El partido más largo (Game Changers 6) Capítulo 19
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Capítulo 19

Mientras recorría la oscura autopista entre Montreal y Ottawa, Shane se preguntaba cuántas veces habría hecho ese trayecto a lo largo de su vida. Casi podía hacerlo con los ojos cerrados y, de hecho, corría el riesgo de hacerlo en ese mismo momento. Era pasada medianoche y estaba agotado.

Podría haber esperado hasta al día siguiente por la mañana para emprender el viaje.

Acababa de terminar un partido en Montreal, e Ilya había jugado esa noche en Winnipeg.

Todavía estaba en el avión de vuelta a Ottawa, lo que significaba que pasarían al menos un par de horas más antes de que Shane pudiera verlo.

Esperar hasta la mañana siguiente habría tenido sentido.

Pero Shane no podía esperar hasta entonces. No cuando llevaba dos semanas sin ver a Ilya. Aunque lo único que hicieran esa noche fuera quedarse dormidos abrazados, el viaje ya habría merecido la pena.

Mientras conducía, escuchó un pódcast de una clase de ruso, lo que le mantuvo la mente despierta mientras se concentraba en traducir todo lo que podía del episodio.

El pódcast no resultó tan eficaz para mantenerlo despierto como lo había sido el plug anal.

Ver a Ilya con ese ridículo disfraz de gladiador le había nublado la capacidad de pensar con raciocinio.

En un momento dado se había dicho a sí mismo que sería absurdo conducir hasta Ottawa solo para un polvo rápido, y al siguiente ya estaba saliendo de los límites de Montreal con un plug en el culo.

Ilya era una mala influencia. Pero quizá fuese lo que Shane necesitaba en su vida. Lo necesitaba tanto como había necesitado a alguien que le acariciara el pelo, que le hiciera reír, que le mostrara lo bueno que podía ser el sexo.

Tanto como había necesitado la calidez que le llenaba el corazón cada vez que veía a Ilya montando puzles con su padre.

Ilya le envió un mensaje justo cuando Shane entraba en su camino de acceso.

Ilya: Acabo de aterrizar.

Shane: Ya estoy aquí.

Ilya le respondió con un emoticono de un corazón.

Shane entró en casa y colgó el abrigo en el armario.

Metió los zapatos debajo. Había ido a casa a quitarse el traje con el que había salido del estadio antes de conducir hasta allí, y ahora llevaba la elegante camisa de seda que Rose le había comprado y unos vaqueros oscuros.

Se miró en el espejo de cuerpo entero del salón de Ilya y se arregló un poco el pelo.

Pasaría al menos otra hora antes de que Ilya cruzara la puerta.

Shane decidió ponerse cómodo en el sofá y encendió la tele, fue cambiando de canal hasta que se decidió por un partido de rugby australiano que no tenía claro si era en directo o no.

Apenas entendía de rugby, pero los hombres eran sin duda lo bastante atractivos como para mantenerlo despierto hasta que Ilya llegara a casa.

—Shane.

Oyó el nombre, pero no conseguía ver de dónde venía.

—Hollander.

Algo empujó el hombro de Shane.

Shane abrió los ojos, lo que fue su primera pista de que se había quedado dormido en el sofá. Ilya estaba de pie junto a él, con una ligera sonrisa; él todavía llevaba el traje puesto.

—Mierda —dijo Shane aturdido mientras se incorporaba—. Lo siento.

—No pasa nada.

Ilya se sentó a su lado. Llevaba el pelo revuelto y rizado, seguramente porque se había puesto un gorro con el pelo aún mojado tras ducharse en Winnipeg antes de subir al avión. Sus ojos color avellana parecían casi dorados a la tenue luz de la lámpara del salón.

—Holi —dijo Shane.

—Holi.

Shane se dejó caer en sus brazos. La habitual oleada de alivio lo inundó mientras se besaban por primera vez en dos semanas.

—Te he echado de menos —dijo Ilya, aunque no hacía falta.

—Sí…

Durante unos largos instantes, se limitaron a abrazarse. Shane hundió la nariz en el hueco del cuello de Ilya e inhaló profundo, disfrutando de su aroma familiar y del peso firme de su cuerpo entre sus brazos.

—Esta camisa es muy agradable al tacto —dijo Ilya.

—Es de seda.

—Qué elegante.

Shane se apartó un poco y examinó la cara de Ilya.

—Pareces cansado.

—Bueno… No soy yo el que se había quedado dormido en el sofá.

Shane lo miró con el ceño fruncido, como siempre hacía cuando Ilya se ponía sarcástico y él necesitaba que se tomara las cosas en serio.

—¿Has tenido un viaje duro?

Ilya bajó la vista hacia los cojines del sofá.

—Ya sabes que no ha ido bien.

Sí, Shane sabía que Ottawa había perdido los cuatro partidos del viaje, pero no era eso a lo que se refería.

—¿Estás bien?

—No he estado durmiendo demasiado —admitió Ilya.

—Pues vamos a la cama.

Shane se levantó y le tendió la mano. Ilya la cogió y subieron juntos las escaleras.

En el dormitorio, Shane encendió una de las lamparitas de noche, dejando la luz tenue. Ilya se quedó de pie al final de la cama y lo observó, y siguió mirándolo mientras Shane empezaba a desvestirlo. Ilya tenía los ojos entrecerrados, pero más por el cansancio que por el deseo, sospechó Shane.

—Esta noche has ganado —dijo Ilya mientras Shane le quitaba la chaqueta de su traje gris oscuro.

—Fue contra Buffalo —dijo Shane, casi a modo de disculpa—. No es nada de lo que presumir.

—A nosotros nos ganaron la última vez que jugamos contra ellos —señaló Ilya.

Shane no supo qué responder, así que, en silencio, le aflojó la corbata a Ilya, se la quitó y la dejó sobre el banco al pie de la cama, encima de la chaqueta.

Cuando llevaba la mitad de la camisa de Ilya desabrochada, este lo detuvo agarrándole la mano. Shane levantó la vista y vio que Ilya lo miraba fijo, como si tuviera algo importante que decir.

—¿Qué? —preguntó Shane, al ver que Ilya no decía nada.

—¿Cuánto tiempo puedes quedarte?

—Hasta el viernes por la mañana. Tenemos entrenamiento y luego volamos a Dallas.

Ilya apretó con fuerza la mano de Shane.

—¿Y cuándo será la próxima vez?

—Estaré en casa casi dos semanas después de este viaje. ¿Y tú?

—Me habré ido cuando tú vuelvas.

—Ah… —Shane se obligó a sonar alegre—. Pero pasaremos la Navidad juntos.

Todos los jugadores de la NHL tenían unos días libres en Navidad, y ellos dos los habían pasado en Ottawa los últimos años, celebrando las fiestas con los padres de Shane.

La Navidad no significaba mucho para Ilya, pero, en general, le encantaban la comida y los regalos, así que siempre parecía disfrutarla.

Ilya sonrió, pero parecía una sonrisa forzada.

—Sí. Estará bien.

Shane entendía cómo se sentía. Los días y las noches que pasaban juntos de forma esporádica durante la temporada de hockey nunca eran suficiente. Le puso la mano que no tenía agarrada con fuerza en la mejilla a Ilya.

—Oye —dijo en voz baja—. Ahora estoy aquí.

La sonrisa forzada de Ilya se transformó en algo más sincero.

—Sí —asintió, y se inclinó para besarlo.

Shane no podía imaginar a nadie en el mundo que besara mejor que Ilya. Dominante y tierno al mismo tiempo, rozando lo obsceno, pero aun así logrando que Shane se sintiera adorado y especial. Shane siempre intentaba seguirle el ritmo.

Ilya soltó la mano de Shane y llevó la suya a la nuca de este, enredando los dedos en su pelo y tirando suave.

—Me encanta tu melena —dijo con una voz grave y ronca que hizo que a Shane se le curvaran los dedos de los pies.

Shane murmuró feliz en respuesta, después deslizó su mano recién liberada por la columna vertebral de Ilya, sobre el tejido liso de camisa de vestir, y luego curvó la palma alrededor de la nuca de Ilya.

La polla de Shane, que hasta entonces había estado bastante tranquila, se puso dura esperanzada contra el muslo de Ilya.

Shane intentó inclinar las caderas hacia atrás para que no resultara obvio (Ilya necesitaba más dormir que follar), pero Ilya se rio entre dientes contra su boca y movió el muslo hacia delante para rozar su erección.

—Te alegras de verme —murmuró Ilya contra los labios de Shane.

—Siempre. Pero puedes ignorar… eso.

—¿Esto? —preguntó Ilya, y bajó una mano para apretar la polla de Shane a través de los vaqueros.

Shane cerró los ojos y gruñó con suavidad.

—Sí. Necesitas dormir. Los dos lo necesitamos.

—El sexo me ayuda a dormir —replicó Ilya.

Shane se rio y le apartó la mano de un manotazo, y luego siguió desabrochando la camisa de Ilya. Fue quitándole la ropa hasta que Ilya se quedó en calzoncillos bóxer y calcetines.

—Te dejaré que te quites los calcetines —dijo Shane.

—¿Y me ayudarás con los calzoncillos? —preguntó Ilya con una sonrisa torcida y sexy.

—Quizá.

Shane se desnudó e Ilya se metió en la cama. Shane fue al baño a lavarse los dientes y, cuando volvió, vio que Ilya ya estaba dormido.

Shane sonrió y se metió en la cama a su lado, pasando un brazo por el pecho de Ilya y acurrucándose contra él.

—Buenas noches, máquina de follar —dijo Shane en voz baja.

Ilya no respondió. Solo volvió la cabeza para hundir la nariz en el pelo de Shane y respiró.