El partido más largo (Game Changers 6) Capítulo 35
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Capítulo 35

—Hay pocas cosas en la vida que no pueda soportar en absoluto —dijo Roger Crowell. Su voz sonaba engañosamente tranquila, e Ilya no dejó de percibir el peligro que ocultaba—. Una cosa que odio son las sorpresas. Otra es la deslealtad. Y otra más, los mentirosos.

«Y los homosexuales», añadió Ilya en su cabeza.

—Lo que más odio —continuó Crowell— es que me pongan en evidencia. Y sobre todo odio que la liga quede en ridículo.

—Eso no suena muy bien —dijo Ilya con tono suave.

Crowell le lanzó una mirada de advertencia y, cuando Ilya se volvió hacia Shane, vio una expresión similar en su rostro.

—Os podéis imaginar —dijo Crowell— qué opino sobre vosotros ahora mismo.

Esta vez, Ilya fue lo bastante inteligente como para mantener la boca cerrada. Podía sentir la tensión que emanaba de Shane, a su lado. Ilya se comportaría. Lo haría por Shane.

Crowell se inclinó hacia delante, apoyando ambos codos en la gran mesa que había entre ellos.

—Vuestras acciones me han puesto en una situación muy difícil. Por un lado, vuestro comportamiento es totalmente inaceptable y no se puede tolerar bajo ningún concepto. Por otro, sois dos de las mayores estrellas de la liga, y los play-offs están a punto de empezar.

—¿Qué no se puede tolerar? —preguntó Shane en voz baja.

Crowell entrecerró los ojos.

—Creía que eso era obvio. Pero supongo que no, porque hay un vídeo vuestro circulando por internet en el que se os ve besándoos.

—Fue un error —dijo Shane.

—¡Hombre, pues claro que fue un puto error! —gritó Crowell.

—Lo que quería decir —dijo Shane, con una serenidad sorprendente— es que el vídeo no tenía que mostrar eso. No lo sabíamos.

—Bueno, pues lo hizo —ladró Crowell—. Y he tenido que volar a Montreal para ocuparme del asunto. ¿Creéis que tengo tiempo para esto? —Respiró hondo y dijo, con más calma—: Tenemos que volver a la normalidad lo antes posible. No quiero que esto se convierta en un circo mediático.

—Nosotros tampoco —respondió Shane.

Crowell asintió.

—La liga ha preparado un comunicado.

Abrió una carpeta que había sobre la mesa frente a él y sacó dos hojas de papel. Les entregó una a cada uno.

Ilya se armó de valor y empezó a leer.

Durante casi once temporadas, Shane Hollander e Ilya Rozanov han sido jugadores de élite en la NHL.

Su destreza y su rendimiento sobre la pista demuestran un nivel de talento excepcional que entusiasma a los aficionados al hockey de todo el mundo.

A principios de esta semana, se difundió en las redes sociales un vídeo en el que se veía al señor Hollander y al señor Rozanov en un abrazo íntimo.

Tras ser interrogados por el comisionado de la liga, Roger Crowell, ambos jugadores han confirmado que el incidente fue una broma que le gastaron a su amigo en común, Hayden Pike.

Ambos lamentan sus acciones y la confusión que puedan haber causado.

Volverán a sus equipos antes de los próximos partidos que tienen programados.

Era una excusa barata. Ilya sabía que esa afirmación no engañaría a todo el mundo, pero sospechaba que suficientes aficionados al hockey se creerían esa mentira.

Las bromas en el hockey eran normales, pero enamorarse de tu rival no.

Eso era algo que el mundo del hockey, incluidos otros jugadores de la NHL , podía entender.

Shane seguía leyendo. No llevaba las gafas y entrecerraba los ojos para ver la página.

Ilya ya no quería seguir escondiéndose, pero los play-offs estaban a punto de empezar y, sinceramente, no podía culpar a Shane si optaba por este encubrimiento fácil, solo para que el drama se calmara un rato.

A Ilya le iba a cabrear muchísimo, pero lo aceptaría si era lo que decidía Shane.

Al final, Shane levantó la cabeza e Ilya contuvo la respiración.

—Pero eso no es verdad —dijo Shane.

—Da igual —respondió Crowell.

—¡No da igual, joder! No era una broma. Estamos juntos. Nos… nos vamos a casar este verano.

Crowell arqueó las cejas, visiblemente sorprendido, pero enseguida se recompuso.

—Eso —dijo con frialdad— no va a pasar. No si queréis seguir en esta liga.

—¿En serio? —preguntó Ilya. Le entraron ganas de estampar la puta mesa—. ¿Nos vais a echar?

—Demandaremos a la liga hasta dejarla seca —dijo Shane, lo que, sinceramente, dejó atónito a Ilya.

Durante un largo momento, Crowell no comentó nada más. Luego añadió:

—Tenéis razón. Podríais demandarnos. Pero ¿creéis que algún equipo os ficharía después de eso? De cualquier modo, estaríais acabados.

Shane contuvo el aliento. Ilya temblaba de rabia. Ambos habían dado tanto a esa liga, a ese deporte…

—Vamos a publicar el comunicado —dijo Crowell—. La mayoría de los aficionados al hockey se lo creerán porque querrán creerlo. No habrá ningún escándalo, vosotros podréis seguir jugando todo el tiempo que queráis y todo seguirá como antes. Y, obviamente, no os vais a puto casar este verano.

Ilya apretaba la mandíbula con tanta fuerza que le dolían los dientes. Estaba a punto de abandonar la NHL ahí mismo. En lugar de eso, respiró por la nariz e intentó pensar en qué decir a continuación.

Shane fue el primero en hablar.

—Y una mierda. Este es el plan: este verano haremos lo que nos dé la gana y luego volveremos a jugar y tendremos temporadas de All-Star el año que viene. No somos un par de rookies ingenuos a los que podáis intimidar. ¿Creéis que no sabemos lo que valemos para esta liga?

—Lo que valíais —corrigió Crowell—. Estáis destruyendo vuestras propias marcas con esta mierda.

—No —dijo Ilya—. Las estamos fortaleciendo.

Crowell se inclinó sobre la mesa, con la rabia brillando peligrosamente en sus ojos.

—Os estoy ofreciendo la única opción que salvará vuestras carreras y la reputación de esta liga. Si publicáis vuestro propio comunicado y empezáis a hacer alarde de vuestra… relación…, acabaréis con vuestro legado. Seréis el puto hazmerreír. Así que elegid con cuidado.

Durante un largo y tenso momento, solo se oyó el sonido de tres hombres respirando con ira.

Entonces Shane se levantó y dijo:

—Pues yo lo elijo a él. Vámonos, Ilya.

Ambos cogieron los abrigos del respaldo de las sillas y se fueron.

Crowell les gritaba algo mientras salían de la sala, pero a Ilya no le importaba.

Se puso el abrigo, cogió la mano de Shane y caminó con determinación hacia los ascensores.

Estaba tan repleto de amor y adrenalina que sentía que iba a explotar.

Una vez que las puertas del ascensor se cerraron al entrar, Shane dijo:

—Siento si he sido demasiado brusco…

Ilya no le dejó terminar la frase. Empujó a Shane contra la pared de espejos y lo besó con ferocidad.

Hundió los dedos en el estúpido pelo de Shane y simplemente lo devoró, poniendo todo lo que sentía en ese beso.

Porque una cosa era elegir a Ilya en lugar del hockey, y otra muy distinta era mirar a Crowell directamente a los ojos y, básicamente, mandarlo a la mierda.

Nunca le habría pedido eso a Shane, pero Shane lo había hecho de todos modos. Ni siquiera había dudado.

El ascensor sonó, poniendo fin a su beso. Ilya dio un paso atrás y admiró lo deshecho que parecía Shane, con el pelo y el abrigo revueltos y los labios hinchados y rosados. Esos labios esbozaron una sonrisa cuando se abrieron las puertas del ascensor.

—Entonces —dijo Shane mientras cruzaban el vestíbulo hacia la salida—, no estás enfadado, ¿no?

—No estoy enfadado contigo. Estoy puto cabreado con Crowell.

—Sí —dijo Shane—. Bueno, lo he grabado todo. Así que…

Ilya se quedó boquiabierto.

—Hostia puta, Hollander. Qué pasada.

—Ha sido idea de mi madre. Por si acaso lo necesitamos. Pero creo que los dos volveremos a jugar pronto.

Salieron al frío sol de última hora de la mañana. Era finales de marzo y Montreal por fin empezaba a descongelarse, pero aún pasaría un tiempo antes de que se pudiera dar por terminado el invierno.

Caminaron una manzana hacia donde habían aparcado, luego Shane se detuvo y miró hacia atrás por encima del hombro.

—¿Qué? —preguntó Ilya.

—¿Sabes qué? Hay un sitio cerca donde hacen el mejor pollo con parmesano. Siempre he querido llevarte.

El corazón de Ilya dio un salto de alegría al ver lo intrépido que se mostraba Shane. Lo seguro que estaba de él. De ellos. Sonrió y dijo:

—Si a Hayden no le importa cuidar de Anya un rato más…

Shane le devolvió la sonrisa.

—Déjame asegurarme, pero estaba muy ilusionado por hacernos un favor, así que probablemente deberíamos aprovecharlo mientras podamos.

Los dos empezaron a caminar hacia el restaurante.

—Hayden es un buen tío —dijo Ilya.

Shane le dio un codazo.

—¿Se lo vas a decir?

—Quizá. Algún día.

Le cogió la mano a Shane y caminaron, con los dedos entrelazados, por una concurrida calle del centro de Montreal con la cabeza bien alta.

—¿Y esta qué te parece? —preguntó Ilya, y le enseñó la pantalla del móvil a Shane.

Shane frunció la nariz al verla.

—Salgo raro…

—Sí. Pero yo salgo muy bien.

Shane le dio un golpecito en el pecho, algo fácil de hacer porque tenía la cabeza apoyada en él.

Los dos estaban desnudos, enredados juntos en la cama, tratando de elegir las fotos para acompañar el texto de su post conjunto en Instagram.

A Ilya le parecía que Shane se estaba volviendo demasiado exigente con eso.

—Esta —sugirió Shane, y le enseñó el móvil a Ilya.

En la pantalla aparecía una foto que Yuna les había hecho juntos, con sus chándales de entrenadores, el primer día de su primer campamento benéfico.

—Bueno. Vale —asintió Ilya—. Muy digna.

—Quizá con estas ya sirva —reflexionó Shane—. Tenemos cuatro.

—Una más —dijo Ilya, y extendió la mano en la que sostenía el móvil por encima de ambos.

—Ni de broma —dijo Shane retorciéndose para alejarse.

Ilya lo atrajo hacia sí, rodeándole los hombros con un brazo.

—Por si acaso la gente sigue sin creerse que estamos juntos.

—¡No! —chilló Shane.

—Pues entonces por mí —dijo Ilya y le dio un beso en la coronilla a Shane.

Shane se relajó contra él.

—Vale…

Ilya hizo unas cuantas fotos rápidas y luego bajó el móvil para mirarlas.