Capítulo 20
—Te encontré.
Shane estuvo a punto de caerse de la pelota de estabilidad sobre la que se mantenía en equilibrio al escuchar la voz de Ilya.
—Dios.
Se estabilizó y consiguió mantener la postura, de pie con las rodillas un poco flexionadas sobre la gran pelota azul. Habría sido más fácil (y habría tenido más sentido) bajarse de la pelota y ya, pero le apetecía presumir un poco.
—Impresionante —dijo Ilya con tono holgazán. En los espejos que cubrían una de las paredes, Shane lo vio cruzar con paso tranquilo el suelo del espacioso gimnasio doméstico que ocupaba la mayor parte del sótano de Ilya—. ¿Cuánto tiempo llevas ahí subido? ¿Dos horas?
Se apoyó en el soporte de pesas junto a Shane, y sus miradas se cruzaron en el espejo. Al igual que Shane, Ilya solo llevaba unos pantalones cortos de deporte y los pies descalzos.
—No lo sé —respondió Shane seco—. Me has hecho perder la cuenta.
—Vaya…
—Buenos días, por cierto.
—Sí…
—Parece que has dormido bien.
Shane llevaba despierto más de una hora, pero había dejado que Ilya durmiera.
—Muy bien. Ahora estoy lleno de energía.
La mirada de Ilya recorrió a Shane de arriba abajo mientras lo decía, y Shane se tambaleó sobre la pelota.
—¿Tienes hambre? —preguntó Shane.
—Siempre.
Ilya se apartó del soporte de pesas y se plantó delante de Shane. Sus labios esbozaban esa maldita media sonrisa que siempre presagiaba problemas.
—Apártate.
—Ahora tienes la altura perfecta para besar. Incluso eres más alto que yo.
—No lo hagas.
Ilya se inclinó hacia él.
—¿Eres capaz? ¿De besarme sin caerte?
Lo más probable era que no, pero eso no significaba que Shane no fuera a intentarlo.
—A ver.
Ilya ladeó la cabeza y se acercó. Cuando quedó claro que iba a hacer que Shane se acercara a él, este resopló y acortó la distancia. Durante un segundo mágico, se besaron. Entonces Shane se cayó hacia delante porque el capullo de Ilya dio un paso atrás.
—Gracias, imbécil —refunfuñó Shane mientras se levantaba del suelo.
Ilya se rio, mientras apoyaba una mano en el espejo.
—Eso va a dejar huellas —dijo Shane, y sí, incluso él podía oír lo insufrible que sonaba.
—Ay, no… —bromeó Ilya, pero retiró la mano.
—¿Has bajado a entrenar?
Ilya se acercó al soporte de pesas y se sentó en el banco que había dentro. Abrió bien las piernas, mostrando sus musculosos muslos y el bulto que se marcaba contra la parte delantera de sus pantalones cortos. Estiró los brazos por encima de la cabeza, sonriendo con pereza a Shane.
—No.
La mirada de Shane emprendió un recorrido que comenzaba por los largos dedos que rozaban la barra que descansaba cerca de la parte superior del soporte, y que luego descendía por los bíceps y antebrazos esculpidos de Ilya.
A continuación, se fue hacia su pecho ancho y ligeramente velludo y el collar que brillaba junto a su tatuaje del oso, y al final bajó hasta sus impresionantes abdominales y el rastro de vello que desaparecía bajo la cintura de sus pantalones cortos.
Dios. Su novio estaba la hostia de bueno.
Shane se coló entre las piernas de Ilya, que formaban una amplia uve. Sus muslos se rozaron e Ilya le rodeó la cintura con sus manos firmes, acercándolo más a él.
—No entiendo tu rutina de entrenamiento —dijo Shane mientras pasaba los dedos por los rizos revueltos de Ilya.
—¿Por qué? —Ilya se inclinó hacia delante y besó la barriga de Shane. Luego lo repitió una y otra vez. Suaves caricias de sus labios contra la piel desnuda de Shane que le hacían sentir chispas que le bajaban hasta la punta de los pies.
—Porque no tienes —dijo Shane, aunque su voz sonó menos a reproche de lo que quería y mucho más temblorosa.
—Sí que tengo. Es normal, no como la tuya. —Besó el bulto del hueso pélvico de Shane donde sobresalía por encima de los pantalones cortos—. Correr y coger pesas. No… —Hizo un gesto con la mano en la dirección hacia la que había rodado la pelota—. Ponerme de puntillas sobre pelotas.
—La estabilidad y el equilibrio —replicó Shane entre jadeos cada vez más rápidos— son tan importantes como la masa muscular y la resistencia.
—Mmm…
Ilya deslizó las manos hacia la parte interna de los muslos de Shane y luego se las metió por debajo de los pantalones cortos. Sus pulgares recorrieron toda la longitud de la nueva y previsible erección de Shane, y este soltó un jadeo igual de previsible.
—Me gusta la masa muscular —ronroneó Ilya—. Y la resistencia.
—Uf —dijo Shane, pero a eso le siguió una inhalación intensa y brusca cuando Ilya curvó los dedos para acunar los testículos de Shane.
—Quizá debería incluir más pelotas en mi entrenamiento —reflexionó Ilya.
—Eres lo puto peor.
Ilya solo respondió con una sonrisa pícara, y luego le bajó los pantalones cortos y los calzoncillos a Shane hasta que quedaron amontonados alrededor de sus tobillos.
—Joder —dijo Shane.
—Sí…
Cogió la polla de Shane con la mano y se la acarició con los dedos sueltos y suaves. Eso hizo que Shane sintiera como si se le derritieran los huesos.
Ilya mantuvo la mirada alzada, clavada en la de Shane.
Sus ojos brillaban divertidos y, tal vez, con una alegría sencilla y desenfrenada, lo que hizo que Shane se diera cuenta de que hacía mucho tiempo que no veía a Ilya tan feliz.
Shane le devolvió la sonrisa, con el corazón palpitante, mientras se permitía desprenderse de todo lo que no fuera esto. De todo lo que no fuera él.
—Te quiero mucho, joder —dijo Shane. Acarició con el pulgar una de las pobladas cejas de Ilya—. He estado contando los minutos toda la semana. Estaba deseando volver a verte.
—Ya lo he visto. Por cómo has conducido hasta aquí en plena noche.
—No intentes hacerme sentir raro por eso. Te encanta que esté impaciente.
Ilya frotó suave con el pulgar la punta de la polla de Shane.
—Duermo mejor cuando estoy contigo —admitió.
A Shane le costaba concentrarse en la conversación, pero se obligó a hacerlo. Era importante.
—Ojalá pudiéramos dormir juntos todas las noches.
—Lo sé. Ahora date la vuelta.
—¿Que me dé la vuelta? ¿Por qué?
Ilya sonrió y giró un dedo en el aire. Shane seguía sin entenderlo, pero le dio la espalda a Ilya, tal y como le había indicado, y… entonces lo comprendió.
—Uf, dios —susurró, mirándose en la pared de espejos, desnudo salvo por los pantalones cortos que arrastraba a sus pies. Su polla, dura como una roca, apuntaba hacia su propio reflejo.
Ilya se colocó detrás de él y lo besó al lado del cuello.
Luego rodeó con un brazo la cintura de Shane y le agarró la erección con la mano.
Shane cerró los ojos. No podía…
—No —dijo Ilya en voz baja—. Mira. Mira lo precioso que estás así.
—No creo que pueda. Es demasiado…
Le dio otro beso suave en el cuello y luego en la sien.
—Quédate ahí. Un segundo.
Ilya se fue y Shane entreabrió un ojo. Se volvió para mirar a Ilya y evitar ver su propio reflejo. Ilya estaba de pie junto a las escaleras y, un segundo después, las luces del techo se atenuaron a la mitad.
—¿Mejor? —preguntó Ilya.
Shane volvió a echar un vistazo al espejo. La luz era menos intensa ahora que las luces estaban atenuadas.
—¿Por qué tienes una iluminación tan sensual en tu gimnasio?
—Tú también la tienes en el tuyo.
—Sí. Para el yoga y la meditación. Dos cosas que tú no practicas.
—Pero tú sí. Así que tengo luces que se atenúan. Para ti.
El corazón de Shane dio un vuelco.
—Ah…
—Y… —Ilya volvió a colocarse detrás de Shane, rodeándole el pecho con un brazo y tirando de él hacia atrás para que se apoyara contra su torso desnudo—. También va bien para esto.
Seguía siendo demasiado para Shane. Relajó la mirada para no verse a sí mismo con demasiada claridad y se concentró en la mano de Ilya sobre su polla y en su cuerpo firme a sus espaldas.
Ilya lo soltó y luego sacó algo del bolsillo de sus propios pantalones cortos. Shane volvió la cabeza para mirar.
—¿Siempre llevas sobres de lubricante a los entrenamientos? —preguntó con ironía.
Ilya se limitó a sonreír y abrió el sobre. Exprimió el lubricante en la palma de la mano y luego volvió a posarla sobre la polla de Shane.
—Es una pena que no tengas prepucio —dijo.
—¿Por qué? ¿Porque si lo tuviera no tendrías que ir por ahí con los bolsillos llenos de lubricante?
—¿Por qué te lo cortaron?
—¡Y yo qué sé! No es algo de lo que hable con mis padres.
—Quizá se lo pregunte.
—¡Más te vale que no!
Ilya se rio y besó a Shane detrás de la oreja.
—No hablamos lo suficiente de estas pecas que tienes en la nuca…
—No estoy…
A Shane se le cortó la respiración cuando Ilya aceleró el ritmo de sus caricias.
—No estoy muy familiarizado con ellas.
—Están ahí. Hay un grupito. —Los labios de Ilya rozaron el inicio del cuello de Shane, haciéndole estremecerse—. Adorable.
—Ah…
Shane cerró los ojos y se balanceó ligeramente contra la mano de Ilya. Su culo chocó con la erección de Ilya, algo en lo que quería concentrarse luego, pero, por ahora, se contentaba con dejar que Ilya hiciera lo que fuese que estuviera haciendo.
Ilya seguía susurrándole cosas al oído mientras lo acariciaba, diciéndole lo guapo y sexy que era. Algunos de sus elogios eran en ruso, y Shane sintió que se sumergía en un lugar donde no se sentía tan ridículo al estar expuesto de ese modo.
—¿Te das cuenta de cómo te ves cuando estás ahí? —preguntó Ilya—. Impresionante, Hollander…
Shane abrió los ojos y se quedó boquiabierto ante lo que vio.
Nunca se había visto así. Había visto a Ilya así (con los ojos nublados por la lujuria, la boca entreabierta, las mejillas sonrojadas), pero nunca su propia cara.
Incluso cuando se corrían juntos por FaceTime, Shane siempre cerraba la ventana en la que aparecía él.
Se preguntó si Ilya dejaría la suya abierta.
Era extraño verse a sí mismo mientras sentía placer, pero también era tremendamente excitante. Ilya también estaba mirando, con la vista fija en el espejo y los ojos ardiendo de pasión.
—Ilya —dijo Shane sin aliento.
—Ves… —dijo Ilya.
Tiró suave de la goma elástica que Shane llevaba en la nuca, y la coleta apresurada que se había hecho para entrenar se deshizo. Ilya hundió la cara en los largos mechones que rozaban la parte superior de los hombros de Shane.
Shane extendió un brazo hacia atrás y rodeó por la nuca a Ilya. Volvió la cabeza y atrapó su boca en un beso desordenado y fogoso. Ilya se lo permitió durante un segundo o dos, y luego guio la cara de Shane de vuelta hacia el espejo.
—Te vas a ver corriéndote —dijo Ilya.
—Joder —dijo Shane, pero asintió con la cabeza. Estaba demasiado perdido como para hacer otra cosa que no fuera observar y sentir cómo se acumulaba su orgasmo, caliente y palpitante en el estómago, en la columna vertebral, en las pelotas.
Ilya pellizcó uno de los pezones de Shane, y este siseó y se retorció contra él.
—Quiero… —gimió, sin saber muy bien qué era lo que estaba pidiendo.
Ilya se rio suave contra su cuello.
—Lo sé. Ya casi llegas, ¿no?
—Sí. Joder, qué gusto… —Shane echó un poco hacia atrás la cabeza, sin dejar de mirarse en el espejo—. Pero también quiero hacer que tú te sientas bien…
—Ya lo haces. Me encanta esto. —Ilya acercó los labios a la oreja de Shane—. Me encanta cuando te dejas llevar así.
A Shane también le encantaba. Le encantaba que Ilya pudiera hacerle eso. Era aterrador y maravilloso sentirse tan libre en los brazos de ese hombre.
—Ilya —jadeó Shane—. Ilya. Me voy a correr. —Apretó los ojos con fuerza mientras la presa comenzaba a romperse en su interior.
—Abre los ojos —ordenó Ilya en voz baja—. Mira.
Shane abrió los ojos de golpe en el mismo instante en que su polla empezó a correrse sobre el puño de Ilya y a chorrear sobre el suelo. Podía ver lo tensos que estaban los músculos de su pecho, cómo le temblaban los abdominales y los muslos mientras todo su cuerpo se sacudía de placer.
Cuando terminó, se dejó caer hacia atrás, apoyándose en Ilya, y soltó una risa un poco histérica.
—Hostia puta, joder.
—¿Te ha gustado?
—Sí —suspiró Shane—. Sí. Pero ha sido demasiado antes del desayuno, ¿sabes?
Ilya le mordisqueó el lóbulo de la oreja.
—Ha sido muy excitante.
Se limpió la mano en el abdomen de Shane.
—Ais. Qué asco —dijo Shane, y se zafó de sus brazos.
Se quitó los pantalones cortos y luego los utilizó para limpiar el suelo. Sabía que lo más probable era que Ilya pusiera los ojos en blanco a su espalda por lo meticuloso que era Shane con el desorden, pero le daba igual.
—Dúchate, Hollander. Yo preparo el desayuno.
—¿Y qué hay de…?
Shane se puso de pie y señaló el evidente bulto en los pantalones cortos de Ilya.
—Ya —sonrió Ilya—. Tenemos todo el día.
Shane lo besó.
—Vale.
—¿Te parecen bien unas tortitas de chocolate para desayunar? —preguntó Ilya.
—Eeeh…
—Es broma. Te prepararé tu asqueroso smoothie de proteínas.
—No es asqueroso —mintió Shane.
—Venga. A la ducha.