Capítulo 27 #2
—Kip ha dicho que le gustaría visitar Montreal.
Ilya se quedó boquiabierto.
—¡Ottawa también está bien!
—Sí, pero Montreal es Montreal.
Ilya no pudo rebatirlo. Echó un vistazo al otro lado de la sala y vio a Shane hablando con Matheson, el capitán del equipo de Colorado.
Shane llevaba puesta esa camisa de seda tan sexy que Rose le había comprado —esa que era prácticamente transparente— e Ilya no había dejado de lanzarle miradas furtivas durante toda la noche.
Ilya se frotó un instante el pecho, buscando hasta encontrar el contorno redondeado del anillo escondido bajo la camisa.
—¿Qué tal la vida de casado?
La cara de Scott volvió a mostrarse recelosa.
—Bien…
—¿Eres feliz? ¿Kip es feliz?
—Lo último que me dijo es que sí.
Ilya arqueó las cejas.
—¡Me lo ha dicho esta mañana! —aclaró Scott—. ¡He hablado con él esta mañana! De hecho, iba a venir conmigo, pero este fin de semana va a hacer un trabajo de voluntariado en Brooklyn.
—Qué detalle por su parte.
—Sí —dijo Scott a la defensiva—. Es buena gente.
—Bien.
Ilya dio un trago a la cerveza. Shane se reía de algo que había dicho Matheson. Tenía los ojos arrugados de tanto reír.
—¿Está contento Kip de que te retires este año?
—Vete a la mierda. No me voy a retirar este año…
Ilya abrió mucho los ojos, fingiendo sorpresa.
—¿No? ¡Pero si tu cuerpo está demacradísimo!
—Muy bien —dijo Scott y empezó a levantarse—. Buenas noches, Rozanov.
—¿Te acuerdas de dónde está tu habitación?
—Cállate.
—¿Necesitas ayuda?
Scott siguió caminando y no respondió. Ilya no pudo evitar admirar su corpulento físico mientras Scott se alejaba. La verdad era que parecía que podría seguir jugando al hockey durante muchos años más.
Ilya se terminó la cerveza y luego se levantó. Cruzó de inmediato la mirada con Shane y asintió en dirección a los ascensores. Shane respondió con un leve movimiento de cabeza, con eso era suficiente.
Shane subió al ascensor con un rookie finlandés de Vancouver —el mismo que había participado en la competición del patinador más rápido— que no conocía de nada.
Aunque el chico parecía más interesado en su móvil que en Shane.
Al entrar, le dedicó una breve sonrisa amistosa y luego fijó la mirada en las puertas del ascensor.
El fin de semana del All-Star siempre era divertido, pero también un poco agotador por las entrevistas, los eventos y las reuniones sociales con otros jugadores.
Esos fines de semana también implicaban muchas situaciones de alto riesgo en las que había que actuar a escondidas, lo cual resultaba estresante.
Bueno, estresante y un poco excitante, si Shane era sincero.
Le había costado concentrarse en lo que le decía Matheson porque Ilya estaba sentado al otro lado de la sala, bebiéndose una cerveza y luciendo tan puto sexy que Shane llevaba media hora luchando internamente por contener una erección.
Shane se dirigió primero a su habitación. En parte porque el rookie seguía caminando detrás de él, y en parte porque quería refrescarse un poco.
Cuando sacó el móvil del bolsillo, vio un mensaje de Ilya:
Ilya: ¿Dónde estás?
Shane sonrió para sus adentros y decidió no responder. Le gustaba ver a Ilya impaciente.
Una vez que Shane se había cambiado, cepillado los dientes, peinado y aseado bien por todas partes, se dirigió a la habitación de Ilya, al final del pasillo.
Llamó a la puerta lo más suave posible e Ilya la abrió enseguida.
—Por fin —dijo Ilya.
Dio un paso atrás para que Shane pudiera entrar y cerró rápido la puerta tras ellos.
—¿Te he hecho esperar mucho?
Ilya se adentró en su espacio.
—Eres demasiado lento.
—No según la competición de habilidades.
Ilya exhaló con fuerza por la nariz y luego besó a Shane con intensidad.
Siempre era como volver a cuando se veían en habitaciones de hotel en aquella época…
Los hoteles habían sido su lugar de encuentro habitual durante años, donde aprovechaban un par de horas preciosas juntos cuando estaban en la misma ciudad.
Ahora sus ciudades estaban tan cerca que sus equipos rara vez se quedaban a dormir después de los partidos.
Nada excitaba tanto a Shane como colarse así en la habitación de Ilya.
Enroscó una pierna alrededor del culo de Ilya y lo agarró por los hombros, casi como si intentara trepar por él. Ilya soltó una risita entre sus labios y deslizó una mano bajo el culo de Shane para ayudarlo a sujetarse.
—Hablar con Matheson te ha puesto cachondo —dijo Ilya.
—Mirarte me ha puesto cachondo —lo corrigió Shane—. No poder tocarte. Cá… Joder… Cállate y ya, ¿vale?
Ilya, por suerte, volvió a besarlo, y Shane se dejó llevar de nuevo por esa maravillosa y poco habitual sensación de que le importara una mierda todo, salvo las manos de Ilya sobre su cuerpo y la lengua de Ilya en su boca.
Shane, evidentemente, ya estaba duro como una piedra y era más o menos consciente de que se estaba frotando un poco contra el muslo de Ilya, y que quizá debería parar porque sería vergonzoso si se corría ya. Pero, en realidad, tampoco le importaba.
Por suerte, a Ilya sí le importaba. Rompió el beso y se libró del abrazo de la pierna de Shane que lo rodeaba.
—A veces, más rápido no es mejor —dijo Ilya con una sonrisa torcida.
Le cogió la mano a Shane, se la llevó a los labios y le besó despacio los nudillos.
—Sí, pero…, ay. —El argumento de Shane se vio interrumpido cuando Ilya pasó la lengua entre los nudillos. Por alguna razón, la sensación provocó oleadas de placer por todo el cuerpo de Shane. ¿Cómo lo sabía? ¿Qué llevaba a alguien a decidir hacer algo así?
—Esta noche vamos a tomárnoslo con calma —le informó Ilya.
Shane solo pudo asentir, con la cabeza tambaleante como el resto del cuerpo.
Ilya le tiró de la mano y lo llevó hasta el borde de la cama. Se detuvo allí y empezó a jugar con suavidad con las puntas del pelo de Shane con una mano, mientras la otra descansaba sobre su cadera.
—Quiero mirarte —dijo Ilya—. Por todas partes. Y tocarte. Y besarte. Quiero tomarme mi tiempo hasta que te mueras de ganas.
La lengua de Shane parecía pesada.
—Más te vale que la espera merezca la pena.
—Ya lo verás —dijo Ilya, recorriendo delicadamente con la yema de un dedo la línea de la mandíbula de Shane—. Porque además yo también me voy a morir de ganas.
Shane llevaba casi un año sin beber alcohol, pero en ese momento se sentía un poco borracho. La mano de Ilya en su cadera era posiblemente lo único que le impedía caer de bruces al suelo.
—Parece que lo vas a pasar mal…
Los labios de Ilya esbozaron una sonrisa.
—Es tu recompensa. Por haber ganado hoy.
—Ay… —dijo Shane con voz entrecortada—. Joder.
Entonces volvieron a besarse; la gran mano de Ilya le sujetaba la cara a Shane, con el pulgar presionándole la articulación de la mandíbula.
Shane apoyó las manos en el pecho de Ilya y notó el anillo bajo su ropa.
Quería verlo. Quería que Ilya se quitara la camisa.
Quería que se quitaran toda la ropa. Quería a Ilya dentro de él y…
—Relájate —se rio Ilya.
Shane se dio cuenta de que había estado agarrando la camisa de Ilya, quizá intentando arrancársela.
—Te deseo, joder —dijo Shane. Sonó como un lloriqueo.
—Lo sé.
Pero, en lugar de hacer nada para acelerar las cosas, Ilya le besó con suavidad la frente, luego la ceja derecha y después la mejilla.
Shane exhaló un suspiro largo y lento y cerró los ojos.
Le tocaba aceptar que Ilya llevaba las riendas.
Se quedó quieto y dejó que Ilya le besara la mandíbula, la barbilla y el cuello.
Se concentró en el aliento de Ilya sobre su piel, en los dedos entre su pelo y en los latidos constantes de su propio corazón.
Ilya solo quería mimarlo. Lo mínimo que Shane podía hacer era permitírselo.
De repente, una ráfaga de gritos y risas llegó desde el pasillo, al otro lado de la puerta.
Eran las fuertes voces masculinas de sus compañeros; Shane estaba bastante seguro de que una de ellas era la de Dallas Kent.
Se estremeció al recordar que allí estaban peligrosamente cerca del resto del mundo del hockey.
—No les hagas caso —susurró Ilya.
—Lo intento.
Ilya lamió el hueco del cuello de Shane y luego fue bajando con sus besos hasta llegar al cuello de la camisa de Shane.
—Me gusta esta camisa —dijo Ilya.
—Por eso me la he puesto.
Ilya se la quitó y besó la piel recién descubierta de la clavícula y el pecho de Shane. Le besó los hombros mientras empujaba suavemente a Shane hacia atrás, sobre la cama.
Shane fue subiendo por su espalda hasta que la cabeza le llegó a las almohadas.
Ilya lo siguió, inclinándose sobre él mientras continuaba dándole besos por donde le apetecía.
Para Shane era un lujo y un capricho quedarse ahí tumbado mientras Ilya le hacía sentir de maravilla.
Le parecía un premio que se había ganado, y eso fue lo que provocó que Shane acabara de excitarse.
Le encantaba que lo recompensaran así. Ilya le besó el pecho mientras le desabrochaba el cinturón y, a continuación, el botón de los pantalones cortos.
Le mordió el pezón derecho con los dientes mientras le bajaba la cremallera.
—Ah —jadeó Shane.
Levantó las caderas para que Ilya pudiera deslizarle los pantalones cortos y los calzoncillos hasta dejarlos en el suelo. La polla de Shane estaba dura y se le pegaba al abdomen mientras esperaba que le hicieran caso.
Ilya, obviamente, la ignoró.
Siguió torturando dulcemente a Shane con besos suaves y caricias que le hacían curvar los dedos de los pies y hacer que la sangre le ardiera.
Sentía como si se estuviera hundiendo en el colchón o flotando hacia el techo.
Tenía la mente nublada por la lujuria y la felicidad.
Aún podía oír a la gente (compañeros de la NHL ) hablando en voz alta en el pasillo, pero le parecía algo lejano y sin importancia.
Nada importaba salvo Ilya. El hombre al que amaba. Su futuro marido.
—Me la vas a meter —murmuró Shane—, ¿verdad?
Ilya besó la cadera de Shane.
—Quizá.
Shane se estremeció.
—Dios…