El partido más largo (Game Changers 6) Capítulo 31
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Capítulo 31

Marzo

Obviamente, a Ilya le alegró ver todo el apoyo que recibió Troy durante la semana posterior al partido de la Noche del Orgullo.

Estaba seguro de que había mucha gente del bando contrario rajando en internet, pero esas voces quedaban ahogadas y, de todos modos, no importaban.

Eso le dio esperanzas a Ilya de que las cosas podrían salir bien cuando Shane y él anunciaran su relación.

Solo sintió un poco de envidia al ver lo mucho más relajado que parecía Troy.

La felicidad con la que sonreía ahora. La franqueza con la que Troy y Harris se mostraban cariñosos el uno con el otro, sabiendo que no tenían que esconderse.

Sabiendo que contaban con el apoyo del equipo.

Ilya imaginó que debía de ser una sensación maravillosa.

Cuando estaban en la pista, esperando a que empezara el entrenamiento, Troy se acercó a Ilya.

—Hey.

Ilya asintió con la cabeza.

—Barrett.

Troy cogió un puck que estaba contra la valla y empezó a moverlo con la pala del stick .

—Bueno, quiero, eeeh…, darte las gracias.

—¿Por?

—Por darme el empujón que necesitaba, supongo. Por… apoyarme.

Ilya le quitó el puck .

—Eso es lo que hacen los amigos.

—Sí, bueno. No según mi experiencia.

Ilya le devolvió el puck .

—¿Qué tal te ha ido? ¿Desde que saliste del armario?

Troy sonrió.

—Genial.

Ilya sintió una punzada de celos en el pecho, pero la ignoró.

—Me alegro.

—Y, además, Harris se preguntaba si tú…

Su voz se redujo a un murmullo casi inaudible.

—¿Qué?

Troy suspiró y enderezó los hombros.

—Harris quiere que vayas a cenar a la granja de su familia este domingo. Como agradecimiento.

Aquello era del todo innecesario y, posiblemente, más de lo que Ilya podía soportar en ese momento a nivel emocional. Estaba dispuesto a rechazar la invitación siendo muy educado, pero se le ocurrió algo:

—¿Estará Quirón allí?

Los labios de Troy esbozaron una leve sonrisa.

—Sí. Y un montón de perros más.

Bueno. Quizá Ilya podría sacar un rato para una cenita…

—¡Aaay! Harris, ¿quién es este buen chico? ¡Es incluso más grande que Quirón!

Ilya estaba agachado en el camino de entrada frente a la granja familiar de los Drover, con las enormes patas de un perro marrón apoyadas sobre sus hombros.

—Ese es Mac —dijo Harris—. Es un travieso.

Ilya acarició la cara de Mac con ambas manos.

—No es travieso. Es muy bueno.

Ilya ya había estado una vez en el huerto de manzanos de la familia de Harris, pero no en la casa. Había asistido a la inauguración de la sidrería de las hermanas de Harris, que también estaba en la granja. Aquello había estado bien, pero la casa tenía un aspecto muy mono.

Y había un montón de perros.

—¿Para qué tengo una casa? —bromeó Ilya mientras un segundo perro, más pequeño, le rozaba el muslo con el hocico, buscando atención—. Cuando podría vivir aquí en una tienda de campaña y ser muy feliz.

—Deberías entrar —gritó Troy desde el porche delantero—. Aquí fuera hace un frío que pela.

—Aún no los conozco a todos —replicó Ilya mientras se daba la vuelta para saludar a un tercer perro—. ¿Y esta cómo se llama?

—Aún no lo sé —respondió Harris—. Acaba de llegar.

La perrita sin nombre era de tamaño mediano, con el pelo largo de un color que mezclaba marrón, blanco y gris. Tenía las orejas caídas, grandes ojos marrones y la carita más dulce que Ilya había visto jamás.

—¡Eres nueva! —le dijo Ilya mientras le rascaba las suaves orejas—. Te va a encantar esta granja.

—La encontró uno de nuestros vecinos —explicó Harris—. La gente suele traer aquí a los perros callejeros porque mis padres los tratan bien. Mi madre la llevó un poco más allá, a ver a Linda, para que le echara un vistazo.

—Linda es veterinaria —añadió Troy.

La perra lamió los dedos de Ilya, lo que le hizo reír.

—No eres nada tímida, ¿no?

—Está en buena forma —dijo Harris—, teniendo en cuenta que estaba sola en el campo, pasando frío. Linda cree que la encontraron bastante rápido, gracias a dios. Es supersimpática… La perra, quiero decir. Shannon la ha estado cuidando muy bien.

—Shannon es esa perrita —dijo Troy señalando a la perrita más pequeña de todas.

—¿No es de nadie? —preguntó Ilya mientras se levantaba.

La perrita sin nombre se coló entre sus piernas.

—No, que hayamos podido averiguar. Conocemos a todo el mundo en un radio de kilómetros… —El rostro de Harris se volvió más enfadado de lo que Ilya lo había visto jamás—. Aunque a veces la gente lleva al campo a los perros que ya no quiere.

—¿Y los abandonan? —preguntó Ilya, horrorizado. Había crecido en Moscú y había visto muchos perros callejeros, pero la idea de que alguien abandonara a un perro que los quería, una parte de su familia y de su hogar, le parecía monstruosa.

Harris asintió.

—Sí. Es asqueroso.

—Es una puta mierda —dijo Troy.

Ilya se dirigió hacia la puerta principal con cinco perros rodeándolo. Quirón iba delante, pero no dejaba de volverse para asegurarse de que Ilya lo seguía. La perra nueva se mantenía pegada a los tobillos de Ilya.

La casa olía de maravilla y era tan encantadora como Ilya se había imaginado. Rebosante de historia familiar, de gente riendo y, sí, de perros.

—Creo que la mayoría está en el salón —dijo Harris abriendo el paso.

—Prepárate —murmuró Troy—, aquí hay mucho jaleo.

Había cinco personas sentadas en el salón. Harris fue presentándole a Ilya a sus dos hermanas y a sus maridos. Cuando llegó a su madre, Ilya lo interrumpió.

—Ay, ¿cómo iba a olvidarme de ti? —preguntó con voz melosa—. La mejor pareja de baile que he tenido jamás.

—Ay, déjalo ya… —dijo la señora Drover.

Era una mujer bajita con el pelo blanco en corte bob muy elegante. Ilya había disfrutado bailando con ella en un evento benéfico del equipo el año anterior, lo que había emocionado a Harris. Al igual que su hijo, era divertida y era fácil hablar con ella.

—Es verdad —dijo Ilya—. Nadie más ha estado a la altura. ¿Sigues con tu marido?

—Me temo que sí —dijo una voz masculina atronadora a espaldas de Ilya.

Se volvió y vio al padre de Harris sonriendo en el umbral.

Ilya suspiró teatralmente.

—Una lástima…

La hermana de Harris, Margot, se levantó para ofrecerle a Ilya su sillón, pero él hizo un gesto con la mano para que no se molestara y se sentó con las piernas cruzadas en el suelo.

—¿Estás seguro? —preguntó Margot.

Ilya ya tenía a tres perros intentando subirse a su regazo.

—Sí —respondió—. Todos mis amigos están aquí abajo.

Al final, todos se trasladaron al comedor, donde se apiñaron alrededor de una mesa y disfrutaron de una comida increíble que incluía jamón al horno, patatas gratinadas y, para deleite de Ilya, panecillos recién horneados.

—Los ha hecho mi padre —dijo Harris—. Se acabarán enseguida.

De postre había tarta de chocolate.

—¡Qué buena está! —exclamó Ilya tras el primer bocado—. ¿Quién ha hecho esta tarta?

—¡Troy! —dijo Harris con orgullo.

—Con mucha ayuda —añadió Troy enseguida—. Nunca había hecho una tarta antes. Ni nada, la verdad.

—¡Hacéis repostería juntos! —dijo Ilya mientras sonreía—. Qué bonito…

Troy bajó la cabeza, pero Ilya se dio cuenta de que se estaba sonrojando.

Después de cenar, Troy le preguntó a Ilya si quería salir con él. Ilya entendió que buscaba estar un rato tranquilo, así que asintió con la cabeza y cogió el abrigo y el gorro.

En cuanto salieron al porche delantero, Troy exhaló una bocanada de aire que se convirtió en una nuble blanca y flotó en la gélida oscuridad.

—Quiero mucho a esta familia, pero, tío…

Ilya se echó a reír.

—Hablan todos mucho. Es como si hubiera un montón de Harrises. —Hizo una pausa—. Probablemente te gustaría estar entre un montón de Harrises.

Troy le dio un codazo.

—Cállate. —Se agarró a la barandilla de la parte delantera del porche y alzó la vista hacia el cielo nocturno. Ya se veían un montón de estrellas—. ¿Sabes una cosa? Esta ha sido la mejor semana de mi vida.

—Me alegro de oírlo.

—Nunca había imaginado… —Troy negó con la cabeza—. Es que no creía que pudiera tener esto, ¿sabes? Tenerlo todo. Ser abiertamente gay. Jugar al hockey. Estar con alguien tan genial como Harris. Me siento como si me hubieran quitado un millón de kilos de encima.

Ilya sospechaba que sabía por qué Troy le estaba contando eso.

—Crees que debería hacer lo mismo.

—No voy a decirte lo que tienes que hacer, pero sí. Creo que deberías.

Sin embargo, Troy no sabía toda la verdad. Tenía razón en que el hecho de que Ilya saliera del armario como bisexual no sería para tanto. Al menos, no en el mal sentido. Pero ese no era el mayor secreto que Ilya ocultaba.

—He recibido un montón de mensajes, o cosas así —dijo Troy—. Gente en internet que responde a mis posts . Me dicen lo mucho que significa para ellos que haya salido del armario. La verdad es que no los leo, pero Harris me habla de ellos. Me parece bonito.

—Esa parte está muy bien —asintió Ilya.

—Entiendo lo de esconderse, pero, si hubiera sabido lo bien que se siente estar fuera, quizá lo habría hecho antes. —Se volvió hacia Ilya—. Por eso te lo estoy contando. Para que lo sepas.

Ilya lo miró con seriedad.

—No es solo mi secreto como para contarlo yo solo.

Troy frunció el ceño. Luego abrió mucho los ojos.

—Ah… ¡Aaah! Estás con alguien.

—Sí.

—¿Que tampoco ha salido del armario?

—Más o menos. Sí.

—¿Es…, es de quien hablamos la otra vez? ¿En Nueva York?

Troy casi había adivinado que Ilya salía con Shane, allá por diciembre en Nueva York, cuando Ilya le había contado que era bisexual. Eso había confirmado la sospecha de Ilya de que cualquiera que supiera que él era bisexual se daría cuenta bastante rápido de que Shane era su novio.

Ilya no dijo nada, igual que no lo había dicho en Nueva York. Quería decirle a Troy que Shane sería su marido muy pronto. Probablemente podría hacerlo. Quizá. Excepto que Ilya aún no acababa de creerse que fuera a ocurrir de verdad.

—No es asunto mío —dijo Troy, rompiendo el pesado silencio—. Pero, eh, si se tratara de alguien así, entiendo que eso sería… complicado. Sí.

Ilya volvió a fijar la mirada en el cielo y cambió de tema.

—Mira. La Osa Mayor, ¿sí?