Capítulo 17
A mediados de noviembre, sin previo aviso, Ilya recibió a un nuevo compañero de equipo que no deseaba. Troy Barrett era sin duda un delantero con talento y una posible mejora respecto al actual compañero de línea de Ilya, Tanner Dillon, pero siempre le había parecido un auténtico imbécil.
—Qué mierda —se quejó Ilya por teléfono a Shane—. Mi equipo era perfecto. Ahora tenemos al gilipollas este.
—Tu equipo es horrible —le recordó Shane.
—Sí, pero bueno… El ambiente está bien. Barrett me da mala espina.
—Lo sé. Lo siento.
—¡Hoy Harris iba a traer el nuevo cachorro del equipo al entrenamiento! Y ahora Barrett también estará por ahí. Así lo jode todo.
—Sigo sin poder creer que se enfrentara a Kent —dijo Shane—. Quizá no sea tan malo…
La razón por la que Toronto había traspasado rápido a Barrett a Ottawa a cambio de unas cuantas elecciones en el draft (mucho menos de lo que valía ese jugador All-Star) era que Troy se había peleado con su compañero de equipo, aún peor que él, Dallas Kent.
Kent, un matón homófobo y una de las personas más repulsivas que Ilya había conocido jamás, había sido acusado hacía poco de violación y agresión por varias mujeres anónimas por internet.
Al parecer, eso había sido la gota que colmó el vaso para su antiguo mejor amigo, Troy Barrett.
—Sí, bueno. ¿Cómo es eso que se dice sobre los tontos con suerte? Wyatt lo suele decir.
—Que todos los tontos tienen suerte…
—Sí. Ha tenido suerte en hacer una cosa bien. Aunque lo más probable es que en general siga siendo malo.
—Quizá sea un buen compañero de línea. Llevo escuchando quejarte de Tanner Dillon desde que juegas en Ottawa.
—Aun así, sigo sin quererlo.
—Lo sé. Solo intento animarte. —Shane suspiró profundo—. Tengo que irme. Tengo reunión de equipo.
—Vale. ¿Qué tal Buffalo?
—Increíble —dijo Shane con tono serio.
Ilya se rio.
—Buena suerte esta noche.
—Buena suerte con Troy Barrett. Estoy deseando que me cuentes todo sobre él.
—Cotilla…
—Te quiero. Te llamo después del partido, ¿vale?
—Sí, te estaré esperando. Y yo a ti también.
Colgaron e Ilya le envió de inmediato un mensaje rápido a Harris.
Ilya: Hoy traerás el cachorro, ¿sí?
Harris: ¡Sip!
Ilya exhaló despacio. Al menos ese día no iba a ser una auténtica mierda.
—¿Y cómo te ha ido con él? —preguntó Shane. Estaba tumbado en la cama del hotel, completamente abatido tras el partido.
—Es tan mono, Shane… ¡Tienes que verlo!
—¿Qué?
Troy Barrett era un tipo atractivo, claro, pero esa reacción de Ilya lo pilló por sorpresa.
—¡Me ha lamido la cara con su lengüita!
—Eeeh…
—Tiene las orejitas caídas y es tan suave… Me hubiera gustado llevarlo en brazos durante todo el entrenamiento.
Aaah.
—Me refería a Troy, tonto. No al cachorro.
Ilya resopló.
—¿A quién le importa ese? El cachorro era precioso. Se llama Quirón. Es negro y pequeño y…
—Vale. Los cachorros son monos. Estoy de acuerdo. Pero ¿cómo ha ido con él?
—Bien. Ha estado callado. Da igual…
Shane sonrió mirando al techo.
—¿Tienes alguna foto del perro?
—Claro. ¿No has visto mi Instagram?
—No.
A Shane no le interesaban especialmente las redes sociales, aunque sabía que Ilya publicaba cosas al azar muy seguido. Shane se limitaba sobre todo a compartir los posts oficiales del equipo e información sobre la Fundación Irina.
—Hay fotos, vídeos… Un montón de cosas. Quirón es genial.
—Me alegro de que hayas hecho un nuevo amigo.
Ilya suspiró.
—Ojalá pudiera tener un perro.
Sí, Shane no estaba seguro de cómo iría la cosa.
—Algún día —sugirió.
—Todo siempre es «algún día». Estoy harto de esperar ese «algún día».
—Lo sé. Pero aún somos jóvenes. Tenemos mucho por delante.
—¿Ah, sí? Pues hay veces que siento que tengo como mil años…
—Me imagino que Luca Haas no ayuda mucho. ¿Cómo es?
—Un chico majo —dijo Ilya—. Puede que esté pillado de mí. Ya te lo diré.
Shane se negó a reconocer celos.
—Es un buen jugador. Inteligente, ¿me explico?
—Muy inteligente. Pero muy joven. Demasiado joven.
—Nosotros éramos más jóvenes que él cuando empezamos —señaló Shane. Ambos tenían diecinueve años en su temporada de rookies .
—Yo nunca fui tan joven como Haas. Él tiene, tipo, como unos siete años.
Shane soltó una risita, que se convirtió en un bostezo.
—Estás cansado —dijo Ilya—. Ese partido parecía duro.
—Ay, lo has visto, ¿verdad?
—Claro que no.
Shane sonrió.
—Háblame en ruso —dijo—. Solo quiero escucharte un rato…
—Te vas a quedar dormido.
—Seguramente.
Shane dejó el móvil sobre la almohada y se puso de lado para tenerlo de cara. No era una videollamada, así que cerró los ojos y dejó que su novio lo arrullara hasta dormirse con palabras que, en su mayoría, Shane no entendía, pero que, aun así, hacían que el corazón le latiera con fuerza.