El partido más largo (Game Changers 6) Capítulo 24
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Capítulo 24

Enero

Ilya no pudo cumplir la promesa que le había hecho a Shane durante mucho tiempo.

Tras perder un partido fuera de casa en Buffalo y, a continuación, otros dos partidos en casa, los Centaurs ganaron el primer partido de su gira por el sur, un encuentro vespertino contra el equipo de Carolina, mucho mejor clasificado.

—¡Joder, claro que sí! —gritó Bood cuando el equipo regresó al vestuario al final del partido—. Año nuevo, energía nueva. ¡Vamos a ser imparables, tíos!

Ilya esperaba que así fuera. De verdad que lo esperaba.

Creía en ese equipo, a pesar de su larga racha de derrotas.

Tenía unos compañeros estupendos y un entrenador fantástico.

Ahora jugaba en la línea con Bood y Troy, y estaban empezando a compenetrarse de verdad.

Era genial tener a su derecha a un jugador que pudiera seguirle el ritmo.

El equipo solo necesitaba unas cuantas victorias para ganar confianza.

Quizá ese fuera el viaje que lo cambiara todo.

Troy también parecía contento al respecto.

O quizá lo que más le alegraba era que Harris hubiera viajado con el equipo para esa ruta por el sur.

No era algo que Harris hiciera a menudo, pero Ilya se alegraba de que estuviera disfrutando de unas vacaciones de trabajo en climas más cálidos.

El equipo se dirigía directamente desde el estadio al avión que los llevaría a Tampa Bay.

Tendrían el resto de la noche y todo el día de la mañana libres para disfrutar del cálido clima de Florida.

Harris estaba grabando un vídeo de la celebración en el vestuario, mientras Troy le sonreía desde su taquilla, con la mirada completamente embelesada. Ilya se sentó junto a Troy.

—¿Aún no se lo has dicho? —se burló Ilya—. Esta sería una buena oportunidad. ¿Quizá un día romántico juntos en Tampa mañana?

Las mejillas de Troy se sonrojaron un poco.

—Sí, claro…

—Piénsalo.

—No.

El entrenador Wiebe entró en la sala y todos le dieron la bienvenida con vítores.

—La victoria de esta noche ha sido espectacular, chicos —dijo Wiebe con una gran sonrisa—.

Estoy orgulloso de vosotros. ¿Barrett con dos goles preciosos?

¿Es en serio? Increíble, Troy. ¿Y dónde están nuestras estrellas?

¿Wyatt, Roz? Unas paradas espectaculares esta noche, Wyatt.

Absolutamente increíbles. ¿Y un gol y dos asistencias de nuestro capitán?

Es que no se puede pedir más que eso. Me encanta.

Ilya se levantó y saludó con la mano, lo que hizo reír a todo el mundo. Se dio cuenta de que, por primera vez en mucho tiempo, se encontraba de muy buen humor.

—Muy bien —dijo el entrenador, y dio una palmada—, ¡vamos a Florida, chicos!

La sala estalló en vítores.

La fiesta continuó durante todo el trayecto hasta el avión. Todo el mundo estaba animado y riendo, e Ilya lo absorbía todo como una esponja. Echaba de menos esa sensación.

Ilya estaba sentado solo, al otro lado del pasillo de Harris, que parecía estar trabajando muy concentrado con el portátil.

Hacia el final del vuelo, Troy se sentó en el asiento vacío junto a Harris.

Ilya sonrió para sus adentros y miró por la ventanilla para ocultar la melancolía que probablemente se había colado en su expresión.

Si las cosas salían bien entre Harris y Troy, Ilya no podía prometer que no sintiera un poco de celos.

Sería increíble tener a tu novio tan cerca.

El avión se inclinó de golpe: hubo una turbulencia inesperada. Todos se rieron de Bood, que estaba de pie en el pasillo y cayó al suelo. Ilya se limpió rápido la camisa, donde se había derramado la Coca-Cola de la lata que sostenía. Uf. No debería haberse puesto una camisa blanca.

Sacó el móvil y miró si ya había algún resultado del partido que Shane estaba jugando esa noche. Acababa de empezar, así que no. No había nada todavía.

No habían hablado mucho desde aquella llamada de hacía más de una semana.

Ilya lo echaba de menos, pero también pensaba que ese tiempo de distancia entre ellos les iría bien.

Hablarían (en serio) cuando se volvieran a ver, pero, por ahora, Ilya necesitaba tiempo para pensar en lo que realmente había que decir.

Lo quería, eso lo tenía claro. Quería asegurarse de que Shane nunca lo dudara.

No esperaba que su inminente conversación fuera fácil, pero dijera lo que dijese, necesitaba que Shane supiera que lo quería.

Que seguía dispuesto a hacer lo que fuera necesario para que estuvieran juntos.

Pero también necesitaba que Shane conociera todas las razones por las que Ilya había decidido acudir a terapia.

Necesitaba que el chico al que amaba conociera lo peor de sí mismo.

Un estruendo más fuerte que cualquier ruido que Ilya hubiera oído durante un vuelo sacudió el avión. Todo tembló de forma violenta durante un instante, y la lata de Coca-Cola de Ilya se cayó al suelo. No tuvo tiempo de preocuparse por eso antes de que el puto avión cayera en picado.

Ilya gritaba. Sabía que estaba gritando y que debería parar, pero todos a su alrededor también lo hacían. Se agarró a los reposabrazos de su asiento y cerró los ojos, como si cualquiera de esas cosas fuera a servir para algo.

«Nos vamos a estrellar».

«Voy a morir».

«Nunca volveré a ver a Shane».

«Íbamos a tener perros e hijos».

El avión se estabilizó con otra sacudida espantosa. De repente, los gritos cesaron y la cabina quedó envuelta en un silencio inquietante, como si todo el mundo contuviera la respiración al mismo tiempo.

El piloto hizo un anuncio. Ilya estaba demasiado aterrorizado como para entender lo que decía, pero oyó «motor» y «aterrizaje de emergencia».

Se centró en la palabra «aterrizaje». Los pilotos estaban entrenados para lidiar con eso, ¿no?

Lo sabría si Shane no se hubiera mostrado tan pesado con lo de que Ilya quisiera sacarse la licencia de piloto.

Shane.

¿Y si Ilya muriera? ¿Qué haría Shane? ¿Cómo pasaría el duelo?

Varias filas detrás de él, Ilya oyó a Nick Chouinard gritar algo sobre un incendio. No quería mirar.

Joder. Estaba ocurriendo de verdad. Iban a morir, e Ilya nunca podría tener esa gran conversación con Shane. Nunca podría contarle todo lo que había estado ocultando en su corazón.

Si Shane no estuviera jugando en ese preciso instante…, Ilya podría…, bueno, no llamarlo, pero hablar con él de algún modo. Deseó poder enviarle un mensaje, pero a lo único que tenía acceso era al wifi.

A la mierda. Ilya abrió Instagram y empezó a escribir un nuevo mensaje privado a ShaneHollanderHockey.

Shane

Escribió, y luego paró. No tenía tiempo para pensar. Escribió lo que llevaba dentro de su corazón aterrorizado:

Eres lo mejor de mi vida.

Tenía la vista borrosa, lo que le dificultaba escribir. Se secó rápido los ojos y siguió escribiendo:

Te amo. Desde siempre. Probablemente desde el primer día que te vi.

Dejó que su mente lo alejara de la pesadilla que estaba ocurriendo a su alrededor y lo llevara de vuelta al aparcamiento de una pista de hielo en Saskatchewan.

Ilya no recordaba qué había dicho Shane exactamente el día que se conocieron.

Solo recordaba las pecas que salpicaban unas mejillas sonrosadas.

Recordaba que la mano de Shane estaba tan cálida que parecía increíble cuando se la estrechó.

Recordaba que unos ojos oscuros y sinceros lo habían escrutado.

Era muy posible que Ilya le hubiera entregado el corazón en ese mismo momento. A su cerebro le llevó mucho tiempo darse cuenta, pero su corazón lo había sabido desde el primer instante.

Deseó que Shane le pudiera responder. Odiaba pensar en que Shane viera esos mensajes… más tarde.

Los guardaría para siempre. Ilya sabía que lo haría. Joder. Tenía que decir algo realmente genuino.

En lo único que pienso ahora mismo es en ti. En un millón de recuerdos. Gracias por todos ellos.

Pase lo que pase, estoy contigo. Guardado en tu corazón. Estoy convencido.

Así era. Ilya solo tenía una vaga idea del más allá y de los dioses que pudieran estar esperándolo ahí, pero creía que su alma permanecería junto a Shane, de cualquier forma en que fuera posible.

Creía que las personas a las que amabas permanecían contigo hasta que llegaba tu hora.

A menudo sentía a su madre a su lado, y sabía que él haría lo mismo por Shane.

Y quizá volvería a ver a su madre pronto.

Era un pensamiento reconfortante. Ilya se llevó la palma de la mano al pecho, notando el colgante con la cruz a través de la tela de la camisa.

Rezó, en silencio y sin un orden en concreto.

Murmuró peticiones para que quienquiera que estuviera escuchando mantuviera a Shane a salvo y le permitiera vivir una vida larga y feliz.

Que, por favor, no dejara que este avión se estrellara, porque Ilya había malgastado demasiado puto tiempo ocultando lo mucho que quería a Shane. Al mundo, a Shane y a sí mismo… Necesitaba más tiempo. Necesitaba querer a Shane como era debido.

El avión se inclinó hacia un lado, luego hacia el otro, y un instante después se oyó el glorioso golpe sordo de las ruedas al tocar tierra firme.

El rugido de sus compañeros de equipo era ensordecedor.

Seguro que porque Ilya estaba vitoreando más fuerte que nadie.

Miró por la ventanilla y vio las luces intermitentes de varios vehículos de emergencia, pero, joder, los pilotos habían conseguido aterrizar en la pista de aterrizaje de verdad, sanos y salvos.

—Gracias —dijo Ilya, contemplando el techo del avión—. No lo pienso desperdiciar.

Montreal perdió su partido en Washington, lo cual fue bastante rollo. Shane vio que el equipo de Ilya había ganado por goleada a Carolina esa tarde, y estaba convencido de que Ilya le iba a fastidiar con eso.

No miró el móvil hasta que estuvo en el autobús, de vuelta al hotel del equipo. Tenía un mensaje de texto y una llamada perdida de Ilya. El mensaje decía:

Ilya: Perdona por los mensajes de Instagram. Llámame.