El partido más largo (Game Changers 6) Capítulo 27
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Capítulo 27

—No sé muy bien qué intentas demostrar —dijo Ilya.

—Que soy el patinador más rápido de la liga. Obvio.

Ilya resopló. Era imposible que Shane fuera el patinador más rápido de la liga. Incluso si fuese una competición solo entre ellos dos, Ilya siempre se había considerado el más rápido. Podía admitir que Shane controlaba mejor el stick , pero Ilya era más rápido. Sin dudas.

—Ya lo veremos —dijo Ilya.

Estaban sentados juntos en el banquillo del equipo de la Conferencia Este en el Concurso de Habilidades All-Star de la NHL , que era sobre todo una velada divertida que ninguno de los jugadores se tomaba demasiado en serio. Ninguno excepto Shane Hollander.

A Shane e Ilya les gustaba participar en la misma prueba cada año, para poder competir directamente.

A la liga también le gustaba eso, al igual que a los aficionados.

Por la razón que fuera, Shane había querido participar en la prueba del patinador más rápido este año.

Ilya sospechaba que tenía mucho que ver con los inminentes treinta de Shane.

Ilya no estaba nervioso: era un patinador rápido. Ya había participado en esa prueba una vez, hacía años, y había ganado. Shane se había lesionado aquel año y no había estado en el fin de semana del All-Star.

Probablemente, la victoria de Ilya le había dolido a Shane desde entonces.

—¿Listo? —preguntó Ilya mientras observaba cómo el equipo de mantenimiento de la pista colocaba los últimos conos para la prueba.

—Claro.

—Puede ser peligroso —advirtió Ilya—. Ten cuidado con las curvas.

—Sé patinar.

—¿Tienes las cuchillas afiladas? ¿Están en buen estado?

Shane le lanzó una mirada fulminante.

—Preocúpate de tus propios patines, Rozanov.

Ilya sonrió. Que empiece el puto juego.

Vieron cómo un rookie de Vancouver batía el récord anterior por cuatro décimas.

Los demás jugadores golpearon los sticks contra las vallas para felicitarlo.

Los jugadores del banquillo de la Conferencia Oeste lo envolvieron entre abrazos, le dieron palmadas en la espalda y le rascaron la cabeza con los nudillos.

—¿Vas a romperle el corazón a ese chico? —preguntó Ilya.

—Sí —respondió Shane, y saltó por encima de las vallas al hielo.

El público enloqueció cuando Shane ocupó su lugar en la línea de salida.

La prueba era muy sencilla: una vuelta al perímetro de la pista de hielo, y ganaba quien tardara menos.

A Ilya siempre le había parecido un poco ridícula la competición del patinador más rápido porque, por lo general, el primero y el último solían llevarse menos de un segundo, así que, prácticamente, era un empate.

Aun así, quería ganar.

Pero, sobre todo, no quería que Shane se rompiera el tobillo intentando recortar una fracción de segundo de su tiempo cogiendo las curvas con demasiada agresividad.

Sonó la señal de salida y Shane salió disparado.

Las dos primeras curvas las cogió como si lo hubiera lanzado una honda y luego impulsó con fuerza las piernas a lo largo de la recta de la pista.

Nadie llevaba casco en la competición de habilidades, así que la melena de Shane volaba detrás de él mientras se lanzaba hacia las dos últimas curvas.

A Ilya se le subió el corazón a la garganta mientras observaba, aterrorizado y deslumbrado al mismo tiempo.

Segundos después, Shane cruzó la línea de meta, ileso y con un nuevo tiempo récord bajo el brazo.

Bueno.

Cuando Shane volvió al banquillo, lo que le esperaba eran más bromas y burlas que abrazos.

—Joder, Hollander —se rio un defensa de Pittsburgh—. Ni siquiera has dejado que el chaval terminara de celebrarlo antes de humillarlo, ¿eh?

—Por dios —refunfuñó Wyatt—, ¿no te basta con ser el mejor jugador de la liga, que también tienes que ser el más rápido?

—¡Oye! —protestó Ilya—. No es el mejor jugador de la liga. Ni el más rápido.

—Demuéstralo —dijo Shane con una sonrisa seductora. Ilya quería devorarlo.

—Cuando me toque a mí, lo haré.

Los tres patinadores siguientes no lograron superar el tiempo de Shane. Y por fin le tocó a Ilya, el último participante de la prueba.

—Buena suerte —dijo Shane con tono cantarín mientras Ilya saltaba la valla.

—Quizá lo haga hacia atrás —dijo Ilya—. Así será un reto de verdad.

Shane lo miró con el ceño fruncido e Ilya se echó a reír. No volvería a hablarle si Ilya no lo hacía lo mejor que pudiera.

Patinó lentamente hasta la línea de salida, saludando al público mientras avanzaba. Lo daría todo.

Su marca, al parecer, fue una fracción de segundo más lenta. Así que se declaró a Shane ganador.

Pero, en realidad, era prácticamente un empate. Así que le daba igual.

Shane no actuó como si fuera un empate. Le dedicó a Ilya una sonrisita de satisfacción, como si a Ilya no le importara una mierda todo eso.

—Enhorabuena —dijo Ilya cuando Shane dejó de celebrar—. Eres como una milésima de segundo más rápido que yo. En esta única carrera.

—He ganado. Eso es lo que importa.

Ilya quería soltar algún comentario desagradable sobre cómo todas las restricciones alimenticias y el sacrificio personal de Shane se traducían exactamente en 0,13 segundos de superioridad atlética, pero decidió dejar que Shane disfrutara de su victoria.

Además, ganar cosas siempre ponía a Shane a mil, así que Ilya se consideraba el verdadero ganador.

Por desgracia, a continuación, tuvieron que ver cómo Dallas Kent ganaba la competición de precisión en el tiro, lo cual fue un auténtico bajón. Aunque la forma en que Shane resoplaba enfadado junto a Ilya resultaba bastante excitante.

—Lo odio, joder —dijo Shane.

—Ya.

—Quiero… No sé. Quiero que lo castiguen.

—Eso estaría bien —asintió Ilya.

Shane levantó la vista hacia el palco donde estaba sentado el comisionado Crowell.

—Ojalá hiciera algo.

Ilya resopló y luego se dio cuenta de que no le había contado a Shane lo último que había oído sobre Crowell.

—No va a ayudar. Llamó a Troy hace unos días y le dijo que dejara de publicar cosas sobre agresiones sexuales en su cuenta de Instagram.

Shane volvió la cabeza de golpe para mirar a Ilya.

—¿Qué? Pero Troy estaba publicando cosas sobre dónde podían buscar ayuda las víctimas, ¿no? ¡Y sobre organizaciones benéficas a las que la gente podía hacer donaciones!

Ilya asintió.

—Solo cosas para ayudar, sí.

—¿Por qué coño querría Crowell que dejara de hacerlo?

Ilya señaló con la cabeza a Dallas Kent.

—Creo que porque hiere los sentimientos de Kent.

Shane se quedó boquiabierto.

—¿En serio? Joder, hostia puta, de verdad…

—O porque hace quedar mal a la liga.

Shane se burló.

—Seguramente…

Justo en ese instante, Kent pasó patinando junto a ellos. Ilya lo miró con rabia y estaba convencido de que Shane también.

—Quería comentártelo… —dijo Shane, una vez que Kent estuvo fuera del alcance del oído—. Me impresionó lo que estaba haciendo Troy.

—¿Te olvidaste de comentármelo o no lo habías hecho porque sigues odiándolo?

—No lo odio.

—Mmm…

—Me alegro de que seáis amigos, o lo que seáis —refunfuñó Shane.

—Le diré que has dicho eso la próxima vez que nos duchemos juntos —le respondió Ilya.

Shane le dio un codazo en el brazo.

—Cállate. Estoy intentando seguir esto.

—Están colocando los conos. ¿Eso es lo que quieres ver?

Shane bajó la cabeza, lo que significaba que se le estaban sonrojando las mejillas.

Wyatt apareció de repente delante de ellos y apoyó un codo en las vallas.

—¿Qué tal, colegas?

—Chiiist. Que Shane está viendo cómo colocan los conos.

—¿Te puedes ir a la mierda? —gruñó Shane.

Wyatt echó un vistazo a la pista.

—Qué guay. No se valora lo suficiente el duro trabajo del equipo de mantenimiento de la pista. Excepto el de los conductores de las pulidoras de hielo. Esos sí que son superestrellas. —Dio una palmada a las vallas—. Debería haber una competición de pulidoras. Con obstáculos y todo eso.

Ilya parpadeó mirando a su portero.

—Sí. Gran idea, Hazy.

—Enhorabuena por ganar esa cosa del patinaje, Shane.

—Gracias.

—Prácticamente ha sido un empate —dijo Ilya.

—Eso no es lo que marcaba el cronómetro —replicó Shane.

—Si lo volviéramos a hacer ahora mismo, lo más probable es que ganara yo.

—Bueno, pues haber ganado la primera vez, capullo.

Wyatt frunció el ceño mirándolos.

—¿En qué momento os ha parecido buena idea sentaros juntos?

—Hola, Hunter —dijo Ilya con alegría mientras se sentaba en la silla junto a Scott Hunter. Varios jugadores se habían reunido en el bar del hotel; la mayoría de ellos estaban sentados en mesas grandes.

—Rozanov —dijo Scott con un gesto cauteloso con la cabeza.

Ilya dejó caer su pinta de cerveza sobre la mesa y se recostó en la silla.

—Qué pena que hayas perdido.

Scott resopló.

—De todos modos, la prueba de control de puck es una tontería. Está hecha para dejarnos mal.

—Mmm. Aun así, alguien al final te ha ganado.

Scott entrecerró los ojos.

—Tú tampoco has ganado tu prueba. Hollander te ha dejado por los suelos.

—Ha sido prácticamente un empate.

Scott dio un sorbo a su cerveza y pareció mirar alrededor en busca de alguien más con quien hablar. Al final, suspiró y dijo:

—Tu equipo está jugando bien últimamente.

Eso era quedarse corto. Ottawa estaba que se salía desde que había vuelto de su viaje a Florida, que estuvo a punto de acabar en tragedia, y disfrutaba de una racha de victorias de récord para la franquicia.

—Este año vamos a llegar a los play-offs —dijo Ilya.

—Quizá sea un poco pronto para dar eso por hecho.

—No lo creo. Somos muy buenos. ¿Te acuerdas de cuando os ganamos? No hemos perdido desde entonces. Desde esa vez que os ganamos.

Scott resopló.

—Tío, qué pesado eres.

Ilya sonrió.

—Hollander me ha dicho que quieres entrenar en nuestros campamentos.

—En uno de ellos, quizá. Sí.

—¿Qué habilidades tienes? Ya tenemos a un tipo aburrido: Hollander.

—¿Sabes qué? Quizá vaya a estar ocupado este verano.

Ilya le dio un codazo.

—Nos encantaría que vinieras. De verdad. Los chicos estarán muy emocionados.

Scott lo miró con recelo.

—¿Vale…?

—Sí. Y trae a Kip. A veces salimos por la noche y nos lo pasamos bien. Ryan Price trae a su novio.

La expresión de Scott se relajó un poco.