El partido más largo (Game Changers 6) Capítulo 26
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Capítulo 26

Ilya se sentía como un puto superhéroe mientras se vestía para su siguiente partido.

La presión del anillo que llevaba colgado al cuello contra su pecho, bajo las capas del jersey, protecciones y la camiseta deportiva, todavía le resultaba extraña, pero le provocaba un escalofrío cada vez que lo notaba.

Nadie le había preguntado por el anillo.

Probablemente nadie se había dado cuenta.

Ilya no daría una respuesta clara si alguien le preguntara.

De todos modos, tenía fama de ser misterioso.

Se había reunido con Galina aquella tarde, después de que Shane se fuera, y habían hablado sobre todo de su experiencia cercana a la muerte. No le había contado que se habían comprometido. Todavía le parecía algo demasiado reciente, demasiado precioso, como para compartirlo con nadie.

Aunque probablemente Galina se había dado cuenta del cambio que se había producido en él. Sabía que un anillo de compromiso no era una cura para la depresión, pero estaba feliz de disfrutar de esa euforia todo el tiempo que pudiera.

Por eso no había hablado con Shane de sus problemas de salud mental, tal y como había planeado. Seguía siendo optimista y creía que podría recuperarse sin preocupar a su futuro marido. Probablemente fuera una tontería, pero, bueno, Ilya se había sentido un poco tonto esos últimos días.

El partido de esa noche era en casa, y se enfrentaban a los New York Admirals, primeros clasificados. Ilya no se sentía intimidado. Era el puto Ilya Rozanov, y ya era hora de que su equipo empezara a ganar.

Se dirigió al centro del vestuario.

—A ver, escuchad.

La sala se quedó en silencio de inmediato. A Ilya no le sorprendió. Rara vez daba discursos, ya que prefería liderar con acciones más que con palabras. Hay que reconocer que no tenía ni idea de lo que iba a decir en ese momento, pero necesitaba decir algo…

Decidió empezar con algo que llamara la atención.

—Los New York Admirals no son mejores que nosotros.

Tal y como esperaba, sus compañeros empezaron a burlarse y a reírse ante esas palabras. Ilya siguió hablando sin hacer caso.

—No lo son. Ellos tienen a Scott Hunter, pero en nuestro equipo estoy yo.

Al otro lado del vestuario, Ilya pudo ver cómo se curvaban los labios de Troy. Siguió hablando:

—Tienen a Tommy Anderson, un buen portero. Joven, con talento, sí. Y nosotros tenemos a Wyatt Hayes, un gran portero. —Hizo contacto visual con los ojos con Wyatt y le dedicó una sonrisa—. Viejo, con talento.

Eso provocó que la sala estallara en risas y aplausos. Wyatt le devolvió la sonrisa y dijo:

—Con experiencia.

Ilya siguió hasta que había nombrado a todos los jugadores, destacando lo que los hacía grandes. Lo que hacía grande a este equipo.

—Estoy hasta los huevos de perder. Ya basta.

Vamos a ganar este partido esta noche, y vamos a seguir ganando.

—Ya que se había lanzado a hacer promesas grandilocuentes, decidió apuntar aún más alto—.

Vamos a llenar cada asiento de este puto estadio.

Vamos a sorprender a todo el mundo y vamos a llegar a los play-offs este año.

No el año que viene. No en el futuro. Este puto año.

Ni una sola persona en el vestuario puso los ojos en blanco ni restó importancia a sus atrevidas predicciones. Todos vitorearon, y eso hizo que el corazón de Ilya se llenara de alegría. Amaba a ese puto equipo.

—Hemos pasado por algo juntos. Pero estamos vivos. Todos lo estamos y no pienso desperdiciar ni un segundo más.

Se acabaron las derrotas, se acabó ocultar sus sentimientos, se acabó esconder a su novio. Se acabó tener miedo de sus pensamientos oscuros. Se acabó tener miedo a volar. Terminó el discurso con:

—¡Vamos, joder!

El rugido de sus compañeros de equipo fue ensordecedor.

Ganaron el puto partido.

Ilya marcó, Troy marcó y Luca marcó. Hasta el puto Tanner Dillon había marcado un gol. Wyatt hizo unas paradas fantásticas toda la noche. Y cada minuto había sido divertido.

Después celebraron en el vestuario y luego se fueron al Monk’s. Esta vez, Ilya también fue. No se lo habría perdido por nada del mundo.

—Juegas fatal al billar —le espetó a Bood mientras se agachaba para hacer un tiro—. ¿Cómo se supone que voy a hacer esto si tienes tantas bolas en mi camino?

—Esa es mi estrategia —dijo Bood con una sonrisa.

Ilya resopló, hizo su tiro y luego observó consternado cómo una de las bolas de Bood entraba en una tronera lateral.

Bood se partió de risa.

—¿Ves? Me haces el trabajo.

—¿Te refieres a como en la pista?

Bood le apuntó con el taco de forma amenazante.

—Vale. Ahora es cuando ya te puedes ir a la mierda.

Los dos se rieron. Ilya estaba de muy buen humor. No solo había sido un partido genial y se lo estaba pasando en grande bebiendo con sus compañeros de equipo, sino que había visto a Troy salir del bar con Harris hacía unos minutos. Había mucho que celebrar.

Ilya fue a servirse otra cerveza y se encontró con que la jarra estaba vacía.

—¿Otra? —le preguntó a Bood.

—No. Tengo que irme a casa. Cassie va a dar a luz en cualquier momento.

—Sí. Claro. Dale recuerdos a Cassie de mi parte.

Bood lo abrazó y luego le dio una fuerte palmada en la espalda para despedirse.

—Has jugado bien esta noche.

—Te refieres al hockey, ¿sí? No al billar.

—No al billar, no —asintió Bood—. Que te diviertas, Roz.

Ilya aún no estaba del todo listo para irse a casa. Le preocupaba que el buen rollo se acabase en cuanto se quedara solo. Se dirigió a la barra, pidió otra cerveza y se la llevó a una mesa donde un grupo de chicos estaba viendo a Luca Haas hacer… algo.

—¿Sabías que Luca sabía dibujar así? —preguntó Evan Dykstra al ver a Ilya—. Es alucinante.

—Déjame ver —dijo Ilya, y se inclinó sobre la mesa. Luca estaba haciendo un dibujo a lápiz de Spider-Man. Parecía profesional.

—Joder —exclamó Ilya—. Increíble. Yo no sé dibujar nada.

—Y está, tipo, medio borracho —dijo Dykstra con orgullo.

—No está tan bien —murmuró Luca—. He estropeado las telarañas de sus hombros.

Suspiró y cogió la goma de borrar que había sobre la mesa a su lado.

—¡No! —protestó Ilya—. No lo borres.

—Solo voy a retocarlo —dijo Luca con una pequeña sonrisa—. Es para el hijo de Nick. ¿Quieres que te dibuje un Spider-Man a ti, Ilya?

A Ilya le apetecía un poco decir que sí. Se sentó en la única silla vacía y observó fascinado cómo Luca retocaba lo que fuera que le había molestado del dibujo.

—¿Es esto lo que llevas en esa mochila que tienes siempre? —preguntó Ilya—. ¿Material de dibujo?

Luca se subió las gafas por la nariz con la punta del lápiz.

—En su mayor parte, sí. —Terminó el dibujo, lo firmó y luego sacudió la mano—. Me voy a tomar un descanso. Me ha dado un calambre en los dedos.

—¿Por qué no te dedicas profesionalmente al arte, Haas? —dijo Ilya.

Luca se rio.

—Creo que el hockey está mejor pagado.

—Deberías diseñar mi próximo tatuaje —dijo Ilya—. Algo así como un animal guay.

Luca se lo quedó mirando fijamente.

—¿Hablas en serio?

Ilya se encogió de hombros. No había pensado mucho en su siguiente tatuaje, pero estaría bien que se lo diseñara un compañero de equipo.

—Claro.

—Eso es mucha presión —dijo Luca.

—Si es demasiado, ya buscaré a otra persona para que lo haga —bromeó Ilya—. D, ¿quieres diseñarme el tatuaje?

Dykstra esbozó una sonrisa.

—¿Quieres un muñequito de palitos o un corazón?

Luca se levantó y estiró la espalda, girándose de un lado a otro.

—Voy a por otra cerveza.

—Pide una jarra —dijo Ilya—. Podemos compartirla.

—Ah —dijo Luca, y luego sonrió—. Sí, vale.

Ahora que la exposición de arte había terminado, los demás empezaron a levantarse de la mesa para charlar con la gente. Para cuando Luca volvió con la jarra y una pila de vasos, Ilya era el único que quedaba.

—Bueno —dijo Ilya después de que Luca se hubiera sentado—, ¿qué tal te está sentando ser el favorito de la afición?

Luca se sirvió una cerveza.

—No soy el favorito. Lo eres tú, obviamente.

—Yo soy agua pasada. Tú eres nuevo y emocionante.

—Soy nuevo y estoy nervioso. Y seguro que soy una decepción.

—¿Una decepción? ¿Cómo? Llevas jugando menos de cuatro meses.

Luca arqueó las cejas por encima de las gafas.

—¿Cuántos goles marcaste en tus primeros cuatro meses en la NHL ?

Ilya sonrió y dio un sorbo a la cerveza. No hacía falta que respondiera. Estaba seguro de que Luca lo sabía.

Luca suspiró.

—No debería compararme con… —Hizo un gesto con la mano hacia Ilya—. Por supuesto que tú eres el mejor.

—Por supuesto —asintió Ilya en tono juguetón.

Luca se inclinó hacia delante y, por primera vez, Ilya se dio cuenta de que parecía que iba un poco borracho.

—Tenía un póster tuyo en la pared. Cuando era niño.

—Cuando eras niño —bromeó Ilya—. ¿Cuándo? ¿El año pasado? ¿Hace cuatro meses?

Luca resopló y dio un sorbo a su cerveza.

—¿Qué póster era? ¿Salía guapo?

—Siempre sales… —A Luca se le sonrojaron las mejillas—. Solo era una foto de hockey. Con todo tu equipamiento.

Ilya archivó mentalmente ese desliz en la categoría de «interesante».

—¿Sigue el póster en tu pared? —preguntó—. Dime la verdad.

—No.

—¿Te lo has traído? Puedo firmártelo si quieres.

Luca se rio y negó con la cabeza.

—Sí. Lo tengo encima de la cama —dijo con sarcasmo.

—Eso distraerá a la gente con la que intentes acostarte.

Luca volvió a reírse, esta vez más bien con un balbuceo de sorpresa.

—Quizá ese sea el problema.

Ilya se inclinó hacia él.

—¿Problema?

—Nada. Estaba de broma. —Luca apretó los labios y apartó la mirada, como si estuviera decidiendo si admitir algo o no. Luego dijo, mirando su cerveza—: Es difícil conocer gente con la que..., eh, hacerlo. Últimamente.

Ilya no esperaba verse envuelto en una conversación sobre sexo con su rookie , pero supuso que era un experto.

—¿Ah, sí? ¿Sales por ahí? ¿O usas aplicaciones? Estoy seguro de que casi todo Ottawa quiere follar contigo.

Luca carraspeó.

—Es que, eeeh… He probado un poco todas esas aplicaciones, sí.

—¿Y no ha habido suerte?

—La verdad es que no. Me pone un poco nervioso conocer gente.

Ilya sonrió.

—Anda, no me jodas.

—Supongo que tú nunca has tenido ese problema.

—No —respondió Ilya siendo sincero—. Pero puede ser… complicado. Ser muy joven y famoso, y follar queriendo ser, eeeh… —Buscó la palabra adecuada—. ¿Precavido?

Luca asintió.

—Sí. Precavido.

—Quizá a mí no me preocupaba tanto serlo —dijo Ilya—. Me acosté con mucha gente.

A Luca se le sonrojaron las mejillas.

—Sí. Algo he oído.

—Estuvo bien. Sin problemas. La mayoría de la gente quiere ligar y seguir adelante sin historias. Incluso cuando eres famoso.

Luca jugueteaba con un posavasos.

—No es que esté buscando rollos.

—Ah. ¿No te gusta follar?

Lucas se sonrojó aún más.

—Me gusta, sí. Soy..., eeeh, exigente. Quizá. O tímido. No lo sé. —Soltó una risita nerviosa—. Esta no es una conversación que pensaba que fuera a tener contigo.

Ilya sonrió.

—¡Pero estoy justo al lado de tu cama, viéndote follar!

—¡Tío! ¿Qué acabo de oír?

Ilya se volvió y vio a Dykstra detrás de él, riéndose.

—Deja de espiarnos.

—Pues tú deja de mirar cómo follan los rookies , ¿eh?

Ilya lo miró con el ceño fruncido.

—Tiene un póster mío. Es una broma.

Dykstra frunció el ceño y miró a Luca.

—¿Tienes un póster de Roz junto a tu cama?

—¡No! Lo tenía cuando era niño.

Dykstra se rio.

—Tío, eres un niño.

—Soy mayor de lo que parezco —explicó Luca con la seriedad de un veinteañero borracho.

—Sí —dijo Dykstra—. Mi hija de un año es más mayor de lo que tú pareces. —Se rio de su propio chiste—. Hablando de eso, me voy.

Chocó los puños con ambos y luego se dirigió hacia la salida.

—Pareces mayor de un año —le aseguró Ilya a Luca.

Luca resopló y negó con la cabeza.

—Dicen que nunca hay que conocer a tus héroes.

Ilya sonrió y decidió que este chico le caía muy bien.