Capítulo 21 #3
Shane no entendía por qué los dos estaban tan enfadados, pero terminar la llamada antes de que alguno de ambos dijera algo de lo que no pudiera retractarse era probablemente una buena idea.
—Vale. —Hizo una mueca ante lo malhumorado de su tono y luego dijo, con más suavidad—: ¿Me llamas después del entrenamiento?
—Puede que esté ocupado follándome a Troy —dijo Ilya con tono tenso.
—Ilya…
—Tengo que colgar.
Se cortó la llamada.
Shane se desplomó sobre la encimera de la cocina y empezó a pensar en todas las formas en que aquella conversación podría haber salido mejor.
Ilya no llamó a Shane después del entrenamiento. En lugar de eso, se echó una siesta, cenó y se preparó para el partido de esa noche contra los New York Admirals. Los Admirals eran el mejor equipo de la liga, así que Shane entendería por qué Ilya necesitaba concentrarse.
No es que le importara si Shane lo entendía.
Shane, desde luego, no había entendido por qué había sido tan importante para Ilya contarle a alguien (a quien fuera) que era bisexual.
Ni por qué le había sentado tan bien que su compañero de equipo le hubiera confesado su orientación sexual.
Lo bien que se sentía al hacer un nuevo amigo y haberse ganado su confianza tan rápido.
Quizá Ilya no debería habérselo contado a Shane.
Quizá debería haberse guardado todo esto para su próxima sesión con Galina.
No tenía intención de revelar la orientación sexual de Troy a su psicóloga, pero encontraría la manera de hablar del tema.
Galina entendería por qué esto era importante para él. Ella sabía lo solo que se sentía.
Dios. Ilya ni siquiera le había contado a Shane que Troy casi había adivinado que Shane y él eran pareja. Era alarmante lo rápido que Troy había empezado a atar cabos en su cabeza en cuanto Ilya le había dicho que era bisexual. Si Shane se enterara de eso, lo más probable era que se volviera loco.
Ilya se llevó su mal humor a la pista aquella noche para el partido contra los Admirals.
Al principio, su enfado parecía servirle de ayuda, empujándole a luchar con fuerza e incluso a abrir el marcador al principio de la primera parte.
Pero a medida que avanzaba el partido, y mientras Nueva York seguía marcando, la ira de Ilya le llevó a cometer faltas estúpidas y errores que le salieron caros.
Después del partido se había mostrado callado y de mal humor. No había hablado con nadie en el vestuario, y nadie le había dirigido la palabra. Lo más seguro era que no quisieran que les respondiera con brusquedad.
Aquella noche, alguien llamó de forma inesperada a la puerta de su habitación de hotel.
—Hola —dijo Troy cuando Ilya abrió la puerta—. He pensado que quizá te apetecería ver una película o algo así.
Ilya se fijó en la expresión indecisa de Troy, consciente de que los gestos de amistad quizá quedaban fuera de la zona de confort habitual de Troy. Ilya asintió y dio un paso atrás para dejarle entrar.
A los veinte minutos de empezar la película de acción sobre desastres climáticos que Ilya había puesto en la tele, Troy dijo:
—Incluso cuando jugaba en Toronto, casi nunca ganábamos a los Admirals.
Ilya se limitó a gruñir.
—Ojalá Scott Hunter no fuera un tipo tan decente —continuó Troy—. Me encantaría poder odiarlo, ¿sabes?
—Lo que te gustaría es que no estuviera tan bueno —dijo Ilya.
Troy abrió mucho los ojos, sorprendido, como si se hubiera olvidado de que ya le había contado a Ilya que era gay.
Luego soltó una risita y dijo:
—Sí. Eso también.
Fue la primera vez en horas que Ilya sonreía.
Vieron la película en silencio durante un rato y, de golpe, Ilya soltó:
—Soy un capitán de mierda.
—¿Qué? No, no lo eres.
—Cualquiera del equipo sería mejor capitán que yo.
—Sí, claro. Tú alucinas —se burló Troy—. Apuesto a que has sido capitán de todos los equipos en los que has jugado.
Bueno. Sí.
—Eso no importa. Soy un mal capitán para este equipo. Ahora.
—Ni de broma. Eres una puta leyenda. Todos los chavales te idolatraban de pequeños, y siguen haciéndolo. Yo también, tío.
Esta vez fue Ilya quien se burló:
—No soy mucho mayor que tú, Barrett.
—Solo quiero decir que, cuando jugaba en las categorías inferiores, todo el mundo quería ser como tú. Tíos como Hunter y Hollander son increíbles, pero tú parece que te lo pasas bien en la pista, ¿sabes? Eres un líder, pero también eres, tipo, guay.
Ilya arqueó las cejas.
—¿Guay?
Entonces los labios de Troy esbozaron algo que casi parecía una sonrisa.
—En comparación con Hunter y Hollander.
Ilya se rio a carcajadas, lo que hizo que Troy también acabara riéndose.
—Vaya —dijo Ilya—. ¿Eso es un cumplido?
—Obvio.
—También estoy más bueno que ellos.
Troy recorrió a Ilya con la mirada de arriba abajo, como evaluándolo, y, durante un momento incómodo, Ilya pensó que quizá había ido a su habitación para seducirlo. Entonces, Troy frunció la nariz y dijo:
—Bah. No me atrevería a decir eso.
Los dos se rieron de nuevo, e Ilya le dio un golpe con la almohada.
—Yo no soy Harris —bromeó Ilya.
A Troy se le sonrojaron las mejillas.
—Cállate.
—¿Por qué? Es mono.
—Me da vergüenza. No puedo creer que lo sepas.
Troy hundió la cara en la almohada con la que Ilya le había golpeado.
—Harris debería saberlo —dijo Ilya.
—Ni hablar. Jamás.
—Qué tontería. Está loco por ti.
—Bueno, pues entonces es tonto. —Troy se colocó la almohada en el regazo y empezó a amasarla nervioso con una mano—. ¿Crees que le gusto?
—Nunca me equivoco en estas cosas.
No mentía. Ilya siempre había sido un experto a la hora de detectar cuándo alguien se sentía atraído por él, o por cualquier otra persona. Harris estaba claramente colado por Troy.
La atracción, el sexo. Esas cosas eran fáciles. Las relaciones, los sentimientos, el amor… Ilya todavía estaba aprendiendo a lidiar con todo eso.
Troy se marchó cuando terminó la película, lo cual fue mucho más tarde de lo que ninguno de los dos debería haber estado despierto, teniendo en cuenta que al día siguiente tenían un partido en Nueva Jersey, pero, una vez más, Ilya era un mal capitán.
Una vocecita en su cabeza, que quizá se parecía un poco a la de Shane, le decía que los malos capitanes no hacían que los nuevos compañeros se sintieran cómodos para salir del armario ante ellos.
Ni para llamar a la puerta de la habitación de hotel de su capitán en mitad de la noche solo para pasar el rato.
Cuando Ilya ya estaba en la cama pero, antes de dormirse, escribió un mensaje:
Ilya: Lo siento.
Lo borró. En realidad, no se arrepentía de nada. En lugar de eso, escribió:
Ilya: Te echo de menos.
Y luego lo borró también.
Tras quedarse mirando fijamente el móvil durante varios minutos, escribió un emoticono de un corazón rojo y lo envió.
Se sorprendió cuando Shane le respondió casi al instante. Pensaba que estaría durmiendo.
Shane: Llevo más de una hora escribiendo un mensaje para pedir perdón.
Ilya sonrió y escribió:
Ilya: ¿Cuántas palabras llevas?
Shane: Demasiadas. Siento muchísimo lo que he dicho. Me alegro de que se lo hayas contado a Troy. Me alegro de que tengas un amigo en quien confiar.
Ilya se sintió aliviado al instante. Escribió:
Ilya: Gracias. Me siento mejor sabiendo que alguien lo sabe.
Shane: Me estaba comportando como un puto celoso de mierda.
Ilya: Lo sé.
Luego, porque no pudo contenerse, añadió:
Ilya: Está muy bueno. Lo entiendo.
Shane: Eres lo peor.
Ilya: Quizá él esté dispuesto a ese trío que finges no querer.
Shane: Buenas noches, Ilya.
Ilya: Sería un bonito regalo de Navidad…
Se quedó mirando los tres puntos durante lo que le pareció una eternidad mientras Shane escribía. Y, al fin, la respuesta de Shane apareció:
Shane: Para Troy, quizá.