Capítulo 32
Ilya se sintió aliviado al saber que a Anya le gustaba viajar en coche. Estaba nervioso cuando, más o menos una semana después de adoptarla, condujo con ella por primera vez hasta Montreal.
—¿Ha llegado lo que pedí? —le preguntó Ilya a Shane por teléfono mientras conducía—. La cama y los…
—¿El millón de juguetes para perros? Sí, han llegado.
—No eran un millón. ¿Has montado la cama? ¿Quizá… cerca de la chimenea?
—Sí, ya está todo listo. No te preocupes. Y, oye, puede que les haya comentado a Jade y Ruby que has adoptado un perro, y ahora los Pike quieren que vayamos a verlos.
—¿Hoy?
—Sí… ¿Quizá esta tarde?
Ilya no había visto a los hijos de Hayden desde que oficiaron su «boda» con Shane.
—Sí, vale. Pero, si Anya se asusta, nos vamos.
—Si hay algo que pueda asustar a Anya, será ese peluche raro con cara de plátano y expresión terrorífica que le has comprado.
Ilya oyó por teléfono el chirrido de un peluche al apretarlo.
—No gastes los juguetes antes de que Anya pueda jugar con ellos, Hollander.
—Pues entonces, mejor que te des prisa.
—Ay, colega… Ahora sí que van a empezar a pedir un perro —lamentó Hayden.
Ilya, Shane y Hayden estaban juntos en el salón de los Pike, observando a los cuatro niños y a Jackie jugar con Anya. A Ilya le había preocupado la cantidad de gente nueva, sobre todo niños, pero Anya se había hecho amiga de todos enseguida.
—Adopta uno —dijo Ilya—. Ni siquiera te darías cuenta, con todos estos niños.
—Sí me daría cuenta —suspiró Hayden—. Y Jackie todavía se daría más cuenta si tuviera que cuidar a alguien más mientras estoy de viaje.
—Anya se queda en un hotel para perros cuando Ilya está fuera —dijo Shane.
—¿Tipo una residencia canina?
—No —respondió Ilya con irritación—. Es un hotel…
—La lleva a un spa —dijo Shane.
Hayden se echó a reír.
—Joder, qué envidia me da tu perra.
Ilya cruzó los brazos.
—A Shane también, creo.
Shane le dio un ligero empujoncito.
—Ay, mierda —dijo Hayden mirando el móvil—. Se me había olvidado que tengo que…, eh. Enseguida vuelvo.
—¿Una emergencia con el FanMail? —preguntó Ilya con una sonrisa burlona.
Hayden lo miró con el ceño fruncido.
—No es una emergencia. Es que prometí responder en veinticuatro horas. Y de eso hace veintitrés y media.
—¿Te vas a poner esa camiseta? Está manchada con salsa.
Hayden bajó la vista.
—Mierda. Es del desayuno. Gracias.
Se fue a toda prisa.
—¿Quién necesita un mensaje de Hayden con tanta urgencia? —se preguntó Ilya en voz alta.
—Te sorprendería —dijo Jackie—. ¡Recibe un montón de peticiones! Aunque, entre nosotros, creo que es porque es el único jugador de los Montreal Voyageurs en FanMail.
Ilya se rio.
—Pues ya sabes, Shane. Hazle competencia.
—Ni de coña.
—Mami… —preguntó Arthur con voz baja y temblorosa—. ¿Dónde está Chompy?
Jackie frunció el ceño.
—Ay, no… ¡Espera! Seguro que está en el coche. Déjame ver…
—No —dijo Ilya—. Ya voy a buscarlo yo. ¿Dónde están las llaves?
Jacke le dedicó una sonrisa de agradecimiento.
—Colgadas junto a la puerta del vestíbulo, por ahí. Chompy está en el Mercedes, creo. En el asiento trasero.
—¿Me acompañas? —le preguntó Ilya a Shane—. No quiero ir a buscar a un caimán solo.
Shane puso los ojos en blanco.
—Claro.
Era obvio que Ilya solo intentaba robar un momento a solas con Shane. Salieron por una puerta lateral apartada que daba a un camino de hormigón que rodeaba la casa hasta llegar a la parte delantera. Una hilera de árboles frondosos bordeaba el jardín, impidiendo la vista desde cualquier casa vecina.
Perfecto.
Ilya se volvió para situarse frente a Shane y le puso una mano en la cintura.
—Supongo que tienes un motivo oculto para invitarme a esta aventura —dijo Shane.
Levantó la mirada hacia Ilya de forma coqueta a través de sus pestañas, e Ilya se prometió en silencio que encontraría la manera de acostarse con su novio esa noche. Anya tendría que aguantarse.
—Quizá —dijo Ilya.
Shane sonrió, luego se inclinó y lo besó. Fue un beso suave, dulce y cálido, a pesar de que el aire a su alrededor era frío. Ilya suspiró feliz y lo besó con más pasión, hundiendo los dedos en el pelo de Shane e inclinándolo ligeramente hacia atrás.
—Vaya —dijo Shane sin aliento cuando se separaron—. Ese sí que ha estado bien.
Tenía las mejillas sonrosadas y los ojos tan brillantes como su sonrisa. Ilya, incapaz de resistirse, lo besó de nuevo. Shane se rio pegado a su boca y luego dio un paso atrás.
—Luego más, ¿vale? Si seguimos así, no podré volver a entrar.
—Sí, vale —dijo Ilya con voz temblorosa. Respiró hondo para tranquilizarse y añadió—: Ahora tenemos una misión que cumplir.
—Mmm. Operación: Chompy.
Ilya le hizo un saludo militar vago y se volvió hacia el camino de entrada.
Shane tenía una lista de cosas que quería hacer esa mañana antes de que Ilya tuviera que volver en coche a Ottawa. Podían quedarse en la cama casi toda la mañana, o quizá llevar a Anya al parque. Quizá hacer ejercicio juntos. Quizá todo.
Ninguno de sus planes contemplaba que llamaran al timbre a las nueve de la mañana.
Dejó de besar a Ilya enseguida y le lanzó una mirada de extrañeza.
—¿Has pedido más juguetes para perros?
—No.
Anya empezó a ladrar y, entonces, el timbre sonó por segunda vez. Shane suspiró y se apartó de Ilya.
—Será mejor que vaya a ver quién es.
Se puso unos pantalones de pijama y una camiseta, y bajó corriendo las escaleras, con Anya pisándole los talones. Se sorprendió al encontrarse con Hayden al otro lado de la puerta cuando la abrió.
—Eh, ¿hola? —dijo Shane. Entonces se fijó en lo pálido que estaba Hayden—. ¿Qué ha pasado? ¿Estáis todos bien? Pasa.
Shane llevó a Anya al salón y Hayden lo siguió de cerca. Ilya estaba de pie en lo alto de las escaleras, vestido solo con unos pantalones de chándal.
—¿Hayden? —le preguntó.
—Siento aparecer así, pero… ¿podemos sentarnos, mejor?
Shane se sentó de inmediato en el sofá.
—¿Qué pasa?
Un segundo después, Ilya se sentó a su lado. Hayden se sentó en un sillón frente a ellos.
—¿Habéis mirado las redes hoy? —preguntó Hayden—. Imagino que no.
—No —respondió Shane—. ¿Por qué?
Hayden soltó un suspiro y se rascó la nuca.
—Vale. Bueno, eh… ¿Os acordáis del vídeo de FanMail que hice ayer?
—Sí —respondió Shane con impaciencia.
Aquello le parecía cada vez menos importante.
—La cosa es que estaba en una habitación que utilizo como una especie de sala de trofeos. Es una habitación bonita. Ventanas grandes, muchas estanterías, espejos… Queda muy bien en los vídeos.
—Muy interesante —dijo Ilya con tono monótono.
—Pues las ventanas dan al lateral de la casa, donde están los árboles. Y yo no estaba de pie delante de las ventanas, porque siempre queda un poco raro estar a contraluz así…
—Hayden —dijo Ilya con un tono de advertencia.
—¿Qué ha pasado?
—Estaba de pie junto a la pared de trofeos, donde está el espejo grande, y el ángulo era tal que, en el espejo, se veía a través de la ventana. No me di cuenta mientras grababa ni, eeeh, antes de enviar el vídeo. Pero en el espejo se ve…
A Shane se le hizo un nudo en el estómago.
—¿Qué se ve? —preguntó con voz débil, sabiendo ya la respuesta.
Hayden se frotó la cara con una mano.
—A vosotros. Besándoos. Besándoos intensamente. O sea, mucho.
Shane tragó saliva con dificultad.
—¿Pero se ve claro? ¿En plan, que somos nosotros?
Hayden asintió.
—Muchísimo.
Joder. ¡Joooder! Tenía que haber alguna forma de arreglar eso.
—Solo le enviaste ese vídeo a una persona, ¿verdad?
—Sí —dijo Hayden—. Y esa persona lo ha publicado en Twitter.
Shane no podía respirar. No podía tragar saliva. Iba a morir atragantado por su propia saliva.
—Lo siento muchísimo, Shane —dijo Hayden—. La verdad es que no suelo ver los vídeos antes de enviarlos. Si lo hubiera visto, no lo habría enviado… La he cagado pero bien.
Shane no podía reaccionar. No sabía cómo hacerlo. Once años manteniéndolo en secreto y así era como los habían descubierto. Con un puto vídeo de FanMail.
Dios mío, ¿iba Ilya a darle un puñetazo a Hayden?
Estaba extrañamente callado, pero era imposible que no estuviera furioso.
Shane quería salir en defensa de su amigo antes de que ocurriera nada, pero no pudo.
Se estaba ahogando de rabia, miedo y humillación, y estaba intentando recordar cómo tragar.
Habían estado tan cerca de contárselo al mundo en sus propios términos… Solo quedaban unos meses. «Joder».
—Por favor, decid algo —dijo Hayden con aire desolado—. Sé que me odiáis. Solo decídmelo. Me lo merezco.
Shane abrió la boca y luego la cerró. Quería decir algo antes de que Ilya dijera algo peor.
—No pasa nada —dijo Ilya en voz baja.
Hayden lo miró con los ojos muy abiertos, sorprendido.
—¿Qué?
—No pasa nada —repitió—. Has sido un buen amigo. Has guardado nuestro secreto durante años. Ha sido un accidente, y la culpa es nuestra por no haber tenido más cuidado.
Uno de los nudos que Shane tenía en el pecho se aflojó. Se obligo a asentir.
—Ilya tiene razón. Por supuesto que no te odiamos. —Por fin consiguió tragar saliva y respirar—. ¿Es muy grave?
—Mucho —dijo Hayden—. El vídeo está por todas putas partes.
—¿Y qué dice la gente?
—Sobre todo cosas como «¿Qué cojones?», «¡Hostia puta, joder!» o «¿Estáis de puta coña, ¿no?». Ese tipo de cosas.
—Dios mío —dijo Shane, y se cubrió la cara con las manos.
Ilya le puso una mano en la espalda.
—¿Qué dicen tus compañeros de equipo?
—Pues más o menos lo mismo —suspiró Hayden—. El entrenamiento de esta tarde va a ser raro. Sin duda.
—Si es que me dejan ir —se quejó Shane.
—Bueno, hay gente en internet que cree que no deberías ir —dijo Hayden—. Pero ya sabes. Que les jodan.
—No quiero volver a mirar el móvil nunca más —dijo Shane mirándose las manos—. Voy a tirarlo al río.
—Deberíamos llamar a Farah —dijo Ilya con sensatez—. Ella puede echarnos un cable.
—Claro. Sí. Sin duda, eso es un asunto que debe llevar nuestra agente. —Shane dejó caer las manos sobre el regazo—. Dios, menuda mierda.
—Sí, pero no es tan diferente —dijo Ilya con calma—. De todas maneras, íbamos a contarlo nosotros mismos, pero ahora ya no hace falta.