Capítulo 32 #2
—Porque nos han visto besándonos en internet…
—Al menos saben que besamos bien.
—La verdad es que era muy buen beso —coincidió Hayden.
Shane se negó a reconocerlo.
—Los play-offs empiezan dentro de dos semanas. Es supermal momento.
—Sobre todo porque parece que nuestros equipos se enfrentarán en la primera ronda. —Añadió Hayden. Luego encogió los hombros y dijo—: Lo siento. No estoy ayudando.
Shane se levantó y empezó a dar vueltas por la habitación.
—Joooooooooder —dijo y dio una patada a un juguete para perros que golpeó la pared de un pitido.
Anya lo miró con lo que parecía una mirada de reproche, como si Shane no tuviera derecho a descargar su frustración sobre uno de los inocentes juguetes para perros.
—Dios, ¿qué vamos a hacer? Joder, ¿y qué me dirá J. J.? Ay, madre.
—Sí, vas a tener que hablar con él —dijo Hayden—. A él, eeeh, no le ha sentado muy bien.
Shane cruzó la mirada con Ilya por un instante y vio preocupación en sus ojos.
—Ya se le pasará —dijo Shane, sobre todo para convencerse a sí mismo—. Está en shock . Lo entiendo. No espero que todo el mundo lo entienda, pero J. J. es uno de mis mejores amigos.
Hayden se levantó y luego se agachó para rascarle las orejas a Anya.
—Tampoco está muy contento conmigo ahora mismo que digamos. Creo que puede que se sienta herido por haberse quedado al margen, ¿me explico?
Mierda. Shane debería habérselo contado antes.
—Bueno. La culpa es mía. Hablaré con él.
Hayden se fue al cabo de unos minutos, pero no sin antes recibir un abrazo tranquilizador de Shane. Hayden lo había hecho genial guardando su secreto tanto tiempo. No se merecía sentirse mal por eso.
Cuando Shane volvió al salón, se encontró a Ilya mirando fijamente el móvil con una mano sobre la boca.
—¿Estás viendo el vídeo? —preguntó Shane.
Ilya asintió con la cabeza.
—¿Es malo?
—Terrible. Hayden debería anotarse lo que va a decir en esos vídeos. Divaga mucho hablando.
Shane se dejó caer en el sofá junto a Ilya. Anya se subió a su regazo y él la sujetó, acariciándole la espalda e intentando no mirar el vídeo.
—Ahí estamos —dijo Ilya. Se quedó callado un momento y luego añadió—: Ay, pues sí. Esto sería difícil de negar. —Resopló—. Digamos que nos lo tomamos en serio.
—Esto es una puta pesadilla —dijo Shane apenas sin voz.
El sofá empezó a temblar y Shane se dio cuenta de que Ilya se estaba riendo.
—No tiene gracia.
—¡Sí que la tiene! —chilló Ilya—. Es del puto vídeo de FanMail de Hayden. Dios mío. Que era la felicitación de cumpleaños de alguien. ¡De alguien que se llama Brad!
—Lo siento, Brad —murmuró Shane.
Eso hizo que Ilya se partiera de risa. Se tiró al sofá, retorciéndose entre carcajadas. Anya lloriqueó preocupada.
—¡Deja de reírte! —dijo Shane, pero ahora él también se estaba riendo.
Anya saltó al suelo y empezó a dar vueltas de un lado a otro delante de la mesita de centro, mientras Shane se tumbaba encima de Ilya y se reía hasta que le dolía todo el cuerpo.
—Estamos jodidos —suspiró Shane cuando por fin se calmó—. ¿Cuántos mensajes tienes en el móvil?
—Muchos. Deberíamos llamar a Farah ahora.
Shane asintió despacio.
—Sí, quizá. Vale. Sí. Llámala.
Ilya la llamó y luego dejó el móvil sobre la mesita en modo altavoz. Ambos se inclinaron hacia delante, esperando a que ella contestara.
—Ilya. Madre mía. ¿Cómo lo estás llevando? —dijo Farah nada más responder.
—Ah. Bueno, ya sabes…
—¿Está Shane contigo?
—Sí —respondió Ilya.
—Sí. Hola —dijo Shane.
—Siento muchísimo lo que ha pasado. Debéis de estar destrozados.
—Creo que más bien estoy… ¿aturdido? —dijo Shane—. No sé. No me parece real.
—Ojalá no lo fuera, pero estoy aquí para ayudar.
—¿Qué crees que va a hacer la liga? —preguntó Shane.
—Legalmente, no creo que puedan hacer gran cosa. Pero Crowell intentará algo, eso seguro.
Shane sintió un retortijón en el estómago. Ilya resopló enfadado a su lado.
—Si lo hace, tendrá noticias mías —continuó Farah—. Si es lo que queréis.
Shane no estaba seguro. Lo único que sabía era que quería seguir jugando en la NHL , y Crowell tenía la capacidad de ponérselo difícil, o al menos de hacerle la vida imposible. Aunque Shane estaba bastante seguro de que Crowell no podría echarlo a él ni a Ilya.
Miró a Ilya, que se limitó a encogerse de hombros.
—Esperemos que no lleguemos a eso —dijo Shane, aunque dudaba de que tuvieran suerte.
—¿Qué hacemos ahora? —preguntó Ilya.
—Primero —dijo Farah—, voy a redactar un comunicado oficial. A menos que queráis escribirlo vosotros mismos.
—No —dijo Shane al mismo tiempo que Ilya decía:
—Ni hablar.
—Ya me lo imaginaba. Lo redactaré y os lo enviaré a los dos cuando lo tenga. Creo que deberíamos publicarlo lo antes posible.
—De acuerdo —dijo Shane—, pero quiero esperar al menos hasta después del entrenamiento de esta tarde. Tengo que hablar con mi equipo.
—Tiene lógica. Pero quizá deberíamos publicarlo mañana como muy tarde.
—De acuerdo. Vale.
—¿Y tu equipo, Ilya? —preguntó Farah—. ¿Has hablado con alguien de allí?
—Todavía no. Pero creo que no habrá problemas.
—Yo también lo creo. Pero siento mucho lo que ha ocurrido —dijo Farah—. Es un rollo. Hayden debe de sentirse fatal.
—Sí —dijo Shane—, pero hemos hablado con él. No es su culpa.
—Vale. Bueno, voy a ponerme manos a la obra con el comunicado. Sé que ahora mismo la situación es desoladora, pero todo se calmará. Haremos que las cosas vuelvan a ir a vuestro favor, os lo prometo.
Shane se quedó mirando el móvil un rato después de que terminara la llamada porque seguía aturdido. Ilya le frotó el hombro.
—Farah nos ayudará —le aseguró Ilya.
—Me preocupa que no pueda.
—Lo sé —suspiró Ilya—. Tengo que volver a Ottawa ya. Nuestro avión sale dentro de unas horas.
—Claro. Mierda.
—Siento tener que dejarte ahora. ¿Estarás bien?
—Bueno, no. Voy a estar hecho un puto desastre. —Exhaló un suspiro—. Tengo que intentar hablar con J. J. antes del entrenamiento.
—¿Crees que tu equipo lo llevará bien?
—No tengo ni idea. Lo más probable es que al principio no. No creo que al entrenador le haga gracia. Ni a la directiva. Ni a nadie, en realidad. —Suspiró—. Pero supongo que lo sabré esta tarde.
Ilya le cogió la mano y se la llevó a los labios, luego le besó los nudillos.
—Paso a paso.
Shane se acercó hasta que su rostro quedó suspendido sobre el de Ilya.
—Paso a paso.
Asintió. Lo besó y se dio cuenta de que había llegado el momento. Ilya iba a abandonar pronto la seguridad de la casa de Shane y adentrarse en el caos. El secreto ya no era más un secreto, y era hora de afrontar lo que fuera que estuviese a punto de suceder. Juntos.
—Joder —dijo Ilya al ver el todoterreno negro aparcado frente a las verjas, al final de su camino de entrada.
No sabía de quién era el vehículo, pero estaba seguro de que estaban allí para molestarlo. Probablemente algún periodista demasiado ansioso. No le hacía falta eso ahora mismo. Tenía que hacer las maletas, llevar a Anya al hotel y luego ir al avión del equipo.
Pulsó el botón del mando a distancia que abría la verja y se adentró en el camino de entrada. Al salir del coche, oyó una voz familiar a sus espaldas.
—Ilya —lo llamó el entrenador Wiebe desde el final del camino de entrada—. ¿Tienes un momento?
Ilya suspiró, asintió con la cabeza e hizo un gesto a su entrenador para que lo siguiera hasta la casa. Más valía acabar de una vez con eso.
Cuando entraron, Anya se plantó delante de las piernas de Ilya y ladró amenazante al entrenador Wiebe. Ilya se agachó y la acarició en la cabeza.
—No pasa nada, Anya. Es un amigo.
Ilya levantó la vista y cruzó la mirada con su entrenador, preguntándole en silencio: «¿A que sí?».
Wiebe también se agachó y le ofreció la mano a Anya para que se la olisqueara.
—Encantado de conocerte, Anya. Solo he venido a hablar con tu padre. —Sonrió a Ilya—. Es monísima.
—Es la mejor.
Wiebe se puso de pie.
—¿Qué tal si nos sentamos por aquí, quizá?
Ilya también se levantó.
—Puedo preparar café.
—Ahora sí que nos entendemos.
Fueron a la cocina e Ilya utilizó su cafetera de expreso para prepararles un americano a cada uno. Era más rápido que hacer una cafetera entera. Wiebe esperó a que ambos estuvieran sentados a la mesa de la cocina antes de entrar en materia.