El partido más largo (Game Changers 6) Capítulo 30
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Capítulo 30

Shane no esperaba ver a Ilya la noche del partido del Orgullo de Ottawa, pero no le sorprendió encontrarlo en la puerta de su casa pasada la medianoche.

—Ven aquí —dijo Shane, con los brazos abiertos.

Ilya se dejó caer en ellos.

Shane lo metió dentro y cerró la puerta. Durante un buen rato, se limitó a abrazarlo en la oscuridad, acariciándole la espalda mientras Ilya respiraba contra él.

Shane había visto el partido. Había sido increíble ver el apoyo de los aficionados a Troy Bennett.

Todas las pancartas celebrando su decisión de salir del armario.

Shane también había visto el vídeo en el que Troy había anunciado abiertamente que era gay y que había publicado en su Instagram.

Incluso se le habían saltado algunas lágrimas al verlo.

Sabía que Ilya también se alegraba por Troy. Había visto lo emocionado que había estado Ilya durante la larga ovación que Troy había recibido antes de que empezara el partido. Había sido un gran día para el hockey.

Pero Shane también entendía por qué Ilya necesitaba que lo abrazaran en ese momento.

—¿Estás bien? —preguntó Shane en voz baja.

—No —respondió Ilya, con la voz amortiguada por el hombro de Shane—. Creo que me estoy desmoronando.

—Lo entiendo…

—Ha sido una noche maravillosa. Debería estar contento.

—Está bien que te sientas raro al respecto. A mí también me pasa.

—¿Sí?

—Sí. Como cuando Scott Hunter besó a Kip en la tele. Fue increíble, pero también…, joder, ¿sabes?

Ilya se rio.

—Sí. Justo eso.

Lo único que Shane quería era cuidar de Ilya, como pudiera. Ilya siempre sabía exactamente qué hacer cuando Shane estaba hecho un desastre.

—¿Qué necesitas?

—A ti —dijo Ilya sin dudarlo—. Solo… necesito dejar de pensar.

Shane dio un paso atrás, pero le apretó la mano a Ilya.

—Sube. Se me ocurren algunas ideas para distraerte.

Ilya sonrió, se quitó el abrigo, se metió el gorro en uno de los bolsillos y lo colgó. Todavía llevaba puesto el traje con el que había salido del pabellón, incluidos los zapatos de vestir que se estaba quitando.

—¿Has venido en coche directamente desde el estadio? —preguntó Shane mientras subían juntos las escaleras.

—Sí.

Shane extendió una mano hacia atrás e Ilya la cogió.

—Sabes que me he duchado después del partido, ¿sí? —dijo Ilya con una sonrisa suave y burlona cuando Shane lo llevó al cuarto de baño y a su enorme ducha de efecto lluvia.

—Esta ducha será mejor.

Shane abrió el grifo y dejó que el vapor llenara la habitación mientras ambos se desnudaban en el dormitorio. Tardaron más de lo necesario porque no paraban de hacer pausas para besarse.

—Anda, vamos… —dijo Shane en voz baja—. A la ducha.

Ilya siempre tenía un aspecto espectacular cuando estaba desnudo y mojado. Shane no tenía ni idea de cómo sus compañeros de equipo eran capaces de ducharse con él sin perder la cabeza. Él, desde luego, no había sido capaz de hacerlo durante todos esos años.

—¿El champú es nuevo? —preguntó Ilya mientras Shane le lavaba el pelo. Ilya tuvo que inclinarse ligeramente hacia delante para que Shane pudiera alcanzarlo.

—Sí. ¿Te gusta?

—Huele bien. A mar.

—Lleva algas o algo así.

—Hasta tu pelo es sano…

—Cállate, anda. Aclárate…

Ilya, obediente, echó la cabeza hacia atrás y se enjuagó el pelo.

La espuma le resbalaba por el cuerpo y se sumergía entre las curvas de sus pectorales y abdominales, y pasaba por encima y alrededor de sus musculosos hombros.

Su polla estaba flácida, y Shane esperaba aprovechar la oportunidad que se le había presentado.

—¿Puedo chupártela? —preguntó—. Quiero sentir cómo te pones duro en mi boca.

La expresión de Ilya se fundió en puro deseo.

—Deberías darte prisa.

Shane se arrodilló, recorriendo con las manos el cuerpo firme de Ilya.

Acarició suavemente con los labios la polla blanda de Ilya antes de metérsela por completo en la boca.

Ilya siseó y empezó a ponerse duro de inmediato.

Shane mantuvo la boca relajada, con la lengua rozando apenas la carne endurecida de Ilya, y se limitó a disfrutar de la sensación de sentirse lleno.

Cuando Ilya estaba duro por completo, Shane se apartó y mostró cuánto adoraba su polla con pequeños lametones y besos de gatito, y luego se pasó un rato chupando por debajo de la punta.

Ilya murmuró palabras cariñosas en ruso, mientras sus dedos recorrían ligeramente las mejillas de Shane y se adentraban en su pelo húmedo.

—Qué dulce eres conmigo —murmuró Ilya en inglés.

Shane respondió clavando la mirada en la de Ilya y deslizando los labios hacia abajo, metiéndosela hasta el fondo.

Últimamente se le daba de maravilla chupársela.

Como con todo lo que se proponía, se había esforzado mucho en ello.

Había estudiado, practicado y visualizado cómo sería capaz de hacerlo.

Ser capaz de meterse la polla de su novio hasta la garganta y sentir cómo se ponía aún más dura, hasta casi ahogarlo.

Le encantaba cómo se sentía pero, más que eso, le encantaba lo que le provocaba a Ilya.

—Sí —suspiró Ilya en voz baja, con la palabra casi perdida entre el sonido del agua corriendo.

Shane deslizó las manos hasta el culo de Ilya, agarró con fuerza los músculos firmes y los atrajo hacia sí. Ya le empezaban a doler las rodillas, pero podía aguantarlo. Quizá debería tener unas rodilleras de yoga en el baño…

—Joder, Hollander. Esa puta boca. Está hecha para esto —gruñó Ilya por encima de él, rompiendo la aburrida cadena de pensamientos de Shane.

Shane murmuró con la boca ocupada, porque… sí. Estaba hecho para eso. Para cualquier cosa que Ilya necesitara de él.

Hundió los dedos en el pliegue del culo de Ilya y rozó con curiosidad su ano. A Ilya no siempre le gustaba eso, pero a veces le encantaba, y Shane tenía la sensación de que…

—Sí —dijo Ilya—. Sigue así.

Shane se apartó ligeramente de la polla de Ilya para poder concentrarse en hacer dos cosas a la vez, sin dejar de respirar.

Chupó la punta de la polla de Ilya mientras trazaba círculos en el ano de Ilya con la yema de un dedo.

Ilya gimió en voz baja por encima de él.

Tenía los ojos cerrados y parecía que fuera a caerse, balanceándose un poco sobre sus pies.

Shane le dio un beso de despedida a su polla y luego se levantó, sin apartar del ano el dedo con el que le había estado provocando.

—¿Por qué no nos vamos a la cama y te doy todo lo que necesites?

Ilya asintió y Shane cerró el grifo.

Shane secó a Ilya con una mullida toalla gris, empezando por el pelo, luego el pecho, los brazos y el vientre, y bajando entre sus piernas hasta que volvió a arrodillarse a los pies de Ilya.

Ilya enredó los dedos en el pelo mojado de Shane y tiró ligeramente de él.

—Esta noche necesito mucho de ti.

—Para ti. Lo que quieras.

Un suave sonido escapó de los labios de Ilya, casi un gemido.

—Destrózame, Hollander.

Shane se secó a la velocidad del rayo y siguió a Ilya hasta la cama.

Ilya ya estaba tumbado bocabajo, con una almohada bajo las caderas y el culo en pompa, dejando claro lo que necesitaba.

Después de tres años como pareja cerrada, se conocían bien los cuerpos del otro y sabían cuáles eran sus límites.

A Ilya no le interesaba hacer de pasivo más de lo que a Shane le interesaba hacer de activo, pero a veces a Ilya le gustaba que Shane le prestara atención a su culo.

Puntualmente, Ilya solo quería que lo llevaran tan lejos de sí mismo como pudiera llegar, y eso parecía surtir efecto.

Shane empezó con la lengua. Lo hizo con suavidad y delicadeza, moviéndola tal y como a él mismo le gustaba.

Ilya gimió y pareció hundirse más en el colchón.

No hablaron. Shane mantuvo la boca ocupada e Ilya, esperaba él, estaba demasiado fuera de sí como para articular palabras.

Shane se deleitaba con sus gemidos, jadeos y suspiros mientras aumentaba la presión de la lengua.

Ilya estaba muy apretado, pero Shane, al fin, tras varios minutos, consiguió introducir la punta de la lengua en su interior.

—Ay —jadeó Ilya.

Shane debería ofrecerse a hacer esto más a menudo. Ilya rara vez lo pedía, pero quizá Shane no se hubiera percatado de momentos en los que Ilya había querido pedírselo.

Shane se apartó y admiró el trabajo que había hecho hasta entonces. Sospechaba que Ilya estaba listo para algo más intenso.

—¿Quieres que te meta los dedos?

—Bfff…

Shane se rio.

—Vas a tener que decir alguna palabra para saber qué quieres.

— Da. Sí. Joder, venga, va.

Shane fue a por un bote de lubricante, pero se detuvo al mirar dentro del cajón de la mesita de noche.

—¿Quizá quieres probar un juguete?

A Ilya no le había gustado mucho el dildo que Shane había probado con él una vez, hacía dos años, pero ahora tenían cosas más pequeñas. Pequeños masajeadores de próstata que vibraban y plugs .

—No —dijo Ilya—. Solo te quiero a ti.

Shane le dio un beso en la sien a Ilya.

—Vale. —Se echó un poco de lubricante en los dedos—. Eeeh… Bueno, ¿quieres…?

—Los dedos, Hollander. Méteme los dedos. Y relájate, joder.

Shane resopló.

—El que tiene que relajarse aquí eres tú.

—El que está tardando una eternidad eres tú.

—Me gustaba más cuando no te salían las palabras.

—Pues haz que me olvide de cómo se habla.

Shane mordió juguetonamente una nalga de Ilya y luego presionó un dedo resbaladizo contra su ano.

Lo fue introduciendo despacio, con cuidado, hasta que pudo deslizarse dentro sin mucha resistencia, hasta el segundo nudillo.

Exploró el interior hasta que encontró el punto que hizo que todo el cuerpo de Ilya se estremeciera.

—Joder —jadeó Ilya—. Siempre se me olvida.

Shane sonrió y empezó a marcar un ritmo. Al cabo de unos minutos, Ilya tenía los nervios a flor de piel.

—Bien, ¿no? —dijo Shane en voz baja—. Es como notar olas. Me encanta dejarme llevar por esa sensación.

—Qué pasada… Sí.

—Sí. Como si fueras a correrte, pero no del todo. Se siente la hostia de bien.

—A veces te corres así.

—Sí —asintió Shane—. Y es una puta pasada.

Ilya gimió.

—¿Quieres probar? —preguntó Shane.

—Eeeh… Sí. Joder. Siento como si fuera a matarme. Como si me partiera por la mitad.

—No te va a matar. Déjate llevar.

Shane sabía que Ilya estaba frotándose un poco contra la almohada, lo cual técnicamente era hacer trampa, pero aun así pasó un tiempo sorprendentemente corto antes de que Ilya dijera:

—No pares. Ay, joder. Shane.

Y luego se apretó con fuerza alrededor del dedo de Shane. Su cuerpo se sacudió mientras gemía y maldecía, hasta que al final se quedó quieto.

Shane sacó el dedo y besó la columna vertebral de Ilya mientras esperaba a que se calmara. Y, al final, Ilya dijo:

—Espero que no le tuvieras mucho cariño a esa almohada.

Shane se rio.

—Ni tan mal, ¿eh?

—Todo mi cuerpo acaba de salir disparado por la polla.

—¿Contamos eso como una lesión en la parte inferior del cuerpo?

Ilya se dio la vuelta y se puso bocarriba, sonriendo a Shane.

—Ven aquí para que te la pueda tocar.

Shane se arrastró de rodillas hasta quedar a horcajadas sobre la cintura de Ilya.

—Puedo hacerlo yo. Tienes las extremidades como fideos.

Ilya cruzó las manos detrás de la cabeza.

—Mi programa favorito.

Shane sonrió y se echó más lubricante en la palma de la mano, y luego se puso manos a la obra. Menos de un minuto después, estaba al borde del orgasmo.

—Lo siento —dijo entre dientes—. No puedo…

—No pasa nada —dijo Ilya—. Venga, va.

Shane dejó de resistirse y permitió que el orgasmo lo embistiera con fuerza, derramándose por todo el pecho de Ilya. Entonces, Shane se desplomó hacia delante y le dio un beso apasionado.

—Te quiero —murmuró contra los labios de Ilya—. Muchísimo.

Más tarde, después de que se hubieran aseado y Shane hubiera metido la desafortunada almohada en la colada para el día siguiente, se acurrucaron juntos en la cama. Era tarde y a ambos les costaba mantenerse despiertos.

—¿Te he contado —dijo Ilya— que Bood y Cassie han tenido a su bebé?

—No.

—Han tenido un niño —dijo Ilya—. Milo.

—Qué nombre más chulo.

—Mmm. Pues lo he visto. Es muy mono.

Shane jugueteó con el anillo de la cadena de Ilya.

—¿Cómo llamarías a tu hijo?

—Roger Crowell.

Shane se partió de risa.

—Le encantaría.

—Roger Crowell Rozanov.

—Anda, para.

—O… —dijo Ilya tumbándose encima de él mientras sonreía— Roger Crowell Rozanov-Hollander.

—Dios, es un trabalenguas —dijo Shane mientras se le derretía el corazón—. Aunque Hollander-Rozanov va por orden alfabético, así que…

—Suena peor.

—Quizá podríamos combinar nuestros nombres. Hollanov. Rozander.

—Roger Rozander. Es un nombre horrible.

—¡No vamos a llamar a nuestro hijo Roger, capullo!

Los dos se rieron y luego se besaron hasta que el cansancio hizo que sus besos se volvieran torpes y lentos. Ilya se quedó dormido primero, y Shane escuchó su respiración acompasada mientras su propio cuerpo bullía de felicidad.