muchos de ellos sí. De hecho, la mayoría…

Quizá las cosas sí saldrían bien.

Sonó el timbre justo antes de las diez de la noche, mientras Shane estaba sentado en su cama escribiendo por separado a Ilya y a Rose, y revisando las respuestas de Instagram por quinta vez ese día.

La aplicación de la cámara de seguridad del móvil mostraba a J. J. de pie en el umbral de su puerta.

Shane bajó corriendo las escaleras y abrió la puerta de un tirón.

—Hola… —dijo.

J. J. fruncía el ceño, claramente todavía enfadado. Pero estaba ahí.

Shane dio un paso atrás y J. J. entró en silencio en su casa. Se quedaron de pie en el vestíbulo de Shane, mirándose fijamente, durante varios segundos de tensión. Entonces J. J. dijo, en francés:

—No me lo contaste.

—Lo siento.

—¿Por qué cojones no me lo contaste? Me dejaste seguir intentando buscarte citas, me…

—A ver —interrumpió Shane—, seamos sinceros: no paraba de decirte que dejaras de hacer eso.

—Me mentiste, joder. Después de lo del avión de los Centaurs, te dije toda esa mierda de que tú sentías algo por Rozanov y me mentiste.

—Es que…

—Podrías habérmelo dicho. ¡Que se lo contaste hasta a Hayden!

—Él… lo adivinó.

—¡Que me sabía mal por ti! Pensaba que tenías el corazón roto, ¡pero en realidad te estabas follando a Ilya Rozanov!

La ira se apoderó de Shane. Dio un paso hacia J. J., lo que le obligó a echar la cabeza hacia atrás para verle la cara.

—Ilya es mi novio. Lo amo y lo he hecho durante años. No hagas que parezca… menos importante.

—Ay, joder, usted disculpe —dijo J. J. con sarcasmo—. Es obvio que debería haber sabido lo de tu épica historia de amor con el mismísimo Ilya Rozanov porque me has hablado tanto de ella… ¡Que eres uno de mis mejores amigos, Shane! ¿Qué cojones me estás contando?

—Quizá —dijo Shane secamente— es que pensé que no me ibas a apoyar.

—¿En qué? ¿En estar con tu puto rival a escondidas?

Shane señaló a J. J. con la mano.

—¿Lo ves?

J. J. le dio la espalda; la rabia se le notaba claramente en el movimiento de los hombros. Shane se cruzó de brazos y esperó.

—Mira —dijo al final J. J., en inglés—. Es que no creo que esto esté bien. Es una puta mierda que salgas con el capitán del equipo con quien probablemente nos enfrentemos en los play-offs .

Shane enseguida se enfadó. No pudo evitarlo; ya había tenido suficiente gente asqueándose de su relación en un día.

—Gracias por tu aportación de mierda. ¿No crees que quizá sea precisamente por eso por lo que no te lo conté?

—¿Y cómo reaccionó Hayden al principio? Se alegró mucho por ti, ¿no?

Shane se quedó boquiabierto. Intentó pensar en una respuesta, pero al final se limitó a volver a cerrar la boca.

J. J. resopló.

—Eso es lo que suponía.

—Mira. Cuanta menos gente lo supiera, mejor. No es nada personal.

—Y una mierda que no es personal.

—Dios, ¿quieres parar ya? Llevo once putos años ocultando esto. Ha sido una mierda, ¿vale? Siento si te ha molestado, pero joder, tío…

En algún momento, en medio del arrebato de Shane, J. J. se había quedado completamente inmóvil. Parecía como si hubiera visto un fantasma.

—¿Once años? —dijo en voz baja.

—Eeeh —dijo Shane—. Más o menos…

J. J. se dirigió a la escalera que llevaba al segundo piso y se dejó caer con fuerza en el tercer peldaño.

—Once putos años. Desde que te conozco, vaya.

A Shane se le hizo un nudo en la garganta.

—A ver, no hemos sido «pareja» durante todo ese tiempo.

J. J. encogió los hombros.

—Hostia puta, Hollander. ¿Quién se supone que eres?

Shane se arriesgó y se sentó a su lado en el escalón. Era… acogedor.

—Soy tu amigo. Y tu compañero de equipo. Y me enamoré de la persona más complicada de la que podría haberme enamorado.

—El puto Ilya Rozanov. —J. J. negó con la cabeza—. Dios, Shane. ¿Por qué?

—Porque… —Shane ni siquiera sabía por dónde empezar. Al final, se limitó a decir—: Me hace feliz. Sé que no tiene sentido, pero él es el indicado para mí. Nos vamos a casar.

J. J. volvió bruscamente la cabeza para mirarlo, con los ojos muy abiertos.

—¿Casaros?

—Eeeh, sí —dijo Shane nervioso—. Así que ya sabes. Estate atento a la invitación.

—Joder, Hollander. Esto es demasiado…

Shane le dio un codazo.

—Sigo siendo el mismo amigo de siempre. Y seguiré siéndolo cuando sea el marido de Ilya. Te juro que soy normal.

Se produjo un silencio largo y tenso entre ellos. Entonces, J. J. suspiró y dijo:

—Nadie que no haya oído hablar de Cardi B es normal.

Shane soltó una carcajada de sorpresa.

—Vete a la mierda. Había oído el nombre, pero no conocía ninguna de las canciones de ese tío.

—Es una tía, atontao .

Se apoyaron el uno en el otro y se rieron, y pareció que las cosas podrían ir bien entre ellos.

—No quiero enfadarme contigo, Hollander.

—Lo sé. Pero puedes hacerlo. —Shane sonrió—. Hasta mañana. Porque luego ya tendremos que jugar al hockey.

J. J. le devolvió la sonrisa.

—Trato hecho.