Capítulo 22 #2
—Quiero que tú también vayas —dijo Ilya—. Quiero que vengas conmigo a la fiesta.
Shane se volvió para quedarse cara a cara con él en el sofá de Ilya.
—¿Quieres que vaya a una fiesta con tus compañeros de equipo? ¿Por qué?
«Para que puedan conocer a mi novio, joder», quería gritar Ilya. Pero, en lugar de eso, mantuvo un tono desenfadado y dijo:
—Son gente maja. Quizá te diviertas.
—Pero… ¿no sería raro que apareciéramos juntos?
Ilya se encogió de hombros con naturalidad, como si fuera algo normal que él sugiriera.
—Ya saben que ibas a estar en Ottawa por Navidad. Somos amigos, así que te invito a una fiesta. No es para tanto.
Shane frunció el ceño, desconcertado, y luego negó con la cabeza.
—Demasiado raro. No lo veo claro.
Esa respuesta desdeñosa, aunque esperada, irritó a Ilya.
No, «irritó» se quedaba corto: le enfureció.
Por un momento, Ilya no reaccionó. Se quedó mirando a Shane, con el rostro impasible, mientras la ira le abrasaba por dentro como la lava.
Entonces, antes de decir algo de lo que pudiera arrepentirse, se levantó y salió del salón.
Shane lo persiguió hasta la cocina.
—Puedes ir —le dijo—. Está bien.
—Genial —espetó Ilya.
—¿Qué pasa? —preguntó Shane con un tono tan sinceramente desconcertado ante la idea de por qué Ilya querría que conociera a sus amigos que eso solo sirvió para cabrear aún más a Ilya.
—¿Qué no pasa?
—¿Qué quieres decir?
Ilya se dio la vuelta para mirarlo a la cara.
—Quiero decir que tengo un novio que no quiere que nadie sepa que soy su novio.
Shane abrió mucho los ojos, sorprendido.
—Eh, lo siento… ¿Me he perdido algo? Pensaba que estábamos de acuerdo en esto.
—No estamos de acuerdo en nada.
—No entiendo una mierda.
—Lo siento —dijo Ilya siendo sarcástico—. Es mi inglés, ya sabes…
—Eso no es lo que… —Shane levantó las manos—. ¿Podrías explicarme, por favor, qué cojones está pasando? Porque, que yo sepa, no íbamos a las fiestas de los equipos del otro. Ni le contábamos a nadie lo nuestro.
—No. Yo no le cuento a nadie lo nuestro. Tú se lo cuentas a Hayden, a Jackie, a Rose, a tus padres y quién coño sabe a quién más.
—¡A nadie más! Lo sabes perfectamente.
—Son cinco personas más de a las que yo se lo he contado —dijo Ilya, omitiendo a su psicóloga, porque eso era otra historia.
—¿Y qué hay de…? —Shane hizo un gesto con la mano mientras buscaba un nombre—. ¿Ryan Price?
—Hostia, sí. Mi mejor amigo, Ryan Price. Con el cual no hablo desde el último campamento.
—Bueno… —Shane no parecía tener nada que añadir al respecto.
—No tengo a nadie —dijo Ilya—. Nadie con quien pueda hablar de nosotros.
—Eso no es cierto. Mis padres te quieren.
Ilya echó la cabeza hacia atrás y se dirigió al salón. Shane lo siguió enseguida.
—A mí tampoco me resulta fácil, ¿sabes? —dijo Shane, ahora claramente enfadado—. Los dos nos estamos escondiendo, y los dos hemos hecho sacrificios que…
Ilya se volvió de un salto.
—¿Qué sacrificios, Shane? ¿A qué has renunciado tú?
—¿En serio? ¡Si nos descubren, nuestras putas carreras se podrían acabar! Todo lo que me importa… —Shane chasqueó los dedos— se esfumaría.
—Todo —dijo Ilya con tono seco.
Shane puso los ojos en blanco.
—No todo. Pero el hockey es muy importante para mí, joder.
—No me jodas.
—Uf, vete a la mierda. Perdona por seguir queriendo ganar copas en lugar de querer fumarme un porro con mis compañeros entre partido y partido.
Las palabras sacudieron a Ilya como un golpe con el stick en los dientes.
Shane realmente no entendía nada. Desde luego, no lo que Ilya había sacrificado por él.
Ilya podría estar ahora mismo en Boston, llevando a uno de los mejores equipos de la liga a ganar más Copas Stanley.
Podría estar batiendo más récords y ganando más premios.
En cambio, había elegido ir a Ottawa, cuando podría haberse ido a casi cualquier equipo de la liga.
Había elegido un equipo que llevaba más de una década sin clasificarse para los play-offs .
Lo había elegido porque era la ciudad natal de Shane y estaba cerca de donde vivía Shane.
Lo había elegido para poder labrarse una vida en Canadá junto al hombre que quería.
¿Y qué pensaba Shane que había hecho por él? ¿Venir a Ottawa para no tener que esforzarse tanto? A Ilya le habían entrado ganas de darle un puñetazo a la pared.
—Ni siquiera me elegirías a mí, ¿verdad? —dijo Ilya—. Si tuvieras que elegir entre el hockey y yo.
—Claro que sí —dijo Shane, aunque no con tanta seguridad como a Ilya le hubiera gustado.
Ilya lo miró fijamente a la cara y vio cómo Shane se estremecía.
—¿De verdad?
Shane levantó la barbilla con aire desafiante.
—¿Me elegirías tú a mí?
Ilya dejó que la pregunta quedara en el aire, con todo el cuerpo temblando de rabia. No podía creer que Shane se atreviera siquiera a preguntar eso, después de todo lo pasado.
Finalmente, en voz baja, Ilya dijo:
—Deberías irte.
—¿Qué? Ni hablar. Y una mierda. Responde a la pregunta.
—No —dijo Ilya con firmeza—. Vete a casa, Shane. Podemos hablar… más tarde.
Shane frunció el ceño y parecía dudar si Ilya hablaba en serio, así que Ilya se lo dejó más claro.
—No quiero verte ahora mismo. No quiero hablar contigo. Vete a casa.
Como Shane no podía dejar las cosas en paz, volvió a preguntar:
—¿Me elegirías a mí?
De repente, Ilya tenía a Shane acorralado contra la pared.
Ilya no se había dado cuenta de que se había movido hasta que se encontró dominando a Shane, con una mano firme apoyada sobre su pecho.
Ilya retiró la mano rápido y la apoyó contra la pared.
Nunca haría daño a Shane, de eso estaba seguro, pero su propia rabia le estaba asustando en ese momento.
Nunca había estado tan cerca de perder los estribos.
Si Shane tenía miedo, su cara no lo delataba. Mantenía sus penetrantes ojos negros clavados en los de Ilya, negándose a dar marcha atrás en esa pelea.
Ilya no quería pelear. Estaba agotado y tristísimo, y su novio le estaba rompiendo el puto corazón.
En voz baja, con un tono que no podía disimular su dolor, dijo:
—Yo ya te he elegido a ti, Hollander.
Dio un paso atrás y vio cómo se abrían los ojos de Shane. Al cabo de un momento, los labios de Shane se entreabrieron como si tuviera algo que decir, pero Ilya no quería oírlo.
—Vete a casa —dijo Ilya—. Por favor.
Luego se dio la vuelta y subió rápido las escaleras.