Capítulo 27 #3
Ilya se rio contra su piel.
—Te esfuerzas tanto por cuidar este cuerpo… Debería gustarte que te presten atención.
Claro que le gustaba, joder.
—¿Te quitas la camiseta? —Sonaba patético.
Ilya se incorporó y se quitó la camiseta por la cabeza, para luego tirarla detrás de él. El anillo brillaba en su cadena contra el vello oscuro de su pecho y, dios, a veces Shane se olvidaba. Parecía imposible poder tener a ese hombre para siempre.
Shane extendió una mano.
—Ven aquí. Bésame.
Ilya se inclinó y mordisqueó el labio inferior de Shane, luego le dio un besito en una comisura de la boca y después en la otra.
Cuando por fin se apoderó de la boca de Shane, lo besó con una paciencia y un control enloquecedores.
Shane intentó tomar las riendas, desesperado por acelerar, pero Ilya no se lo permitió.
«Pórtate bien —se dijo Shane a sí mismo—. Deja que él haga esto por ti».
Deseaba que Ilya le tocara la polla. Estaba justo ahí, pero Ilya se había colocado de tal forma que se hallaba casi al lado de Shane, dejando la erección de este sola y desamparada.
Shane intentó deslizar una mano hacia abajo para darse un poco de alivio, pero Ilya le agarró la muñeca y le inmovilizó la mano con firmeza sobre la almohada, por encima de la cabeza, y luego hizo lo mismo con la otra.
—Quédate así —dijo Ilya, con una voz grave y deliciosa que retumbaba.
Shane asintió y luego dijo, avergonzado:
—Por favor.
Los labios de Ilya esbozaron una sonrisa.
—¿Por favor qué?
Shane ni siquiera lo sabía.
—Tócame. Lo que quieras. Es solo que… te necesito.
—Ya me tienes, cariño.
La primera vez que Ilya lo había llamado así, Shane se había sentido como si le hubiera caído un rayo.
Había sido tan inesperado, tan estremecedor y ardiente…
Shane nunca se atrevía a llamar «cariño» a nadie, pero la palabra salía sin esfuerzo de la lengua de Ilya, con ese acento tan puto sexy que tenía.
A pesar de eso, Ilya rara vez la decía, así que, cada vez que lo hacía, dejaba a Shane boquiabierto.
Ilya se deslizó por la cama y empezó a besar los muslos de Shane, subiendo por el pliegue de su ingle.
Shane se estremeció y jadeó, pero mantuvo las manos sobre la almohada y no pidió más.
Tras varios minutos, su buen comportamiento se vio recompensado cuando Ilya, sin previo aviso, se metió una de las pelotas de Shane en la boca.
—Joder… —gimió Shane.
Ilya era todo un experto en lo que se refería a las pelotas de Shane.
Sabía a la perfección cómo acariciarlas con la boca, cómo presionar con la lengua en el centro del escroto de Shane y cómo utilizar los dedos en la zona sensible justo debajo.
Había hecho que Shane se corriera solo con eso muchas veces, pero Shane no creía que ese fuera el plan de esta noche. Esperaba que no.
—Joder, Ilya. Qué bien…
Ilya murmuró algo, lo que hizo que le subieran chispas hasta la punta de la polla a Shane.
Soltó a Shane despacio, dejando que el delicado huevo se deslizara entre sus labios relucientes.
Se levantó y se dirigió a su maleta, en la esquina de la habitación.
Un momento después regresó con un bote de lubricante.
—Menos mal —suspiró Shane.
Ilya sonrió.
—Date la vuelta.
Shane no dudó ni un segundo. Se puso a cuatro patas y aguardó. Esperaba la agradable presión de un dedo resbaladizo, así que casi gritó cuando sintió el roce cálido y húmedo de la lengua de Ilya.
—Hostia…, sí. Joder, sí —jadeó Shane.
Ilya era la hostia de bueno con la lengua.
Alternaba entre largas y seguras lamidas y suaves caricias contra el ano de Shane, mientras le agarraba las nalgas con sus fuertes manos, separándolas para meterse aún más profundo.
Shane dejó caer la cabeza sobre la almohada, con la boca abierta.
No podía enfocar la vista en ningún sitio.
—Hoy estabas tan guapo, joder… —dijo Ilya, y luego besó la nalga derecha de Shane—. Cuando patinabas, con tu melena…
—Tú también —balbuceó Shane—. Me encanta verte patinar.
Oyó el clic del frasco de lubricante y, a continuación, sintió la suave presión del dedo de Ilya contra su ano.
—¿Puedo contarte un secreto? —preguntó Ilya.
Shane se puso tenso, con el estómago revuelto por la expectación.
—Sí.
Ilya deslizó el dedo en su interior.
—Eres mejor jugador de hockey que yo.
Shane jadeó, tanto por la penetración como por la confesión.
—Es solo que… que estoy en un equipo mejor.
—No —dijo Ilya con calma—. Siempre has sido mejor. Siempre.
Dios, ¿por qué decía Ilya eso? ¿De verdad lo pensaba? ¿Acaso importaba?
—Estamos —dijo Shane entre dientes mientras Ilya le acariciaba la próstata— empatados.
Ilya se rio entre dientes.
—Sí. Vale.
Shane se relajó sobre la almohada y contra los dedos de Ilya.
Era una sensación perfecta; estaba relajado, feliz y a salvo, podía centrarse únicamente en abrirse para Ilya.
Y ni siquiera eso era una tarea ardua, porque Ilya sabía cómo llevarlo hasta ahí.
Sus fuertes dedos se hundieron en su interior, giraron, se curvaron y lo estiraron suavemente mientras Shane respiraba, suspiraba y se sumergía aún más en las sensaciones.
Un fuerte golpe en la puerta sacó a Shane de ese momento. Y luego se oyó la voz de Cliff Marlow.
—¡Rozanov! ¿Estás ahí dentro?
Todas las sensaciones agradables se esfumaron y fueron sustituidas de golpe por puro pánico. Shane estiró el cuello para mirar a Ilya por encima del hombro. Ilya le guiñó el ojo, le dio otra caricia en la próstata y gritó:
—Sí.
Shane articuló con los labios: «¿Qué cojones?», pero Ilya solo sonrió y siguió metiéndole los dedos.
—Vamos a salir —dijo Cliff—. Necesito a mi compañero de juerga. Vamos, tío.
Parecía más que un poco borracho.
—¿A dónde?
—No lo sé. A alguna discoteca. ¿Puedes abrir la puta puerta?
Shane quería morirse. Pero también le excitaba esa situación tan rara. Lo cual también le hacía querer morirse.
Y cómo no, Ilya decidió que era el momento perfecto para tocar por fin la polla de Shane. Se la rodeó con la mano y todo el cuerpo de Shane se estremeció. Por desgracia, Shane también soltó un fuerte gemido.
—Chiiist —lo regañó Ilya, como si todo eso fuera culpa suya. Luego, dirigiéndose a Cliff, dijo—: Ahora mismo está complicado. Lo siento.
Hubo un silencio y, a continuación, Cliff sacó una conclusión un tanto errónea.
—Joder. Tienes a una chica ahí dentro contigo, ¿verdad? Lo siento, tío.
—Quizá… —dijo Ilya.
Shane puso los ojos en blanco.
Cliff se rio.
—Seguro que son dos o tres. Que pases buena noche, putísima leyenda.
Shane se mordió el antebrazo para no decir nada.
Cuando Cliff por fin se fue, Shane dijo:
—Dos o tres, ¿eh?
Ilya resopló.
—Cliff ni siquiera sabe contar hasta tres.
—No me puedo creer que hayas estado hablando con él mientras me metías los dedos —siseó Shane—. ¿Qué cojones te pasa?
—¿A mí? Yo no soy el que se lo ha pasado de puta madre.
—Ni yo.
Ilya frotó con el pulgar la punta de la polla de Shane, de la que goteaba líquido, cosa que hizo que Shane contuviera el aliento.
—A tu polla le ha encantado.
—A mi polla le encanta que la toquen, no estas cosas raras que te ponen a ti. ¿Podrías metérmela ya, por favor?
Ilya lo soltó y sacó los dedos del culo de Shane. Shane se dio la vuelta y se tumbó bocarriba para ver cómo terminaba de desnudarse. En menos de un minuto, Ilya estaba desnudo y echándose lubricante en la polla, así que quizá tenía más prisa de lo que había dado a entender.
Shane pensó que Ilya lo arrastraría hasta el borde de la cama para poder follárselo de pie. A Shane le encantaba así, con Ilya capaz de usar toda su fuerza y poder, y él pudiendo mirarlo, tocarlo y masturbarse para él.
Pero, en lugar de eso, Ilya dejó a Shane donde estaba, relajado contra las almohadas, y se inclinó con cuidado sobre su cuerpo. Lo besó lento y adorándolo, de tal modo que, a cada beso, Shane se quedaba completamente aturdido.