El partido más largo (Game Changers 6) Capítulo 25 #2
64%

Capítulo 25 #2

Ilya no estaba seguro de cuánto tiempo había pasado antes de darse cuenta de que no había dicho nada. Esperaba que solo hubieran sido uno o dos segundos pero, a juzgar por el miedo en los ojos de Shane, debía de haber sido más tiempo. Por fin, con voz tensa y temblorosa, dijo:

—Sabes cuál es mi segundo nombre.

—Está en Wikipedia. Me metí a investigar sobre la tradición rusa de usar el nombre del padre para…

—Sí —lo interrumpió Ilya.

—Lo siento. Estoy divagando. Obviamente ya sabes cómo son los nombres rusos.

—No —aclaró Ilya—. Que sí.

Shane lo miró con evidente confusión. Ilya señaló el anillo con la cabeza.

—Que sí —repitió Ilya—. Estoy diciendo que sí, Hollander.

—Ah. —Entonces, los labios de Shane se abrieron en una amplia sonrisa—. ¿Sí? —Se puso de pie de un salto y se lanzó a los brazos de Ilya.

Se besaron, e Ilya dijo:

—Sí. —Se besaron de nuevo, e Ilya siguió—: Por supuesto.

Se besaron un rato más y Shane dijo:

—Te quiero.

Cuando terminaron de besarse, a ambos les corrían lágrimas por las mejillas.

—¿Es porque casi me muero? —bromeó Ilya.

—No. Es porque casi me muero yo.

Ilya le secó las lágrimas a Shane con el pulgar. ¿Qué podía decir ante eso?

—Bueno, eeeh… —dijo Shane, tras un momento largo y delicado—. El anillo.

—Sí, claro.

Ilya cogió el anillo de las manos de Shane y lo examinó un momento. Una alianza sencilla negra con el interior dorado. Muy elegante. Sonrió a Shane e intentó ponérsela en su propio dedo. No le entraba del todo.

—Vaya —dijo Shane, con aire decepcionado—. No sabía cuál era tu talla.

—No pasa nada. —Ilya se quitó el anillo con cierto esfuerzo—. ¿Se supone que debo ponérmelo ahora? ¿O es para después de que nos hayamos casado?

—La verdad es que no tengo ni idea —respondió Shane—. En lo único que pensé es en que debía tener un anillo para esto.

Ilya le devolvió el anillo a Shane, luego se aflojó y se quitó la corbata.

Se desabrochó los primeros botones de la camisa y, a continuación, se llevó la mano a la espalda para soltarse la cadena de oro que llevaba alrededor del cuello.

Se la quitó y extendió la palma de la mano para recibir el anillo.

—Ah —dijo Shane, y se lo entregó.

Ilya lo deslizó por la cadena hasta que quedó pegado al colgante en forma de cruz que había pertenecido a su madre.

—Espera —dijo Shane, y se acercó a coger la cadena.

Ilya le dio la espalda y Shane le volvió a abrochar el cierre.

—¿Te has comprado uno para ti? —preguntó Ilya—. ¿O eso me toca a mí?

—Iba a comprarme el que hace juego. Es solo que… primero me quería asegurar de que lo iba a necesitar.

Ilya arqueó las cejas mientras se volvía hacia Shane.

—¿Pensabas que diría que no?

Shane tuvo al menos la decencia de parecer avergonzado.

—No lo sé. Es solo que no quería parecer presuntuoso.

Ilya se rio entre sollozos, porque todavía estaba hecho un desastre, y luego cogió el rostro de Shane con ambas manos.

—Compra el anillo.

Ambos estaban a punto de llorar mientras se besaban, con la respiración entrecortada y los labios esbozando amplias sonrisas. Un beso terrible en teoría, pero Ilya nunca había vivido uno mejor. Shane Hollander iba a ser su marido.

Shane sacó la camisa de Ilya de los pantalones del traje y deslizó la mano por debajo. Apretó la palma contra el pecho de Ilya, justo sobre su corazón.

—Dios —susurró Shane.

Ilya cubrió la mano de Shane con la suya.

—Sigo vivo. Te lo dije.

Shane lo besó de nuevo, pero esta vez había un toque de desesperación en ese beso, una ferocidad que Ilya le devolvió sin dudar, agarrándose al jersey de Shane, a su piel, a su pelo.

Su respiración pasó de ser entrecortada y apremiante a lenta y jadeante. Ilya ayudó a Shane a quitarse el jersey y la camisa que llevaba debajo; luego, entre los dos, quitaron la camisa de Ilya.

—Ilya —dijo Shane con reverencia.

Tenía los ojos oscuros y angustiados. Ilya no podía soportarlo, así que lo besó de nuevo. Apretó sus cuerpos con fuerza uno contra el otro, dejando que todos sus sentidos se llenaran de Shane. Haciéndole saber a Shane que era sólido, real, vivo y que tenía muchísimas ganas de follárselo.

Se enredaron con los cinturones del otro, se quitaron los pantalones y la ropa interior y, con un poco de torpeza inevitable, los calcetines.

Shane le sonrió cuando ambos estaban desnudos, con una sonrisa amplia, brillante y hermosa.

Estaba mirando fijamente el pecho de Ilya, y este bajó la vista para ver el anillo que había allí, brillando a la luz de un millón de velas.

—Soy tuyo —dijo Ilya.

—Mío. —Shane se abalanzó sobre él de nuevo, besándolo con avidez.

Había una mesita de centro que ocupaba la mayor parte de la mullida alfombra en medio del salón de Ilya. Sin interrumpir el beso, Ilya la apartó con un pie. Oyó el suave golpe de varias velas al caer sobre la alfombra y se alegró de que Shane hubiera optado por las velas eléctricas.

—¿Qué…? —preguntó Shane. Luego, cuando Ilya lo levantó en volandas y lo tumbó sobre la alfombra, soltó un—: Ah…