Capítulo 27 #4
Entonces, cuando Shane ya no era más que una masa temblorosa de puro deseo, Ilya finalmente se la metió.
Shane observó el rostro de Ilya mientras se introducía en él. Tenía los ojos muy abiertos, como si después de todos estos años la sensación aún le sorprendiera. Como si no esperara que Shane lo recibiera con tanta facilidad. Como si, de alguna manera, no supiera que ese era su lugar.
—Te quiero muchísimo —susurró Shane.
Ilya solo pudo asentir con la cabeza, mordiéndose con fuerza el labio inferior para no gritar.
Cuando empezó a moverse, lo hizo con embestidas lentas y deliberadas que no eran suficientes, pero que a la vez eran demasiado intensas.
Cada nervio del cuerpo de Shane vibraba.
Ilya salpicó el rostro de Shane con suaves besos, su aliento bailando sobre la piel de Shane en jadeos entrecortados.
Shane rodeó con las piernas la espalda de Ilya, instándole a penetrar más profundo y rápido.
Se oía más ruido desde el pasillo (más jugadores de la NHL borrachos y alborotadores) y Shane intentó ignorarlos. O, al menos, intentó que su proximidad no le excitara aún más. Porque Ilya no se había equivocado; había algo excitante en hacer eso rodeados de sus compañeros.
Al final, Ilya aceleró el ritmo. Le sonrió a Shane, como si supiera en qué había estado pensando.
—¿Y si pudieran vernos? —La voz de Ilya era grave y tranquila, y sus palabras hicieron que la polla de Shane se estremeciera—. Como si esa pared fuera una ventana.
Shane apretó los ojos con fuerza, lo que solo le ayudó a imaginárselo.
—Joder —dijo.
—Podrían ver lo bien que lo llevas. Lo mucho que te gusta.
—Para —dijo Shane con voz débil, sin decirlo en serio en absoluto.
—Estarían tan celosos de mí… Por poder tenerte así…
Shane abrió los ojos.
—Se pondrían celosos de mí. Eres superguapo, joder.
—Tócate —le ordenó Ilya, y entonces empezó a empujar con más fuerza, sacudiendo las caderas y echando la cabeza hacia atrás.
A Shane le encantaba ese momento, cuando Ilya empezaba a perder el control y se lanzaba desesperadamente en busca de su propio clímax. Shane se acarició obediente, mordiéndose el labio para no gritar.
Se corrió primero, y su semen salpicó su vientre justo en el momento en que alguien en el pasillo soltaba un fuerte grito de júbilo, lo cual fue una extraña coincidencia que, por desgracia, a Shane le pareció muy excitante.
Ilya se reía, de forma casi histérica, pero seguía empujando e interrumpiendo su propia risa con gruñidos frenéticos hasta que, por fin, dijo:
—Me voy a correr, Hollander. Joder.
Shane deseó que no hubiera dicho su nombre, pero dejó de preocuparse por eso al instante porque ver la cara de Ilya Rozanov cuando alcanzaba el clímax era una de las cosas favoritas de Shane en el mundo.
Ilya consiguió evitar desplomarse sobre Shane y, en su lugar, se retiró con cuidado y rodó hacia un lado, respirando con dificultad.
—Eso ha sido —dijo Shane— la hostia de excitante.
Ilya frunció la nariz.
—Bah. Ni tan mal.
Shane soltó una risa temblorosa y le dio un golpecito en el pecho a Ilya.
—Que te den.
Se turnaron para asearse en el baño. Shane volvió a la cama, todavía desnudo, mientras esperaba a Ilya. Se alegró de que hubieran conseguido mantener las sábanas relativamente limpias.
—Te vas a quedar —dijo Ilya.
Shane abrió los ojos y lo vio de pie fuera del baño, también todavía desnudo.
—Bueno —dijo Shane señalando el pasillo, donde aún se oían voces masculinas a todo volumen—. Yo no voy a salir ahí fuera.
—No van a pensar que estábamos follando —dijo Ilya con sensatez.
—Ya lo sé…
—Quizá estábamos viendo una peli —dijo Ilya mientras se acercaba con paso tranquilo a la cama. Nadie debería estar tan elegante desnudo.
—¿Quiénes? —preguntó Shane con tono seco—. ¿Tú y yo y las dos o tres mujeres con las que te estabas montando una orgía?
Ilya le dedicó una sonrisa torcida y se deslizó bajo las sábanas a su lado.
—Dos o tres personas no es una orgía, Shane. —Le levantó la barbilla con un dedo y se la mantuvo así mientras lo besaba en los labios—. Me alegro de que te quedes.
—No digo que no esté nervioso por eso.
—Lo sé. Pero odio cuando estás tan cerca y, sin embargo, no estás en mis brazos.
El corazón de Shane dio un vuelco.
—Supongo que ya casi estamos casados. Así que…
—Sí —asintió Ilya—. El año que viene seremos la primera pareja casada de la NHL All-Stars.
Todo el cuerpo de Shane se tensó.
—Ay, dios mío.
—¿Qué?
—Ni siquiera había pensado en eso.
Ilya lo besó de nuevo, pero eso no impidió que la mente de Shane se disparara sin control.
—Dios mío —repitió Shane cuando Ilya terminó de besarlo—. Estoy tan centrado en casarme contigo, en ser pareja y todo eso, y en lidiar con las reacciones del mundo del hockey, que ni siquiera había pensado en, ya sabes, estar casado y jugar al hockey.
—¿Da miedo?
Era la hostia de aterrador, pero Shane no quería decirlo.
—Ya nos las arreglaremos —dijo sin la confianza necesaria.
—¿Nos las arreglaremos? —dijo Ilya con una sonrisa—. Joder, estoy deseando que llegue ese momento.