Capítulo 29
Febrero
—¿Dónde te he visto antes? —preguntó Ilya.
El defensa de Detroit, Kerr, parecía desconcertado.
—¿De qué coño estás hablando, Rozanov?
Ilya, que llevaba el guante puesto, lo señaló.
—¡Aaah! Ya sé. Ese gif … Me sale siempre. El de la temporada pasada, cuando te regateé como si fueras una puta estatua y marqué.
Kerr le dio un empujón. Estaban detrás de la portería de Detroit, en una interrupción del partido.
—Si yo jugara en Ottawa, no presumiría tanto y me quedaría calladito.
Ilya se recostó contra el cristal, sin dejar de sonreír.
—Qué raro, porque ahora mismo vamos ganando 3-1.
—Da igual.
Kerr se alejó patinando.
—Rozanov —dijo un árbitro con voz agotada—, ¿podrías dejarlo en paz por una vez?
—Por ti, lo que sea.
Bood se unió a Ilya mientras este patinaba hacia el banquillo.
—Oye, ¿seguro que estamos en el estadio correcto? —dijo por encima del estruendo de la multitud—. Esto no puede ser Ottawa.
Estaban a mitad del segundo tiempo del primer partido en casa tras el parón del All-Star y el estadio estaba abarrotado. Y a todo volumen. Incluso ahí, cuando no pasaba nada sobre la pista, el público estaba enloquecido.
—Supongo que simplemente teníamos que empezar a ganar —dijo Ilya.
—Joder, deberíamos haberlo intentado antes —bromeó Bood.
Ilya se rio, porque estaba de muy buen humor, joder.
El hockey volvía a ser divertido. Y se alegraba por Bood, que había estado en Ottawa toda su carrera y nunca había sabido lo que se sentía al formar parte de un buen equipo de la NHL .
Se alegraba por Wyatt, que era demasiado bueno para ser el portero de un equipo perdedor.
Se alegraba por los rookies , por el entrenador Wiebe y por Troy, que últimamente sonreía mucho, aunque eso probablemente tuviera más que ver con Harris.
Ottawa acabó ganando el partido por 5-2 después de que Troy marcara un gol a puerta vacía cuando quedaba menos de un minuto para el final. Un gran esfuerzo por parte de todos. Y, sin duda, merecedor de una salida en equipo al Monk’s para celebrarlo.
Ilya estaba sentado en una mesa con Troy Barrett, Evan Dykstra y tres jarras de cerveza. Ya se había bebido una de ellas casi entera.
—¿Sabéis por qué creo que estamos ganando tanto? —dijo, con las palabras un poco arrastradas mientras, borracho, se le trababa el inglés—. Porque Dykstra no ha sido el DJ. En el vestuario.
—¡Oye! —dijo Evan—. Mi música es la hostia de buena.
—No —gruñó Ilya—. Es terrible.
—¿Dónde está Hazy? —preguntó Evan mirando a su alrededor—. Él me dará la razón.
—No cuenta. A Hazy le gusta todo.
Bood se acercó a la mesa, con una cerveza en una mano y un taco de billar en la otra.
—¿Quién quiere que le dé una paliza al billar?
—Vamos —dijo Evan—. Ilya está siendo un capullo.
—¡No! —exclamó Bood, fingiendo sorpresa—. ¿Ilya Rozanov?
—¿No está tu mujer dando a luz ahora mismo? —preguntó Ilya.
—Todavía no, pero me voy a ir después de darle una paliza a Dykstra. Ya sabes. Por si acaso.
Evan se fue con Bood, y Troy, que había estado callado toda la noche, dijo:
—La música de Dykstra es una real mierda.
—¿Verdad? —preguntó Ilya mientras daba un largo sorbo a su cerveza—. ¿Estás bien?
Troy frunció el ceño mirando hacia la mesa.
—Sí. Es solo que… estoy pensando en algo.
—¿Harris? —adivinó Ilya.
Los labios de Troy esbozaron una leve sonrisa.
—No. Bueno, sí. Más o menos. —Levantó la vista hacia Ilya—. Que, por cierto, ahora estamos juntos.
Ilya sonrió de oreja a oreja y le puso una mano en el hombro a Troy.
—¡Qué bien! ¿Dónde está ahora?
—Sigue trabajando. Pero dijo que llegaría pronto. —Jugueteó con un posavasos de papel que había sobre la mesa—. Bueno, es que estoy pensando en salir del armario. Ya sabes, del todo. Públicamente. Quizá el día del partido de la Noche del Orgullo.
Hostia puta. Por un momento, Ilya se quedó sin palabras mientras una confusa mezcla de emoción, sorpresa y celos se apoderaba de él. El partido de la Noche del Orgullo era a finales de febrero, dentro de solo un par de semanas.
—¿Ah, sí? —Fue lo único que logró decir al final.
—Sí. Estoy cansado de esconderme. Y, ahora que estoy con Harris, no creo que pueda hacerlo, ¿sabes?
Era cierto. Ilya estaba seguro de que todo el equipo se daría cuenta pronto de cómo se miraban Harris y Troy, si es que aún no lo habían hecho.
—Me alegro mucho por ti. Y por Harris. Y, por supuesto, te voy a apoyar. Todo el equipo lo va a hacer.
—¿Tú crees?
—¡Troy! Sí. Claro. Nuestro equipo es el mejor.
Una pregunta silenciosa flotaba en el aire: «Entonces ¿por qué Ilya no había salido del armario?». Ilya dejó que quedara en el aire.
—El partido de la Noche del Orgullo —dijo Troy—. Es contra Toronto. Así que… Eso es una mierda.
Uf. Sí que era una mierda, sí. Ya era bastante difícil para Troy enfrentarse a su antiguo equipo sin que se sumara nada más.
—El partido de la Noche del Orgullo es solo algo de la liga, ¿sabes?
No es tipo… No tiene por qué ser el momento en el que salgas del armario.
—Ilya estaba haciendo un pésimo trabajo explicando lo que quería decir—.
Es tipo… para dar espectáculo, más o menos.
No te sientas presionado a tener que salir del armario.
—Lo sé. Es solo que creo que estaría bien, ¿quizá?
Ilya lo entendía. Los partidos de la Noche del Orgullo siempre le habían parecido raros. Más que nada, un espectáculo, pero también algo incómodos porque se sentía culpable por no haber salido él mismo del armario.
—Entonces, hazlo —dijo Ilya—. Y nos aseguraremos de dejar en ridículo a tu antiguo equipo esa noche.
—¡Quirón! ¡Estás hecho un grandullón! —dijo Ilya mientras le rascaba las orejas a Quirón—. ¡Eres como dos Quirones!
Harris había llevado a Quirón al vestuario al terminar el entrenamiento para que visitara al equipo, pero Ilya sospechaba que tenía un motivo oculto. Sus sospechas se confirmaron un momento después, cuando Harris preguntó:
—¿Hoy no ha venido Troy?
Ilya sonrió al perro.
—Está por aquí, en alguna parte. Seguramente en las duchas.
Harris echó un vistazo hacia las duchas, pero se contuvo para no correr hacia allí y echar un vistazo a Troy, mojado y desnudo.
—A Quirón le han dado una mala noticia esta semana —dijo—. Aunque no parece que se sienta muy triste.
A Ilya le pasaron un millón de terribles posibilidades por la cabeza.
—¿Qué noticia? ¿Qué pasa?
—Resulta que no tiene madera de perro de terapia. Según los adiestradores, al menos.
—Imposible —dijo Ilya porque era evidente que Quirón era el mejor perro del mundo y los entrenadores eran unos putos imbéciles si no sabían verlo—. ¿Qué va a ser de él?
—No cambiará gran cosa. Seguirá siendo el perro oficial del equipo, pero necesitará un hogar fuera del estadio.
Ilya estuvo a punto de ofrecerse a acogerlo. Tenía muchísimas ganas de hacerlo. Pero había otra opción con mucho más sentido.
—Lo vas a adoptar —le dijo a Harris.
Resultó que Harris ya había estado pensando lo mismo. Así que Ilya se alegró el doble de no haber intentado robarle el perro a Harris.
Ilya sonrió a Quirón.
—Vas a ser el perro más feliz del mundo.
Lo decía en serio. A Harris le encantaban los perros, y su familia tenía una gran granja que Quirón podría visitar y en la que podría correr a sus anchas.
Troy salió de una sala trasera —no de las duchas— algo sudado y, sí, sexy, así que la atención de Harris se desvió de Ilya al instante.
Ilya se sentó en el suelo y jugó con Quirón, todavía con la mayor parte de su equipamiento puesto.
Se quitó una de las coderas y la agitó en el aire, dejando que Quirón la persiguiera y le diera mordiscos cuando la atrapaba.
Sin duda necesitaba un perro.
Unos minutos más tarde, Troy se puso de pie en el banco de su taquilla e intentó llamar la atención de los presentes. Como no salió del todo bien, Ilya decidió echarle una mano.
—Callaos todos y escuchad a Barrett.
Se hizo un gran silencio en el vestuario mientras todos centraban su atención en Troy. A Ilya solo se le ocurría una cosa que Troy pudiera estar anunciando, con Harris a su lado, así que contuvo la respiración y esperó.
—Solo una cosa —dijo Troy—. Estoy saliendo con Harris. Estamos juntos. Soy gay.
Ilya no pudo sino admirar lo eficaz que había sido ese discurso.
Empezó a aplaudir con fuerza y todos los demás se unieron a él, vitoreando y gritando de alegría.
Ilya adoraba a ese equipo. Vio cómo Troy bajaba del banco y se lanzaba a los brazos de Harris.
Y luego lo besó apasionadamente, delante de todos.
A Ilya se le encogió el corazón, en parte por la felicidad, y en parte por los celos.
Estaba encantado por Harris y Troy, pero al mismo tiempo sabía que nunca conseguiría que un vestuario lleno de jugadores de hockey vitoreara su relación con Shane.
Y, por supuesto, no debería enfadarse con Troy por haber podido salir del armario, anunciar su relación con Harris y, básicamente, adoptar un perro maravilloso, todo ello en el mismo día.
—No pasa nada —le dijo a Ilya a Quirón en ruso—. Mi día ya llegará.
Pero a veces se preguntaba, incluso con el anillo de Shane colgado del cuello, si no se estaría engañando.
—Pensaba que habías tirado la toalla —dijo Galina, en ruso, mientras le hacía señas a Ilya para que entrara en su despacho.
—Lo siento —dijo Ilya.
Había dejado pasar cinco semanas sin ir a la psicóloga porque se sentía más como antes.
Había tenido la esperanza, absurda, lo sabía, de que ya se había recuperado.
Pero ver a Troy y a Harris besándose en el vestuario del equipo lo había hecho caer de nuevo en una espiral hacia un lugar oscuro, así que había concertado una cita.
—¿Has estado ocupado? —preguntó ella mientras se sentaba en su sillón frente al sofá.
—Sí —respondió Ilya ocupando su sitio habitual en el cojín central—. Puede que nos clasifiquemos para los play-offs , aunque parezca increíble.
—Lo sé, lo he estado siguiendo. Es muy emocionante, como aficionada.
Ilya sonrió.
—Y como jugador.
—Así que el hockey va bien —insistió ella.