Capítulo 25 #3
Ilya se detuvo un momento para limitarse a mirar a Shane, tumbado así bajo la iluminación mágica que tanto le había costado crear.
Su largo cabello se extendía en abanico bajo su cabeza, y sus ojos oscuros brillaban de alegría y deseo.
Tenía las pecas todas agrupadas porque sonreía tan ampliamente que se le arrugaba la nariz.
Ilya le tomó una mano, entrelazó los dedos de los dos y la inmovilizó sobre la alfombra, por encima de la cabeza de Shane. El anillo colgaba en el aire entre ellos.
—Te quiero muchísimo —dijo Shane en voz baja.
Ilya tragó saliva.
—Estaré muy orgulloso de ser tu marido.
Se inclinó y capturó la boca de Shane en otro beso lento y placentero.
Shane le apretó los dedos con más fuerza y movió las caderas debajo de él, haciendo que sus erecciones se rozaran.
Se sentía la hostia de increíble, sencillo y explosivo a la vez.
Ilya tenía toda la intención de tirarse a Shane ahí mismo, sobre la alfombra, pero no quería interrumpir lo que estaban haciendo.
Quería estar así de pegado a Shane, tocándolo por todas partes.
Quería que Shane se contonease contra él de esa manera, persiguiendo el placer mientras acercaba a Ilya a su propio clímax con cada movimiento lento y controlado de la pelvis.
Era el control lo que estaba deshaciendo a Ilya más que nada. No se trataba de un acto sexual frenético, sino de Shane amando a Ilya contra su cuerpo. Empujones cuidadosos y constantes que seguían el ritmo de sus corazones acelerados.
Ilya se dio cuenta de que ya ni siquiera se besaban. Sus miradas estaban fijas la una en la otra, con los labios entreabiertos mientras ambos jadeaban y se estremecían en los centímetros que los separaban.
—¿Así está bien? —susurró Shane.
—Sí. Perfecto —le aseguró Ilya.
Shane cerró los ojos un instante y echó la cabeza hacia atrás con un jadeo. Los volvió a abrir y sonrió tímidamente.
—Qué bien se siente.
—Lo sé.
Ilya le besó el cuello, la mandíbula y luego la boca de nuevo. Su propio orgasmo iba en aumento, y se debatía entre acelerarlo y querer frenarlo. No quería que ese momento terminara.
Excepto que habría más momentos como este. Toda una vida llena de ellos.
—Shane —susurró.
—Sí —dijo Shane con voz temblorosa—. Yo también.
El movimiento constante de sus caderas empezó a perder el ritmo mientras ambos se balanceaban al borde del clímax.
Respiraban en la boca del otro, con las frentes apretadas, hasta que Shane gimió e Ilya sintió el primer chorro caliente de la corrida sobre su piel.
Fue suficiente para romper el dique que tenía dentro, y su propia corrida se desbordó y estalló.
Shane rodeó con sus brazos y piernas el cuerpo tembloroso de Ilya, atrayéndolo aún más hacia sí.
Se besaron con torpeza y se rieron de ello.
Al final, Ilya se dio la vuelta y se tumbó bocarriba, e inmediatamente Shane apoyó la cabeza en su pecho.
Recorrió con la yema de un dedo el anillo que ahora descansaba cerca de la garganta de Ilya.
—Estaba pensando en el verano —dijo Shane.
—¿En el verano para qué?
Shane levantó la cabeza y cruzó la mirada con Ilya.
—Para todo. Para salir del armario. Para hacerlo público. Para casarnos.
A Ilya se le aceleró el corazón.
—¿Sí?
—Sí. Sé que va a ser un desastre, pero estoy harto de tener miedo a que nos descubran. Quiero contárselo a la gente, en nuestros propios términos. Creo que podré afrontar cualquier cosa que pase, siempre y cuando darlo a conocer sea una decisión que hayamos tomado nosotros mismos. Juntos.
—Eso es lo que quiero —asintió Ilya—. Lo diremos nosotros mismos. Juntos.
Shane sonrió.
—Puede que ya les haya dicho a mis padres que te iba a proponer matrimonio.
—¿Les ha parecido bien?
—Por supuesto. Creo que, para ellos, ya estamos casados. Pero tampoco tienen muy claro cuál es nuestro plan. Yo tampoco, pero ya lo resolveremos.
—Sí —asintió Ilya—. ¿Y hasta el verano?
—¿Supongo que más de lo mismo? Excepto que quizá podríamos… ¿ser menos cautelosos?
Las cejas de Ilya se dispararon hacia el cielo.
—O sea —dijo Shane enseguida—, me refiero a que podríamos mostrarnos un poco más sin llamar demasiado la atención, ¿no? Creo que funcionaría. Acabo de enterarme de que J. J. cree que me tienes embelesado sin que tú lo estés de mí.
—¿Embele... qué?
—Tipo, que me he pillado de mi amigo heterosexual.
Ilya se rio.
—Eso debe de ser muy duro para ti.
—Solo digo que la gente realmente cree que eres heterosexual.
—¿Y si les dijera que soy bisexual? ¿Eso lo estropearía todo?
Shane frunció el ceño mientras parecía pensárselo. Luego dijo:
—Si quieres salir del armario, deberías hacerlo.
—Puedo esperar. Hasta el verano. No queda mucho.
—No —asintió Shane.
Se besaron y, a continuación, Shane volvió a recostarse contra el pecho de Ilya. Ilya acarició el pelo de Shane, disfrutando de la tranquilidad y la emoción que le recorría el cuerpo. ¡El verano! No dentro de diez años, sino ¡este verano!
Tras varios minutos de silencio, Ilya dijo:
—Mañana tienes libre, ¿verdad?
—Mmm…
—Voy a faltar al entrenamiento.
—¿Es opcional? —murmuró Shane con sueño.
—Me da igual.