El partido más largo (Game Changers 6) Capítulo 24 #2
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Capítulo 24 #2

Shane casi nunca consultaba los mensajes de Instagram, pero a veces Ilya los usaba cuando estaba en un avión y no podía mandar un mensaje normal.

Entonces, Shane los miró.

Los mensajes eran… intensos. Románticos pero raros.

—Hostia —dijo J. J.—. El avión de los Centaurs ha tenido que hacer un aterrizaje de emergencia.

Shane se volvió hacia donde estaba sentado J. J., al otro lado del pasillo.

—¿Qué? ¿Están todos bien?

J. J. siguió deslizando con el pulgar la pantalla de su móvil.

—Parece que sí. Aunque se habrán cagado de miedo.

Shane volvió a leer los mensajes de Ilya. Joder. Esas iban a ser, tipo, sus últimas palabras.

—¿Pero están bien? —volvió a preguntar Shane, sintiendo cómo le invadía el pánico a pesar de saber que Ilya estaba bien. Tenía la prueba ahí mismo, en la mano.

J. J. le echó una mirada divertida.

—Sí. Ya te he dicho que están bien. Han aterrizado sin problemas.

Pero el pánico ya se había apoderado del corazón de Shane, llenándole la cabeza de horribles escenarios alternativos. ¿Y si esos mensajes hubieran sido las últimas palabras de Ilya? ¿Y si fueran lo único que le quedara a Shane?

Le envió un mensaje a Ilya:

Shane: Me he enterado de lo del avión. ¿Estás bien?

Ilya respondió enseguida:

Ilya: Sí. ¿Te puedo llamar?

Shane echó un vistazo a sus compañeros de equipo en el autobús. Muchos de ellos llevaban auriculares, pero era imposible que Shane pudiera parecer tranquilo hablando eso.

Shane: Ya casi estoy en el hotel. Te llamo cuando llegue. Lo siento. No puedo hacerlo con mis compañeros de equipo tan cerca.

Ilya le respondió con un emoticono de un corazón.

Shane leyó sus mensajes de Instagram por tercera vez.

Ilya: Pase lo que pase, estoy contigo. Guardado en tu corazón. Estoy convencido.

Pero no habría sido así. Se habría ido, joder.

¿Quién era siquiera el familiar más cercano de Ilya?

¿El hermano con el que nunca hablaba? ¿Se le habría permitido a Shane esparcir sus cenizas en algún lugar que le hubiera gustado a Ilya?

Quizá en la cabaña, o quizá él hubiese preferido ser enterrado en Moscú junto a sus padres.

Dios, nunca habían hablado de ese tipo de cosas.

La ira se apoderó del cuerpo de Shane, ardiente y repentina. Tenían muchas razones para mantener su relación en secreto, pero esas razones le parecían ahora totalmente insignificantes. ¿Y si Ilya se hubiera muerto? ¡¿Y si se hubiera puto muerto?!

Shane también se habría muerto. Solo, en secreto y para el resto de su vida.

Se apretó el móvil contra el pecho y volvió la cabeza hacia la ventana para que sus compañeros de equipo no vieran cómo le temblaba el labio.

Ilya sabía, como capitán del equipo, que debería estar en una de las mesas del bar del hotel con sus compañeros. Debería estar dando una vuelta, ver cómo estaban todos. En especial, los rookies .

Pero es que… no podía.

La adrenalina se le había pasado rápido y ahora estaba solo en el aparcamiento, frente al vestíbulo, fumándose un cigarrillo. Claro que su firme propósito de Año Nuevo había sido dejar de fumar, pero se había ganado ese cigarro.

Su móvil sonó cuando tenía los pulmones llenos de humo. Exhaló demasiado rápido, así que eso le provocó tos.

—Hey —dijo y volvió a toser.

—Ilya. Dios mío. ¿Estás bien?

—Sí. Bien.

Tosió de nuevo y se dio un puñetazo en el pecho.

—¿Dónde estás? ¿Qué está ocurriendo? —Hubo una pausa—. ¿Estás fumando?

—No —dijo Ilya, y apagó lo que quedaba de su cigarrillo en el suelo—. Estoy en Tampa. En el hotel. Todo el equipo está reunido en el bar.

—Tuvo que ser aterrador.

—Sí. Dio miedo, pero ahora estamos bien. Todos están bien. Quizá un poco… —Hizo un gesto con la mano en el aire—. conmocionados.

—Puedes decírmelo si no estás bien —dijo Shane con delicadeza.

Ilya esbozó una sonrisa forzada.

—Creo que estoy… agotado, quizá. Un poco.

—La adrenalina está bajando. Sí, tiene sentido.

—Sí.

—¿Estás… en el bar?

—Quería tomar un poco el aire, así que ahora estoy fuera.

—¡Estás fumando!

—¡Estoy disfrutando de la cálida noche de Florida! —suspiró—. Y también fumando un poco.

—Bueno —dijo Shane—, hoy te dejo.

—Genial —dijo Ilya con tono seco.

Shane se rio, lo que hizo que a Ilya se le acelerara el corazón. ¿Y si no volviera a oír la risa de Shane nunca más?

—¿Puedo verte? —preguntó Shane—. ¿Podemos hablar por FaceTime?

—Sí. Claro. Un momento.

Ilya se agachó para recoger la colilla, se la guardó en el bolsillo y empezó a andar hacia el otro lado del aparcamiento. De camino, le envió a Shane una solicitud de FaceTime.

Al verlo se dio cuenta enseguida de que Shane había estado llorando.

—Ay —dijo Ilya en voz baja—, cariño. Lo siento…

No solían usar apodos muy a menudo, más allá de los sustantivos rusos sin sentido que a Ilya le gustaba soltarle a Shane, pero Ilya dijo eso de corazón.

Shane esbozó una sonrisa frágil y temblorosa.

—Deberías sentirlo, sí…

Luego se tapó la boca con la mano mientras se le llenaban los ojos de lágrimas.

—Estoy bien —le aseguró Ilya—. Sigo aquí. No debería haberte asustado con esos mensajes.

Shane solo negó con la cabeza en respuesta, con la boca aún oculta por la mano. Ilya odiaba verlo tan alterado, pero le encantaba verlo. Le encantaban sus pecas y su naricita.

Todo lo que he escrito lo sentía de verdad —dijo Ilya—. Todo.

Shane bajó la mano, carraspeó y dijo:

—¿Así que un pequeño roce con la muerte y te conviertes en Don Poeta?

Ilya se rio en voz baja.

—¿Me he pasado?

—No. Joder, era precioso. Y me alegro de que no fuera… —Shane dejó de hablar. Luego respiró hondo para recomponerse y dijo—: Me alegro de que no fuera… necesario.

A Ilya le empezaron a arder los ojos.

—Sí. A mí también.

—No tienes permiso para morir, Ilya. No antes que yo.

—¿Tienes que ganar en todo?

—Lo que no quiero es perderte a ti.

Su voz se quebró al pronunciar la última palabra.

—Shane —dijo Ilya con tono tranquilizador—, no pasa nada. Estoy bien. Ya se ha acabado.

—Estás tan lejos… —dijo Shane y se sorbió la nariz con fuerza—. Quiero alquilar un coche y conducir hasta ahí.

—Sería un trayecto larguííísimo —dijo Ilya con un tono divertido—, desde Washington.

—De trece horas. —Sonrió Shane con timidez—. Ya lo he buscado. Justo después de mirar coches de alquiler disponibles en Washington.

Ilya soltó una risita cariñosa, lo que hizo que Shane también se riera.

—Quizá podrías jugar con nosotros contra Tampa —bromeó Ilya—. Nos darías una oportunidad para ganar.

—Dudo que jugara muy bien, la verdad —exhaló—. Dios. No dejo de pensar en…

—Lo sé —lo interrumpió Ilya antes de que pudiera decirlo—. Pero no me ha pasado. Estoy aquí. Estoy bien.

Shane asintió.

—Ojalá estuvieras aquí conmigo ahora mismo. Quiero abrazarte. Quiero, joder, sentir cómo te late el corazón.

—¿Y ahora quién es el poeta?

—Cállate.

Los dos se rieron de nuevo y luego se sonrieron el uno al otro durante unos instantes de silencio.

—Tienes muy buen aspecto —dijo Shane—, para alguien que acaba de pasar por semejante calvario.

Ilya estaba demasiado cansado como para traducir esas últimas palabras, así que respondió con un «te amo». En ruso.

Shane se lo repitió. Luego dijo, en inglés:

—Deberías irte con tu equipo.

Ilya suspiró.

—Quizá. Sí.

—Llámame mañana. O más tarde, si quieres. Estaré, ya sabes, volviéndome loco en mi habitación de hotel.

—No lo hagas. Hazte una paja o algo así. Envíame fotos.

—¿Mientras estás con tus compañeros de equipo? Ni de broma.

—No se las enseñaré.

—Buenas noches, Ilya.

—¡Que casi me muero!

—La verdad es que todavía no estoy preparado para bromear con eso.

—Perdona. Buenas noches, moy pomidor .

—Tomate, ¿no?

—Sí.

—Qué rarito. Te quiero.

—Te quiero. Mándame fotos.

Colgaron e Ilya volvió al interior del hotel. Se planteó sentarse en una mesa y también subir a su habitación, pero entonces vio a Troy solo en la barra. Ilya no entendía por qué Troy estaba ahí y no arriba liándose con Harris.

Dejó a Troy en paz y se sentó en una de las mesas. Eligió la que tenía más jarras de cerveza y enseguida se sirvió una. Ya era hora de emborracharse de una vez.